Baelo Claudia, de asentamiento ibero-púnico a próspero municipio romano
Ciudades antiguas, monumentos y fortificaciones del Campo de Gibraltar
El urbanismo monumental del originario poblado ibérico refleja su integración plena en el modelo romano mediante foro, templos, teatro, termas, factorías y complejas infraestructuras hidráulicas
Preparación de las salazones en las factorías de Carteia, Traducta y Baelo y su comercialización
Donde hoy se hallan las ruinas de la importante ciudad romana de Baelo Claudia, en la ensenada de Bolonia (Tarifa), existió antes un poblado costero -Bailo-, de origen ibérico que, como en otros asentamientos indígenas del área del Estrecho, fue ocupado o tuvo relaciones comerciales con los fenicio-púnicos desde, al menos, el siglo IV a.C. En opinión del profesor Pierre Sillières, la población de Bailo se incrementó, en los primeros tiempos de la conquista romana (principios del siglo III a.C.), con gente procedente del cercano oppidum de la “Silla del Papa”, situado en la cima de la Sierra de la Plata, a unos cinco kilómetros al norte de la ensenada de Bolonia. Ese yacimiento ibérico fue documentado por el arqueólogo alemán Adolfo Schulten en el año 1937. Actuales trabajos de investigación le dan una cronología del siglo VII a.C.
En sus orígenes, Baelo no era más que una pequeña ciudad estipendiaria, sometida al tributo por Roma, aunque pronto, debido a su excelente posición geográfica (puerto de conexión con la Mauritania Tingitana) y su carácter de pujante enclave pesquero y de preparación y comercialización de salazón de pescado, alcanzó la categoría de ciudad de derecho latino (probablemente durante el reinado del emperador Augusto) y, luego, la de municipio de ciudadanos romanos en tiempos del emperador Claudio, cuyo nombre ostentó desde entonces.
Claudio ordenó embarcar sus tropas en Baelo, en el año 42 d.C., cuando procedió a anexionar al Imperio la región occidental de Mauritania. Como refiere el propio Sillières: “Ciudad de derecho latino primero y municipio romano, después, Baelo se dotó de un urbanismo totalmente nuevo que le dio el aspecto de una pequeña Roma”. La trama urbana actualmente recuperada y los numerosos edificios y monumentos conservados, así como su planimetría regular con calles ortogonales, su foro donde localizaban los edificios religiosos y políticos y sus espacios culturales y sociales, como el teatro, las termas y el mercado evidencian que Baelo se merecía el título de “pequeña Roma”, como refiere el profesor Sillières Todo ello constituyó el marco vital indispensable de los nuevos ciudadanos romanos de Baelo.
En el año 18 después de Cristo el geógrafo e historiador griego Estrabón dice de Baelo: “A continuación viene Mellaria, con industria de salazón y, tras ella, la ciudad y el río de Baelo, en la que es habitual que se embarque aquí para pasar a Tingis, en la Mauritania. Tiene, también, mercado de salazones”. Es mencionada, igualmente, en el “Itinerario Antonino”, que data de los siglos III y IV d.C.; en el Anónimo de Rávena, del siglo VII, que la cita como una mansio situada a continuación de Cetraria y Mellaria y por Apiano, Dion Casio, Mela y Plinio.
La vida de Baelo Claudia, como las de sus vecinas Mellaria, Cetraria e Iulia Traducta alcanzó su máximo esplendor económico y urbanístico entre los siglos I a.C. y II d.C., iniciándose su decadencia a partir de la segunda mitad de este último siglo, cuando un maremoto afectó a la ciudad cuyos efectos se vieron incrementados por las incursiones mauras que se han documentado durante el reinado de Marco Aurelio; aunque la ciudad recuperó parte de su actividad económica y su prosperidad en torno a las factorías de salazón a partir del siglo III. Existe constancia arqueológica de que fue abandonada definitivamente a principios del siglo VII.
El urbanismo de Baelo Claudia
Como las ruinas de la ciudad han permanecido, durante siglos, alejadas de las rutas más frecuentadas y no haber existido cerca ninguna ciudad importante cuyos habitantes hubieran podido expoliar sus restos para ser reutilizados en edificios y obras públicas, estos se han conservado casi íntegramente soterrados hasta el siglo XX. Esta circunstancia ha permitido recuperar para su estudio, no solo los vestigios materiales, sino también conocer numerosos aspectos relacionados con la vida espiritual, social, política y económica de sus moradores.
El plano de Baelo Claudia tiene forma de trapecio irregular, cuyos lados más cortos miran hacia la playa y la sierra. La parte baja de la ciudad se hallaba atravesada por la vía principal, el decumanus maximus, que coincidía con la travesía urbana de la Vía Heraklea, en cuyos extremos este y oeste se abrían las puertas de entrada a la población: la del oeste que se dirigía a Gades y la del este a Carteia. En dirección norte-sur la cruzaba, en ángulo recto con respecto al decumamus máximus, la calle llamada el cardo maximus.
