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Un JIL para José Ignacio Landaluce

Al sur del Sur

El empeño de Landaluce en continuar como alcalde tras abandonar el PP, con el apoyo de sus quince concejales, genera para su antiguo partido una incómoda e insólita situación, más aún con las elecciones andaluzas a la vista

El Pleno más incómodo del año en Algeciras a causa del caso Landaluce y la denuncia por acoso sexual que nadie nombró

José Ignacio Landaluce -en el centro- junto a Javier Vazquez Hueso -a su derecha-, el pasado viernes, en una guardería de Algeciras. / Ayuntamiento de Algeciras

Se empieza a ser consciente del panorama cuando el teléfono deja de sonar un día. Y la certeza se afianza cuando salta el buzón de voz de aquellos que antes atendían de forma solícita las llamadas. Se lo comentó Adolfo Suárez a la periodista Pilar del Río cuando esta le telefoneó al día siguiente de presentar su dimisión como presidente: “Eres la única que me ha llamado hoy”. Una sensación parecida comienza a experimentar José Ignacio Landaluce después de anunciar el pasado miércoles su “baja temporal” como militante del PP tras más de cuatro décadas. Dentro de pocos días acudirá a la Cámara Alta para trasladar sus pertenencias del despacho que ahora ocupa en el Grupo Popular a las dependencias del Mixto, donde compartirá la máquina de café con los tres senadores de Vox y una de UPN. En el plenario, su escaño también cambiará de ubicación y pasará a estar en las filas más altas, allá en el gallinero, lejos del tiro de cámara de fotógrafos y televisiones.

La denuncia formalizada esta semana por el PSOE ante la Fiscalía del Tribunal Supremo, en la que se atribuyen a Landaluce delitos de abuso o acoso sexual, malversación de caudales públicos y tráfico de influencias, ha llevado al alcalde de Algeciras a renunciar, muy a su pesar, a su militancia en el PP y a abandonar, por consiguiente, todos sus cargos orgánicos en el partido, incluyendo los de designación a cargo de este, caso de la presidencia de la Comisión de Exteriores. También el liderazgo delPP en la ciudad.

Olvida mencionar el grave daño reputacional que sufre la ciudad, desde que hace catorce meses se difundieron los mensajes de Whatsapp que le comprometían, y también el Senado, que le garantiza el aforamiento

Landaluce ha asegurado en un vídeo que deja esas responsabilidades para poder centrarse en su defensa “con la máxima eficacia, evitando que esta situación dañe a la organización política a la que he dedicado 40 años de mi vida”. Olvida, en cambio, mencionar el grave daño reputacional que sufre la ciudad, desde que hace catorce meses se difundieron los mensajes de Whatsapp que comprometían a su alcalde. También lo sufre el Senado, que le garantiza el sueldo, el aforamiento y la posibilidad de no ser investigado y enjuiciado, llegado el caso, por los tribunales ordinarios.

Desde que la polémica estalló en octubre de 2024 con redoble de tambores, Landaluce no ha explicado, entre otras muchas cosas, qué tipo de acciones legales ha tomado -si es que realmente es así- contra quienes le han acusado directa o indirectamente de comportamientos poco decorosos con algunas de sus subordinadas. Y de taparlos durante años, además, con dinero público, ya sea mediante contratos creados ad hoc, ascensos o traslados.

Un problema institucional

Sin embargo, el verdadero problema es el institucional, es decir, el presente y el futuro del Ayuntamiento de Algeciras. No es asumible que Landaluce haya sido conminado por el PP a dejar la militancia y a convertirse en senador no adscrito y que, en cambio, siga con la pretensión de continuar como alcalde de la ciudad con el respaldo de los quince concejales del partido que acaba de abandonar.

Por lógica, debería cesar en breve en sus funciones, dejar su asiento en el Consistorio y que su despacho de la calle Convento tenga un nuevo inquilino… Salvo que alguien esté pensando en serio en la rocambolesca opción de que la ciudad siga dirigida por él, mandando sobre los 15 ediles del PP, o incluso en un trasvase en bloque de estos al grupo mixto municipal junto al líder derrocado bajo unas nuevas siglas: el JIL (formando un acrónimo a partir de José Ignacio Landaluce), Junta Independiente Local, de Algeciras. Plantando cara al Partido Popular. No, no es una broma, aunque suene a remedo cutre del Grupo Independiente Liberal (GIL) de Jesús Gil.

La avenida Blas Infante, este sábado. / E. S.

Desde que anunció su baja en el PP, lejos de adoptar un perfil bajo que anticipe una retirada controlada, Landaluce ha venido actuando como si nada hubiese pasado. Tras presidir el jueves Pleno municipal extraordinario, su agenda como alcalde ha incluido reuniones con su equipo, para atender el aviso naranja por fuertes vientos, por ejemplo, o asistir junto a su fiel Javier Vázquez Hueso a un cuentacuentos navideño celebrado en una guardería.

La hora del PP

Las direcciones regional y nacional del PP están llamadas a tomar cartas cartas en el asunto cuanto antes. El primer movimiento debe consistir en el nombramiento de una comisión gestora que asuma las riendas de los populares algecireños, sin tutelas, designar entre los concejales un sustituto (o sustituta) que asuma la Alcaldía y calmar las aguas en el grupo municipal, mucho más revueltas de lo que sus integrantes tratan de aparentar en las fotos de familia. Luego habrá que cerrar el debate en torno al candidato que presentarán en las municipales de 2027.

No será tarea fácil teniendo en cuenta los mimbres actuales, aunque no hay alternativa; más aún si Juanma Moreno pretende dentro de unos meses -que pretenderá a buen seguro- pedir el voto de los algecireños en los comicios autonómicos. ¿Qué cargo de la Junta de Andalucía o de la Diputación de Cádiz va a querer inaugurar con Landaluce la reformada avenida Blas Infante, ya terminada desde hace días, con sus palmeras y pascueros en todo su esplendor?

Hasta ahora, en el PP se ha venido actuando como si en Algeciras no hubiese un elefante en la habitación, como si las arenas movedizas del pasado no fueran a removerse -como sí ha ocurrido ahora, a raíz de la denuncia ante el Supemo por parte de los socialistas- o no pudiera aparecer en un futuro otro caso similar a los hasta ahora conocidos. Error de manual.

Las sucesivas polémicas en torno a Ábalos, Salazar y compañía indican que el PSOE no es ni mucho menos ajeno a este tipo de polémicas y que a la vuelta de cualquier esquina puede aparecer un cadáver que se creía enterrado. Sin embargo, con independencia del recorrido judicial de cada caso y del principio de la presunción de inocencia, los partidos han marcado por fin una nítida línea roja, sin tolerancia, ante las denuncias por acoso, abuso o agresiones a las mujeres.

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