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Estamos a tiempo

Quienes no actúan hasta tener el problema encima son los que cuando llega dicen que hay que resignarse

Comentando unas imágenes espeluznantes de la policía francesa siendo expulsada de ciertos barrios, Santiago Abascal, arrimando legítimamente el ascua a su sardina, comentó que estábamos a tiempo de evitar que cosas así ocurran aquí. "Estamos a tiempo" sería un gran lema para cualquier partido, un electrificante hilo conductor para un discurso vibrante y una pauta esperanzadora de política general. Ahora que Vox ha escogido otro lema, ese hallazgo se me ha quedado libre para un artículo.

La función de la política es detectar qué tiene que remediarse. El "prevenir antes que curar", pero con visión de Estado. En el caso del orden público y las zonas no-go se ve claro. El hecho de que aquí no existan todavía no es una razón para confiarse, sino un estímulo para evitar que la situación se deteriore. El refrán de las barbas del vecino viene al pelo. Hay que distinguir con cuidado los falsos alarmismos de la prudencial previsión. Quienes no quieren actuar hasta que el problema está encima son los mismos que cuando llega dicen que hay que resignarse por realismo.

En España estamos a tiempo de ordenar la inmigración, que todavía no se ha desbordado como en otros países europeos. Estamos a tiempo de mantener nuestros estupendos niveles de seguridad ciudadana. Estamos a tiempo de conservar nuestros bosques y el mundo rural. Estamos a tiempo de defender nuestra soberanía en Europa para no tener que dar portazos ni estropear un proyecto que merece un encauzamiento. Estamos a tiempo de que la ideología de género no genere un problema de convivencia entre quienes quieren educar a sus hijos según unos principios y quienes quieren educar a los hijos de los demás según otras finalidades. Estamos a tiempo de revertir el derrumbe de nuestra pirámide poblacional. Estamos a tiempo de encauzar la deuda pública y sortear la próxima crisis económica. Estamos a tiempo de restañar las heridas de los separatismos. Estamos a tiempo de fortalecer el Estado de Derecho. Estamos a tiempo de replantear las autonomías. Estamos a tiempo de soltar lastre administrativo y fiscal.

Pánfilo es quien piensa que todo está bien. Pesimista quien cree inexorable el desastre. Utópico o demagogo es quien propone imposibles. Los políticos responsables, sean del partido que sean, son los que detectan los problemas reales y actúan en consecuencia. No estamos nada bien, pero no estamos tan mal: estamos a tiempo.

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