EUROPA SUR En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

De la calidad del sistema

La democracia nunca es plena, la plenitud democrática es una utopía: el límite de una tendencia

La democracia nunca es plena, la plenitud democrática es una utopía: el límite de una tendencia. Si los sujetos que viven en democracia fueran autómatas, la plenitud sería consecuencia de una convivencia automatizada, en la que no sería posible la tergiversación de los valores esenciales establecidos por la axiomática del sistema; se viviría bajo el imperio de la norma, sin las arbitrariedades propias de la desigual interpretación de los hechos, y la autoridad sería consustancial con los automatismos derivados de la aplicación de la norma. Pero los sujetos no son autómatas sino seres humanos. Hay entre ellos caracteres, actitudes y sensibilidades para todos los gustos y para todos los disgustos, y la subjetividad no debe ser descartada porque el arte no puede existir en una sociedad perfectamente objetiva.

Asumiendo que lo de plena es un decir, sí que podemos hablar de calidad. Un síntoma de falta de calidad en una democracia, es la descalificación de los otros, su marginación. En una democracia, el entramado básico de todas las leyes; es decir, la Constitución; debe ser el referente ineludible e inviolable. Nada de añadidos, ni siquiera el de "por imperativo legal", que es un obviedad, debería ser permitido al declarar guardarle respeto. Si no se acata por completo y sin paliativos, el sujeto debe ser relegado. En cambio, el reconocimiento de un Partido como parte inseparable del sistema, debe suponer su validez a todos los efectos, también al de interlocución, también al de intervención en el ejercicio efectivo del poder. El "no es no", por ejemplo, tan aireado en los últimos tiempos, es una expresión impropia de un demócrata cuando se refiere a la validez de la interlocución con quien o quienes han sido validados por la norma.

Todo es lícito si está en la norma y toda norma es cambiable desde su acatamiento previo, por ello no debiera permitirse la coexistencia política con las instituciones que transgreden la norma y suponen, precisamente por ello, un serio peligro para el sistema que la norma sustenta. En España, si se permite que exista un Partido determinado se está permitiendo la validez de su interlocución y de su participación en el gobierno de las instituciones políticas. Una democracia de calidad no debe permitir la contradicción de negar el pan y la sal a quien se admite en la mesa. Muchas carencias son resultados obtenidos de la práctica de esa contradicción.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios