Algeciras CF - CD Ciudad de Lucena | La crónica El Algeciras se inmola (1-2)

  • Los albirrojos se adelantan y perdonan la goleada en el primer tiempo, pero regalan dos tantos con dos fallos garrafales y sufren la segunda derrota con Fajardo

  • El Nuevo Mirador se hunde en la decepción y el equipo se aleja a cinco puntos de la fase de ascenso

El meta del Algeciras Romero abandona el campo abatido y consolado por sus compañeros. El meta del Algeciras Romero abandona el campo abatido y consolado por sus compañeros.

El meta del Algeciras Romero abandona el campo abatido y consolado por sus compañeros. / Erasmo Fenoy

Reventón de las cuatro ruedas. Se escapa la liguilla y se esfuma la esperanza del Nuevo Mirador en pleno marzo. Es la triste realidad del Algeciras CF, de un equipo de mucha calidad y muy poca alma que entregó los tres puntos al Ciudad de Lucena y volvió a tirar por la borda un partido totalmente controlado. El algecirismo se marchó muy tocado por no decir hundido después de que en apenas dos semanas quede la sensación de que la temporada se va por el retrete.

Emilio Fajardo sufrió su segunda derrota como entrenador algecirista, se llevó los primeros gritos en contra de parte de la grada ("Fajardo, vete ya"), y vio como su equipo pasó del todo a la nada con cierta crueldad: el Algeciras dominó, se adelantó por medio de Antonio Sánchez y perdonó la goleada en el primer tiempo y, sin embargo, regaló dos tantos inaceptables con Romero como desafortunado protagonista y acabó consumido por el ansia y la frustración en medio de un atmósfera de máxima decepción.

Si el revés en Córdoba fue consecuencia de una desconexión temporal, lo de este domingo resultó un auténtico harakiri. El Algeciras se inmoló ante su público con dos acciones humanas pero evitables. El empeño de jugar el balón atrás cuando estás en un apuro condenó a Jesús Romero, un héroe para la hinchada que una vez más demostró su categoría y su memoria al despedir con cariño a su portero, al guardián y salvador tantas tardes de este escudo. El fallo de Romero precipitó el empate lucentino nada más comenzar el segundo tiempo y abrió un agujero insalvable en el ánimo de un conjunto que se terminó por disparar en el pie, otra vez, al sacar mal otro balón en su propia área a falta de veinte minutos.

Este Algeciras de plantillón parece que solo sabe manejarse con el viento a favor. Al primer golpe en contra, los de Fajardo se bloquearon, con casi toda la segunda parte por delante, y tras el 1-2 los de casa se desmoronaron. Ni un atisbo de garra, de ese carácter que suele contagiar el capitán Iván, que se tuvo que marchar lesionado a la media hora cuando los albirrojos ganaban un duelo que pintaba a triunfo plácido. Sin Iván este equipo pierde su esencia por no decir otra cosa.

El duelo en el que había que dar un paso al frente comenzó con el Algeciras decidido y una ocasión de Pablo Ganet al minuto de juego. Los locales se acomodaron ante un Ciudad de Lucena al que se le veía sufrir atrás. Un centro de José Carlos en el minuto 15 casi acaba en gol en propia puerta. Fue en el minuto 23, con el centro del campo a pleno rendimiento, cuando Iván, Pipo y Antonio Sánchez se asociaron de forma que el pichichi se quedó solo ante el marco rival y definió con mucha clase. Cayó el primero.

Al filo de la media hora Iván notó un pinchazo y tuvo que ser sustituido. Entró Diego Gámiz, al que todavía se le sigue esperando. El Algeciras perdonó el segundo en el minuto 31 tras una acción en la que Karim la tuvo al salvar al portero lucentino pero disparó desviado. Tres minutos después Antonio Sánchez mandó un cabezazo al larguero tras pase de Pipo y a renglón seguido acarició el doblete con un disparo cruzado muy cerquita de la meta. Recibía el indulto el Ciudad de Lucena.

A la vuelta del intermedio, no habían transcurrido ni dos minutos, cuando Romero, al querer sacar jugado el esférico, echó el balón en corto a un atacante rival, el habilidoso Marwan, que mandó el regalo al fondo de las mallas. El Nuevo Mirador encajó enojado el varapalo aunque trató de reanimar con aplausos a sus futbolistas.

El Algeciras anduvo como diez minutos perdido ante un Ciudad de Lucena muy listo, que había retocado la zaga para anular a Antonio Sánchez y olió la sangre. El conjunto de Fajardo pudo cambiar las tornas en el minuto 55 cuando un centro de Karim lo empalmó José Carlos y lo detuvo con dificultades Molero.

Los locales cayeron en un estado de ansiedad que parece haberse establecido cada vez que alguien profana el Nuevo Mirador. Salvo algunos arranques de rabia de Ganet, el Algeciras echó en falta coraje, empuje, sangre en los ojos para tratar de voltear la situación. Los albirrojos se enredaron en continuas precipitaciones y no encontraron solución en el banquillo con Zafra, que puso un par de centros, ni con Eric en un ataque sin concierto.

Los muchachos de Diego Caro, que al final viajaron solo con dieciséis efectivos, clavaron el rejón definitivo a falta de veinte minutos cuando Romero sacó el balón hacia Juanjo, que pudo ser objeto de una falta, y dejó solo a Roldán para hacer el segundo tanto lucentino. Otro regalo impropio de un candidato al ascenso.

El tramo final se quemó con los cordobeses jugando sus bazas, perdiendo tiempo en medio de un despropósito arbitral (no estuvo a la altura el malagueño Sergio Gutiérrez Pérez) y con un Algeciras impotente y descorazonado.

Derrota perversa en un fútbol que no entiende de justicia sino de goles. El Algeciras, tras una jornada bastante propicia en los resultados ajenos, se queda a cinco puntos de la fase de ascenso a Segunda B que ahora marca el Córdoba B. Cinco puntos a falta de 24, pero la realidad es que ahora mismo se antoja un mundo

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