El foro
En la zona meridional, entre las dos calles principales mencionadas, se hallaba situado el foro, erigido en el siglo I d.C., probablemente en tiempos del emperador Augusto; gran plaza de forma rectangular pavimentada con losas de Tarifa, que se han conservado hasta la actualidad, con galerías porticadas en tres de sus lados. En su lado norte había una fuente monumental de mármol, flanqueada por dos escalinatas que comunicaban el foro con el espacio religioso donde se hallaban los templos. En torno al foro se localizaban los principales edificios públicos: el templo dedicado al emperador, la curia, la biblioteca y una sala utilizada por los ediles para sus reuniones. Cerrando la plaza por el sur estaba la basílica, edificio destacado que se usaba como sede del tribunal de justicia, centro administrativo y lonja comercial para realizar las transacciones mercantiles y financieras. Solía estar presidida por la estatua del emperador (en Baelo se encontró una estatua de mármol con la cabeza de Trajano). En el flanco izquierdo del foro se hallaban las tabernae o tiendas, usadas antes de que se construyera el mercado.
Los templos
En la terraza ubicada al norte del foro, a la que se accedía por las dos escaleras antes mencionadas, se alzaban los templos de la triada capitolina: Júpiter, Juno y Minerva, con sus fachadas orientadas hacia la plaza y hacia el mar, erigidos durante el reinado de Nerón, entre los años 60 a 70 d.C., después de que la ciudad fuera afectada por el mencionado terremoto. Los tres están construidos sobre la plataforma ubicada unos cinco metros por encima del nivel de la plaza del foro. Se hallan separados por un pasillo. Cada templo muestra un podium, una cella y un pórtico frontal (pronaos), que tuvo seis columnas de orden corintio o jónico, al que se accedía por medio de escalinatas. En el templo central, dedicado a Júpiter, se rendía culto a la imagen del emperador. Entre los años 65 y 75 d.C. se añadió una galería de retratos imperiales a sus pies. También se erigió un templo, veinte años después, en el que se veneraba a la diosa egipcia Isis, con un patio interior y aposentos para los sacerdotes y una sala de iniciación.
El teatro y las termas
El edificio más relevante y mejor conservado de Baelo Claudia es el teatro, ubicado al norte de la ciudad, en la zona más alta. Como en otros teatros del Imperio romano se edificó aprovechando la pendiente de la ladera de la colina para facilitar la disposición del graderío en torno a la scena y la orchestra. Fue edificado en la segunda mitad del siglo I d.C., durante el reinado del emperador Nerón. Su aforo era de hasta 2.000 espectadores. Las excavaciones realizadas han permitido recuperar unas fuentes monumentales situadas entre la scena y la orchestra y varias esculturas.
Las termas urbanas de Baelo Claudia eran un edificio de grandes dimensiones en el que los habitantes de Baelo hallaban un lugar para el aseo personal, el descanso y promover las relaciones sociales, que se localizaba al oeste de la ciudad, junto a la muralla y la puerta de Gades. Su descubrimiento y sus primeras excavaciones las realizó Julio Martínez de Santaolalla en los años cincuenta del siglo pasado. Las intervenciones llevadas a cabo por Darío Bernal y José Ángel Expósito en el año 2016 han permitido recuperar dichas termas urbanas y públicas en toda su extensión. Se han exhumado el frigidarium o sala fría, el tepidarium, sala dedicada a los masajes, el destrictorium, donde se procedía a realizar la limpieza de los aceites aplicados con antelación. En último lugar se hallaba la estancia principal, el caldarium, en la que había una piscina de agua caliente. La cerámica encontrada (importaciones de terra sigillata africana) permite saber que estuvieron en uso entre los siglos II d.C., reinado de Trajano, y principios del siglo IV, cuando fueron abandonadas.
Las factorías de salazón
La enorme prosperidad económica de que gozó Baelo Claudia -como las restantes ciudades del Círculo del Estrecho- entre los siglos I a.C. y II d.C. estaba basada en la pesca de túnidos y en la fabricación de salsamenta y garum producidas en las diversas factoría de salazón que existieron en la ciudad y que se han ido exhumando y estudiando en las últimas décadas en el solar situado al sur de la población, cerca de la playa. Sus productos eran exportados por mar en ánforas salsarias a Italia, Grecia, Anatolia y Britannia.
Asegurar el abastecimiento de agua era vital para los ciudadanos de Baelo Claudia, no solo para proveer las fuentes públicas, las viviendas y los baños, sino, sobre todo, para llevar agua dulce a las factorías de salazón que la necesitaban en abundancia para el proceso de limpieza, despiece y preparación del pescado antes de ser depositado en las balsas o piletas para su maceración. Tres eran los acueductos que proveían de agua a la ciudad: el del Molino de Sierra Plata, el del Realillo y, el principal, el de Punta Paloma, cuya longitud superaba los cinco kilómetros.
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