Cristobal Montoro, número uno del PP por Sevilla al Congreso

"Los servicios públicos no son intocables, hay que mejorarlos"

  • El político jiennense por el que Arenas ha apostado como cabeza de cartel por Sevilla asegura que la crisis en Andalucía provoca una especial sensación de frustración.

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Tiene una asesora que asegura que en los últimos años lleva realizados doscientos viajes a Sevilla más que su rival directo en las urnas, Alfonso Guerra. Eso le anima. Es de Jaén y dice que le gusta Sevilla: "La filosofía de vida de la gente de esta ciudad es para mí un gran valor. Mis compañeros me dicen que he venido a Sevilla hasta para pasármelo bien. Las cosas pueden ser duras y difíciles, pero no se puede perder la perspectiva de algunas esencias vitales". Admite que el riesgo que se corre con tal filosofía de vida es ser víctima de las caricaturas: "Pero eso ocurre en otras muchas ciudades". ¿Se puede perder una inversión por el mero hecho de aparecer siempre como jaraneros? "Claro, claro... Naturalmente. La caricatura puede provocar un daño. Pero insisto en que eso ocurre en muchos sitios de España. Si el sentir nacionalista lo conviertes en un elemento de expulsión, pues provocará una repulsa en los que están fuera". Por si acaso, ni mienta la Semana Santa ni la Feria. Y apuesta por su especialidad: la economía. Mucha economía y pocas concesiones. Como si estuviera ya en el gobierno.

-¿Cómo se consigue cumplir con el nivel del déficit público que impone Bruselas (3%) en la situación actual económica española y con el compromiso de mantener los servicios públicos?

-Hay que cambiar las expectativas de crecimiento, lo que significa poner en marcha reformas estructurales en España, en la economía, en el sector público, en el sistema bancario. Esto permitiría recaudar más, ensanchar la base de los impuestos, pero no porque se suban, sino porque hay más gente trabajando e invirtiendo. Y siguiendo además una política muy severa de austeridad en el gasto público, lo que no significa reducir o cortar servicios públicos. Significa que el total del gasto no crezca más de lo que lo hace la actividad económica. Gobernar siempre es elegir, es establecer prioridades. Y todas las políticas deben estar comprometidas a contener el gasto público.

-¿Pero sin tocar los servicios públicos?

-No se trata de no tocar...

-O mantenerlos como están...

-No, no hay que mantenerlos. ¡Hay que mejorarlos! La cantidad no tiene que ver con la calidad. Podemos invertir mucho en Educación y estar tirando el dinero, porque al niño o al joven no le esté llegando una educación de calidad. Puedes invertir mucho en investigación y desarrollo, pero estar satisfaciendo sólo los proyectos de cinco investigadores sin vertiente social. El gasto sin evaluar beneficios no tiene sentido. No es que no se pueda reducir el gasto en educación, es que hay que mejorarlo. La clave está en el cómo. No nos podemos referir a los servicios públicos como los intocables. Es al revés. Hay que hacer reformas serias y profundas para mejorar la capacidad de producción.

-¿Cómo explica la diferencia tan considerable del índice de paro entre una provincia como Álava (10%) y una como Sevilla (27%)?

-La estructura económica es distinta. Sevilla ha vivido un periodo de creación de empleo en el que yo insisto mucho. En Sevilla había 430.000 ocupados en 1996, una cifra muy parecida a la que había veinte años antes. Y en años posteriores se llegó a 760.000. Por lo tanto, en Sevilla se ha creado mucho empleo. En Sevilla ha habido mucho emprendedor. Pero las estructuras económicas dentro del país son distintas, como es cierto que los regímenes fiscales también son distintos. En todos los sitios se sufre la crisis. Lo que pasa es que en el País Vasco, en Navarra y en buena parte de Cataluña la posición de partida al comienzo de la crisis era el pleno empleo. La sensación que hay en la sociedad sevillana y, en general, en la andaluza es de frustración, porque el nivel de renta per cápita es inferior. Después de un crecimiento rápido e intenso como hubo en Andalucía, cuando llega el freno se produce una gran frustración social. Estabas aspirando a ser una sociedad de primera y cuando te encuentras con la crisis viene la frustración. Y la frustración no hay que aceptarla, hay que superarla.

-Ustedes presumen mucho de las políticas económicas que aplicaron en los años de Aznar (1996-2004). Anuncian que volverán a apostar por ellas si acceden de nuevo al Gobierno. ¿Pero serían hoy operativas y eficaces en un contexto económico tan distinto?

-Estamos obligados a ponerlas en práctica hoy. El contexto ha cambiado tanto que se exigen hoy más que nunca esas políticas. En Europa hay una crisis de deuda soberana. ¿Y qué es eso? Pues un exceso de deuda pública. Pues aquellas políticas eran las de austeridad y las de evitar la deuda pública. Nos pusimos de acuerdo en unas normas en torno al euro. Esas normas se han infringido. Tenemos el desafío de refundar el euro. La situación es muy grave y muy difícil. Hemos estado bailando demasiado tiempo insensatamente al borde del precipicio. No caminando, sino bailando. Zapatero dijo el otro día al final de la reunión del G-20 que no hemos necesitado financiación internacional hasta noviembre. Claro, ¡pero es que después de noviembre viene diciembre! Estamos donde estamos porque no se han seguido determinadas políticas. Las políticas son principios: estabilidad en los precios, equilibrio presupuestario, liberalización económica, equidad social... Por lo tanto, el contexto de hoy es aún más exigente. Los acontecimientos nos han dado aún más la razón. Lo que no valen son las otras políticas de gasto y endeudamiento, que es lo que desespera a la izquierda. La política se ha llenado de economía y la izquierda se ha quedado desconcertada. Y eso se nota mucho.

-Arenas lo mima a usted mucho...

-Nos entendemos bien. Le tengo gran respeto. ¿Sabe por qué? Porque es un político en el sentido más completo de la palabra. Después de haber presidido en España el Consejo de Ministros, se vino a Andalucía a perder. Se decía entonces: "Vuelve Arenas para perder". Es un político que trabaja y le gusta en lo que trabaja. Eso merece mi respeto. Es una persona que se estudia los asuntos, que se sienta en la mesa con mucho sentido del conocimiento de lo que se va a tratar.

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