Centenares de camiones colapsan la A-7, Algeciras y los polígonos de Palmones
La Guardia Civil filtra, después de tres días de espera por el temporal Kristin, la salida desde diferentes puntos hacia el Puerto
Los vehículos aparcados dificultan el tráfico y su llegada en grupos a la autovía acentúa el caos circulatorio habitual de los viernes
El Puerto de Algeciras vuelve a colapsarse por los camiones tras reabrir el acceso y la APBA pide retrasar las llegadas
Centenares, quién sabe si miles de camiones, se amontonan desde comienzos de la semana en los márgenes de las carreteras del Campo de Gibraltar. Muy especialmente de Algeciras y Los Barrios. Los vehículos, aparcados en hileras, dificultan la circulación a ciudadanos que no siempre lo aceptaban con deportividad. Son, en espera del siguiente asalto, los últimos coletazos de las borrascas Joseph y Kristin, que han mantenido cerrado el Puerto algecireño durante más de 48 horas, hasta el punto de saturar sus aparcamientos y obligar a los que se iban incorporando a buscarse la vida por los alrededores. Detrás de la cifra, multitud de historias humanas de quien sin poder ejercer su profesión, se las ingenian no solo para afrontar sus necesidades más imperiosas, sino para matar la espera “viendo el Tik Tok o jugando a Play”.
Las interminables obras del acceso sur al Puerto de Algeciras propician desde hace tiempo que el Ministerio de Transporte desaconseje su utilización a los camiones, especialmente a los de mayores dimensiones. Una petición que no hace sino sobrecargar el acceso norte, al que llega por la A-7 desde San Roque y Los Barrios.
La Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras decretó el martes a las 5:00 el cierre de sus instalaciones por culpa de rachas de vientos que por muy poco no podían ser catalogadas de huracanes. Para entonces las explanadas en las que los camiones esperan el momento de embarcar ya estaban casi al límite. Y sin casi.
Este viernes la APBA trataba de dar paso al regreso a la normalidad, pero la saturación era tal que tuvo que retractarse a media mañana y pedir a los profesionales del volante que esperasen hasta la tarde para llegar a las instalaciones. Y más tarde, desviarles para evitar que paralizasen la A-7. Finalmente, el Puerto de Algeciras dictaminó mantener la restricción de entrada de los camiones con rumbo a Tánger (los más numerosos) por la acumulación de vehículos en el interior de la dársena.
Las consecuencias de esta espera no se han podido ser más palpables. En zonas de Algeciras los camiones han estado aparcados en los márgenes de numerosas vías, reduciendo el paso a un solo carril. Con el consiguiente retraso para quienes lo utilizaban, especialmente en horas punta como las de las llegadas y regresos del colegio. Valga como ejemplo el caos vivido en la avenida Carlos Cano —que da acceso al Hospital Punta de Europa, con todo lo que ello conlleva— pero podrían utilizarse otros muchos nombres.
Una situación aún más grave se ha producido en los polígonos industriales y comerciales de Los Barrios. En Palmones. La Avenida de los Empresarios (donde se levantan las Torres de Hércules) se había convertido desde el martes en un inmenso estacionamiento y cuando se saturó, el llano de la zona posterior del lúdico-comercial Bahía Plaza tomó el relevo. Menos mal que su reciente asfaltado había ya finalizado.
Dadas las circunstancias y los retrasos que se iban acumulando, la Guardia Civil, con la ayuda de la Policía Local barreña, gestionaba poco después del mediodía la salida por grupos de los camiones aparcados. Para ello incluso cortaban vías enteras, lo que dio origen a un atasco monumental.
“He tardado cuarenta minutos en llegar desde el Hipermercado Carmela hasta la Avenida de Las Golondrinas. Vivir en Guadacorte se está convirtiendo en una profesión de riesgo cuando llueve”, se quejaba uno de los vecinos de esa vía, que ya fue desalojada el pasado cuatro de enero ante el peligro de que el río Guadarranque se desbordase a su paso por la zona.
La llegada de un número ingente de vehículos de gran tonelaje casi al unísino a la autovía y la baja velocidad a la que circulan colaboraron a aumentar más si cabe el caos en el que se convierte el acceso a Algeciras por esa zona casi cualquier viernes del año.
Dado que la situación en el Puerto no mejoraba, efectivos de la Guardia Civil establecieron un nuevo filtro justo a la entrada de Algeciras: los camiones eran desviados hacia el Polígono Industrial de La Menacha, que se transformaba en la siguiente prueba para la paciencia.
La espera, vista desde dentro
Todas estas cifras, esperas, enfados… eclipsan la otra realidad de esta situación, la que viven los transportistas durante la espera.
Las cabinas de sus camiones se transforman en dormitorios y no es difícil ver a tres o cuatro de ellos preparándose en círculo la comida sobre un hornillo que sustenta una pequeña bombona. Mientras lo hacen, charlan para engañar el paso del tiempo.
La aplastante mayoría de los que están poco menos que hacinados en Palmones son marroquíes. “Casi todos vamos a Tánger-Med. Allí está la cosa peor”, asegura Oussama, que se ofrece a ejercer de portavoz porque “medio chapurrea” español.
“Dormimos en los camiones, si quieres te lo enseño, pero no puedes hacer fotos, que a mi patrón no le gusta”, explica. “Hemos ido al Mercadona (de Palmones), andando claro, porque no podemos mover los camiones. Hemos comprado carne y nos la estamos cocinando nosotros. Nada extraño. Lo hacemos mucho, porque los menús se han puesto por las nubes, las dietas no suben y ya apenas paramos en ruta”.
“A ver, es desagradable estar aquí parado, pero peor lo han pasado los que estaban en nieve en Madrid”, puntualiza. “En mi caso es que vengo de vuelta de Bélgica, con la caja vacía, y lo que quiero llegar a casa y ver a mi familia. ¿Compensación? En Marruecos funcionan las cosas de otra manera (se ríe)”.
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