FESTIVAL DE CINE DE SEVILLA | REVOLUCIONES PERMANENTES El desafío político-estético

  • Combativa sección que intenta conectar con las apuestas de ruptura que pusieron en marcha los nuevos cines de los años 60.

Fotograma de ‘Los inocentes’, de Guillermo Benet.

Fotograma de ‘Los inocentes’, de Guillermo Benet.

Hasta el SEFF resuena el sonido del tantán que anuncia la inminente llegada de la tempestad: política, estética, musical, plástica, en definitiva, cinematográfica. Ocho títulos nos hablan de revoluciones permanentes, es decir, inconclusas, que deben comenzar desde la propia imagen; recordemos lo que decía el viejo y sabio Jean Luc Godard al respecto: “no hay que hacer cine político, hay que hacer cine políticamente”.

Dalibor Balic en Accidental luxuriance of the translucent watery rebus fusiona los mundos inconcebibles de Ursula K. Leguin y Philip K. Dick, los laberintos narrativos de Robbe-Grillet y el cine de autores como Tarkovski y Cronenberg en esta película policiaca existencial que anuda tiempo y subconsciente. En 2006, el padre de Kamal Aljafari (An unusual summer) puso una cámara de vigilancia en su casa apuntando a la calle, a fin de descubrir quién le rompía la ventana del coche. El director recupera ese metraje que partiendo de la aparente frialdad despliega un arsenal de descubrimientos fortuitos. Con universo colindante al de Roland Topor o David Shrigley, los dibujos desmadejados de Mariusz Wilczynski (Kill it and leave this town) se engarzan de mil originales maneras en esta exploración en clave surreal, cruda y humorística de sus recuerdos, neurosis, y traumas de infancia en Lodz durante el declive del comunismo en los años 70.

Una noche aciaga en la que sus vidas quedan unidas por un escabroso incidente es el punto de partida para el puzle cinematográfico de Guillermo Benet en Los inocentes. Salka Tiziana (Tal día hizo un año) se sirve del paisaje de Sierra Morena en una potentísima ópera prima, envuelta en una atmósfera que conjuga el letargo veraniego con la tensión emocional de sus protagonistas. El guiño a los Maysles de Grey gardens en Time of moulting, de Sabrina Mertens, y los aromas del giallo, en Um fio de baba escarlate (Carlos Conceição), ponen el doble filo acerado.