Oba, la Jimena romana (siglos I a.c. a III d.c.)
Ciudades antiguas, monumentos y fortificaciones del Campo de Gibraltar
De origen íbero y púnico, Oba emitió monedas con doble grafía, reflejando su relevancia en el sur de la península
Baelo Claudia, de asentamiento ibero-púnico a próspero municipio romano
Asentamientos romanos situados entre Carteia y Oba
Dos eran las calzadas documentadas por las fuentes escritas y gráficas (el Itinerario Antonino, el Anónimo de Rávena, la Geographia de Guido y la Tabula de Peutinger) y la arqueología que cruzaban las tierras del Estrecho. Una que discurría por la costa mediterránea y atlántica, denominada Vía Heraklea o Vía Augusta, que pasaba por Carteia, Iulia Traducta, Mellaria y Baelo Claudia con destino a la ciudad de Gades; y otra que se iniciaba en Carteia y, por el valle del río Guadarranque, comunicaba la bahía de Algeciras con Ronda y, después, con Córdoba.
Esta segunda calzada, como todas las que los romanos construyeron en gran parte de su Imperio, estaba flanqueada de ciudades, castillos, torres de vigilancia, villas y algunas mansio donde se hallaban situadas las postas para el cambio de caballería y los lugares de descanso al final de cada jornada de marcha. En el Campo de Gibraltar, hasta ahora se han documentado, en torno a la calzada que iba desde Carteia a Ronda, los siguientes hitos o yacimientos de época romana que, sin duda, estuvieron vinculados de alguna manera, a esa importante vía que comunicaba la región del Estrecho con la ciudad de Arunda y, luego, con Vesci (Teba), Iptuci (Baena), Montilla, Ulia (Montemayor) y Corduba.
En una excavación realizada en el año 1979 en el subsuelo de la fortaleza medieval de Castellar, el arqueólogo Manuel Sotomayor recuperó cerámica ibérica de los siglos IV-III antes de Cristo, una tégula romana y una moneda de bronce de la dinastía Flavia. Concluyó que en la cima del cerro existió, en época romana, una torre (¿Castul-Castellar en lengua ibérica?) que sería un estratégico puesto de observación sobre la cercana calzada hasta las postrimerías del Imperio dependiente, probablemente, de las autoridades de Oba o de Carteia.
En ese mismo año Manuel Sotomayor visitó la villa romana, situada en la dehesa de Cotilla, a cinco kilómetros al sur del nuevo pueblo de Castellar, sobre una colina próxima al río Guadarranque. En ella pudo identificar tres silos, restos de muros de viviendas, abundante cerámica y recoger varias monedas bajoimperiales. No se puede dejar de mencionar, entre los yacimientos romanos vinculados a la calzada Carteia-Ronda-Córdoba, la villa de Marchenilla, con su notable mosaico (desde el año 1960 en el Museo de Cádiz), situada cerca de la Estación del Ferrocarril de Jimena de la Frontera. Esta villa rústica de época romana y el resto de los yacimientos, situados entre Carteia y Oba, hay que ponerlos en relación con la que fue, hace veinte siglos, una de las calzadas más transitadas de la Bética.
El origen de la ciudad de Oba y su desarrollo bajo el dominio de Roma
Sin embargo, la ciudad romana más relevante de la zona, junto con Carteia, fue Oba, olvidada hasta hace algunas décadas, ubicada bajo los potentes restos de la Jimena medieval. Esta importante urbs, cuyo nombre ibérico se conservó tras la conquista romana, siendo denominada Res publica Obensis, recibió el estatuto de municipium durante el gobierno de Vespasiano, entre los años 69-79 d.C., lo que le permitía disfrutar de una serie de beneficios políticos, jurídicos y administrativos que no tenían las colonias de nueva fundación.
El origen de Oba es ibérico y, probablemente, púnico, como lo atestigua el nombre de la ciudad, que los romanos respetaron. En las monedas exhumadas, acuñadas en la ceca de Oba, aparece el nombre ibérico de la ciudad con grafía latina Oba y, debajo, en la grafía ibero-púnica (véase la ilustración adjunta). La ciudad de Oba emitió monedas durante el siglo I d.C. con la doble grafía lantina e ibérico-púnica, como se ha dicho. Las monedas acuñadas en Oba muestran en el anverso cabezas masculinas, aunque algunas pueden ser femeninas representando a la diosa Tanit. En el reverso aparece un caballo galopando.
Las dos lápidas con inscripciones de carácter funerario y conmemorativo halladas embutidas en los paramentos laterales del arco de entrada a la villa fortificada medieval, reaprovechadas como elementos constructivos por los musulmanes, han sido estudiadas por la doctora María Nieves Sánchez de la Torre. En una de ellas (nº 1) dice: "Lucio Herennio Herenniano / Lucius Cornelius Herennius Rusticus / nepos ex testa/mento posuit / Nonis Martiis /Sexto Quintilio Con/diano Sexto Quintilio / Maximo consulibus", cuya traducción es la siguiente: “En honor a Lucio Herennio Herenniano, su nieto Lucio Cornelio Herennio Rustico, conforme a su estamento, erigió este monumento, en las nonas de marzo, siendo cónsules Sexto Quintilio Condiano y Sexto Quintilio Máximo”. (Según los cónsules citados, cuya magistratura es conocida, se erigió el 7 de marzo del año 151 d.C.). La otra inscripción, muy deteriorada, que se halla situada en el lado izquierdo del arco (Nº 2), dice: "Mar….Her…/ Or…sepultcrii… Ljucius Cor/nelius Herenni/us Rusticus ex tes/tamento Luci Heren/ni Herenniani avi / sui posuit", cuya traducción es la siguiente: “…de la sepultura…Lucio Herennio Rustico, conforme al testamento de su abuelo, Lucio Herennio Herenniano, ha erigido este monumento”.
