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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Pablo ya es todo lo que odiaba

Pablo Iglesias se dispone a cerrar el círculo de su poder construyendo un Podemos piramidal y leninista: suyo

Quizás el lamentable escrache que le montó un grupúsculo de ideología ultraizquierdista y comportamiento fascista le haya servido a Pablo Iglesias para comprender que una de las cosas más antidemocráticas de la vida es tratar de impedir que alguien se exprese libremente en público. Que nadie tiene derecho a reventar la palabra de otro, se llame Rosa Díez o Pablo Iglesias, y que nunca él debió dirigir un escrache contra ella cuando aún era un modesto profesor indignado con la casta.

Ha sido una semana negativa para Pablo. El incidente del acosador acosado tiene escasa relevancia en comparación con la proliferación de las desavenencias y tensiones en el Gobierno de coalición, que han obligado a Pedro Sánchez a convocar la comisión de seguimiento del pacto: derecho de asilo, devoluciones en caliente, caso Couso, coronavirus, Corinavirus (presunta corrupción del Rey emérito), protestas del campo y anteproyecto de ley de libertad sexual, que es la divergencia más importante y áspera porque está en juego la apropiación del feminismo por parte de los dos socios.

No creo que la sangre llegue al río, dado lo muchísimo que arriesgan PSOE y Unidas Podemos con una ruptura, pero la coyuntura es pésima para Iglesias. La desestabilización se produce inmediatamente antes de que el vicepresidente del Gobierno que ya no quita el sueño al presidente -¿o sí?- cierre con éxito el circulo de su sueño de poder y culminar su particular asalto a los cielos. En vísperas de la III Asamblea Ciudadana Estatal podemita.

La asamblea de los topes. De los topes que se va a saltar Pablo Iglesias: los topes salariales que hasta ahora constreñían los ingresos de él y de su mujer, la limitación de los mandatos que les impedía permanecer en cargos públicos más de doce años, la incompatibilidad de ser ministros y diputados... y la eliminación de frenos y contrapesos a su poder interno, con la distinción entre militantes e inscritos, la liquidación de los órganos intermedios de UP y la marginación práctica de toda disidencia (de los cinco que figuran en la foto fundacional de Podemos sólo queda él). El tránsfuga de Vallecas a Galapagar terminará ahora de construirse un partido piramidal y jerarquizado. Leninista, vamos.

Quizás admita, sí, la perversión de cualquier escrache, pero le costará más tiempo reconocerse en el verso de José Emilio Pacheco: "Ya somos todo aquello contra lo que luchamos a los 20 años". O casi todo.

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