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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Casado resucita a Aznar

Las elecciones en España se ganan desde el centro, la política de trincheras a quien conviene es a Pedro Sánchez

La defenestración de Alfonso Alonso como candidato a lehendakari, aunque haya tomado la forma de una dimisión, es un hito más en el proceso de aznarización de Pablo Casado al frente del Partido Popular. Casado cree que así vuelve a las esencias, medio abandonadas por el pragmático y relativista Rajoy, y que de este modo el partido estará pronto en condiciones de ganar unas elecciones. Se equivoca por completo.

Lo que demuestra este giro y resurrección del pasado es la intensidad del trauma que le causó al aún joven presidente del PP la irrupción triunfal de Vox en la política nacional. Su lectura de un hecho tan complejo ha sido así de simple: para frenar el auge de la ultraderecha hay que moverse en dirección hacia ella, adoptar parte de sus planteamientos y practicar un conservadurismo duro e inflexible (por cierto, lo que más le interesa a Pedro Sánchez para imponer una política de bandos y trincheras en la que la izquierda supere a la derecha con alianzas tóxicas, "cueste lo que cueste").

Este reposicionamiento del PP lo explica todo: la designación como portavoz de Cayetana Álvarez de Toledo, mujer muy capaz pero inadecuada para hacer amigos y sumar fuerzas; la vuelta a un cargo importante del ex portavoz de Aznar, Miguel Ángel Rodríguez, del que se puede decir lo mismo que de Cayetana, y otros ex aznaristas; la caída en desgracia del citado Alonso y su sustitución, a menos de dos semanas de haber sido ratificado, por Carlos Iturgaiz, otro hombre del pasado, que lo primero que ha dicho es que la colaboración -del PP- con Vox- es muy buena y puede ir a más.

Todo esto es un error. Primero, porque, como digo, la confrontación abierta derecha-izquierda es el terreno de juego que más interesa al PSOE y en el que se mueve con más desparpajo. Segundo, porque el peligro de sorpasso por Vox ya pasó... salvo que el PP se acerque tanto a sus postulados, y sus mentiras, que los votantes acaben prefiriendo el original a la copia. Tercero, y fundamental, porque las elecciones, en un país desarrollado, moderado y reformista, se ganan desde el centro. Desde la mayoría social que persigue el cambio tranquilo, el progreso sosegado y la evolución sin rupturas, y también sin retrocesos.

Lo que pretende Casado es un imposible. Absorber a Ciudadanos ofreciéndoles coaliciones y escaños y, a la vez, pactar con Vox asumiendo sus ideas no cuadra. Lo que ganas por un flanco puedes perderlo por otro. No se puede tener todo en esta vida.

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