Este Lucio Herennio debió ser un magistrado romano de la ciudad de Oba en la que vivió, en el siglo II d.C., con sus descendientes, entre ellos su nieto Lucio Herennio Rustico, que fue el que mandó erigir las dos lápidas funeraria y conmemorativa tras su muerte. Sería una familia establecida en la ciudad, probablemente desde principios del siglo I d.C., enriquecida con la explotación de minerales, la producción agrícola y el comercio.
El templo romano de Oba
Hasta entrado el siglo XXI los hallazgos arqueológicos relacionados con la ciudad romana de Oba, ubicada en la cumbre del Cerro de San Cristóbal, lugar en el que en la Edad Media se estableció la villa fortificada de Jimena de la Frontera (Xemina en las fuentes árabes) habían sido escasos, probablemente porque sus restos, arrasados, fueron aprovechados en la construcción de las murallas y el alcázar medieval desde el siglo X al XIV. También por no haberse emprendido ningún proyecto de excavación ni de estudio de los restos materiales emergentes ni soterrados, hasta que, entre el año 2002 y el 2007, un equipo de arqueólogos y arquitectos, dirigido por Miguel Ángel Tabales Rodríguez, acometió varias campañas arqueológicas de apoyo a la restauración con la finalidad de exhumar, estudiar y publicar los restos conservados de la ciudad de Oba. Los relevantes resultados de estas campañas fueron publicados por Miguel Ángel Tabales, Raquel Utrera Burgal y Juan Miguel Pajuelo Sáez en el año 2020, en el nº 29-2 de la revista SPAL, páginas 109 a 127.
Los trabajos se centraron, sobre todo, en la identificación y el estudio de los restos conservados de la muralla de época romana, parcialmente aprovechados en el medievo por musulmanes y, luego, castellanos; el basamento abovedado que sirvió de base para la edificación del templo romano y la localización de una de las dos puertas de acceso que tuvo la ciudad abierta en la ladera oeste, mirando hacia el río Hozgarganta. La otra estuvo ubicada mirando al este, cerca de donde se halla hoy el acceso a la villa-fortificada medieval y orientada hacia la vega del río Guadiaro.
Según refieren los arqueólogos, en las zonas en las que se ha podido intervenir para poder acceder a las etapas más antiguas de la ocupación del yacimiento, se han documentado estructuras relacionadas con sistemas de aprovisionamiento, como varias cisternas o un silo, destacando una edificación monumental en la zona oriental, situada en paralelo a la plataforma que sirvió de base al templo de la ciudad, lo que indica la existencia de otros edificios públicos. De época bajoimperial se conserva, cerca a la muralla oriental romana, parte de una calzada formada por losas de piedra caliza.
Aunque lo más destacado del estudio y la publicación del profesor Tabales y sus compañeros arqueólogos son las bóvedas localizadas en el escarpe occidental, asentadas sobre la roca natural de la ladera, interpretadas como la base de un templo tetrástilo próstilo, arrasado, pero que sería muy similar a los tres templos dedicados a la tríada capitolina erigidos en la cercana ciudad de Baelo Claudia. Esta plataforma abovedada se planteó -según los arqueólogos autores del estudio- como un cubo de gran tamaño, que sobresalía de la alineación de la muralla romana en el frente occidental, cuya ubicación debía estar relacionada con la cercanía a una de las puertas de la ciudad de Oba que se abría en esa ladera. La plataforma que sostuvo el templo, de forma rectangular, está constituida por nueve bóvedas altas y estrechas acabadas en arcos de medio punto (algunas de casi diez metros de altura) cuyos lienzos, realizados con mampostería de buena calidad, se apoyan en la roca natural siguiendo la pendiente natural del terreno.
En la zona superior de la plataforma los arqueólogos, en el transcurso de la excavación, descubrieron parte de una estructura de desagüe y unas molduras cóncavas con perfil de cuarto de círculo, que debieron constituir el inicio de la edificación del podium que formaría parte del templo. Esta edificación ocuparía el espacio de las tres galerías centrales de la plataforma con las bóvedas, constituyendo los muros sobre los que se apoyaría la planta del templo, con el pórtico y la cella, cuya entrada se situaría mirando a levante.
En resumen, gracias a los relevantes y novedosos trabajos de excavación y las interpretaciones de Miguel Ángel Tabales y de sus compañeros tenemos, por fin, la evidencia de que la ciudad de Oba contó con un templo, probablemente dedicado al culto del Emperador, que se erigió junto a la puerta principal de la ciudad entre los siglos I a.C. y I d.C.
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