Cultura

El último verano de Esther Tusquets

  • La gran señora de la edición española, directora de Lumen durante cuatro décadas, fallece a los 75 años en Barcelona de una pulmonía · Con 'El mismo mar de todos los veranos' inició en 1987 una fértil carrera literaria

Aunque Carmen Balcells la había denominado como "la gran señora de la edición" en España, Esther Tusquets, fallecida ayer a los 75 años, llegó por casualidad a ese mundo, después de que su padre, Magín, adquiriera a su tío Carlos la pequeña editorial Lumen, en la que ella estuvo cuatro décadas. Nacida en Barcelona en 1936 en el seno de una familia burguesa, Tusquets, una niña "rarita y un poco ensimismada", según la describía ayer su amigo Jorge Herralde, sólo quería leer, escribir o ser actriz.

Sin embargo, al acabar sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona se incorporó, en 1960, a la editorial Lumen, donde ejerció el cargo de directora y se puso al frente de emblemáticas colecciones. Entre ellas, las de Palabra e imagen, con autores como Camilo José Cela y Miguel Delibes y fotógrafos como Joan Colom o Ramon Masats, y Palabra en el Tiempo, dirigida por Antoni Vilanova, con autores como Céline, Joyce o Virginia Woolf. Ella conviertió en bestsellers en España al Umberto Eco de Apocalípticos e integrados y El nombre de la rosa, así como los libros de Mafalda de Quino.

A principios del siglo XXI, tal como expresó en Confesiones de una vieja dama indigna, dejó de forma "abrupta" la editorial, aunque dijo que este hecho "no le hizo daño". "No sé por qué no me afectó, aunque quedé tocada por los conflictos internos y porque la relación de más de veinte años con algunas personas quedó rota", apuntó.

Mujer que se reconocía "un poco desvergonzada y sin mucho sentido del pudor", sorprendió a sus amigos cuando en 1978, ya en la cuarentena, los invitó a una cena y les dio a conocer su primera novela, El mismo mar de todos los veranos, con la que obtuvo éxito entre crítica y público, aunque ella mantenía que tenía un estilo "latoso y complicado". Iniciaba así una trilogía que completó con El amor es un juego solitario y Varada tras el último naufragio, y ya no dejó de compaginar la edición con la escritura.

Los conflictos entre madres e hijas han sido uno de los ejes de su narrativa -tampoco los ha escondido en sus volúmenes de memorias- al entender que es la relación "más compleja, difícil e importante de las que existen entre humanos". En los últimos años se adentró en el género memorístico sin obviar sus historias íntimas con hombres y mujeres, o su afición por el juego, una forma para ella de "crear emociones artificiales".

Junto con su hermano, el arquitecto Óscar Tusquets, presentó el pasado febrero Tiempos que fueron, un relato a dos voces en el que descubrieron todas las facetas de su vida privada, familiar y profesional sin tapujos. Madre de dos hijos, ayer Jorge Herralde recordaba una fiesta en casa de su hija Milena para celebrar la publicación del libro.

Afectada de la enfermedad de Parkinson en los últimos años, Esther Tusquets enfatizó en 2009 que no le gustaba nada la vejez y advirtió que cuando muriera no iban a encontrar nada de ella, "ni un papel, ni una carta, ni una agenda. Todo lo he ido destruyendo", concluía. Hasta el último momento permaneció a su lado la escritora Ana María Moix, quien apenas podía expresar que perdía a "una gran amiga de toda la vida".

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