Las hilanderas anónimas de La Línea
La Línea | Crisis del coronavirus
Un grupo de mujeres linenses confecciona y esteriliza cien mascarillas al día
Policía Local y Guardia Civil se encargan de distribuirlas a centros médicos y fuerzas del orden
La 'cooperativa' contra el coronavirus, con marcado acento altruista
Un grupo reducido de ciudadanas linenses confecciona cada día un centenar de mascarillas que, después de ser esterilizadas, son distribuidas por efectivos de la Policía Local y de la Guardia Civil en centro sanitarios, residencias de ancianos e incluso entre los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, que siguen echando en falta material para su protección. Estas particulares hilanderas de La Línea -que exigen mantener el anonimato como condición sine qua non para facilitar los detalles de su tarea- representan, como otros tantos de sus vecinos, la cara amable de una ciudad que está haciendo frente a la pandemia del coronavirus con la generosidad que siempre le ha caracterizado.
Begoña [nombre ficticio por petición propia] fue costurera en su tiempo. Ahora se dedica a otros menesteres “pero no vayas a dar pistas, que enseguida se me conoce”. Aquella labor de la aguja y el dedal quedó aparcada hace ya mucho. “Pero tenía ahí la máquina...”, dice casi como si tuviese que justificarse.
Desde que la orden decretada por el Gobierno de España para frenar la expansión del coronavirus le obligó a cerrar su negocio a mediados de marzoBegoña andaba “dándole vueltas a la cabeza” buscando una fórmula para ayudar a la sociedad. Pero muy especialmente para ayudar a La Línea. “No quería sentirme una inútil”, recalca.
Esta costurera metida ahora a otros asuntos no tardó en encontrar la solución: cada día confecciona un centenar de mascarillas que son esterilizadas “por una amiga que tampoco quiere que se sepa su nombre”. La Policía Local linense y efectivos de la Guardia Civil (especialmente una amiga de Begoña que está especialmente implicada) se encargan de repartirlas entre agentes del propio cuerpo y de otros, pero también entre el personal de ambulatorios, residencias de ancianos…
“Yo no sé estar sin hacer nada”, explica quien se ha convertido en el alma máter de esa iniciativa. “Y me carcome por dentro que solo se hable de La Línea para contar las cosas malas que hacen unos cuantos, que muchas veces parece que los demás no existimos”, reivindica. “Aquí hacemos muchas cosas bien”.
“Fue hablando con un amigo de la Policía Local que me explicó que tanto ellos como guardias civiles y policías nacionales estaban escasos de este tipo de material por lo que se me ocurrió la idea”, detalla.
“Se puede decir que hemos hecho una pequeña cooperativa pero sin otro ánimo que ayudar, aquí no hay beneficio económico alguno”, advierte.
“Hay una amiga que me proporciona el material, yo lo convierto en mascarillas. La Policía Local y la Guarcia Civil lo llevan a otra compañera que lo esteriliza, ellos me lo devuelven, yo hago los paquetes y regresan a por ellos para entregarlos”, puntualiza.
“Una cosa que me gustaría que quedase clara, que yo sé que después… esos policías y esos guardias civiles vienen siempre antes y después de su servicio, no le arrebatan un segundo a su trabajo, lo que hacen es un esfuerzo extra para ayudar a quien lo necesita”, desliza con energía.
“La verdad es que nos encantaría tener capacidad para auxiliar a mucha más gente, pero tenemos los medios que tenemos”, lamenta.
“No nos parece normal que las personas que están ahí, en primera línea, defendiéndonos a todos, no tengan las mascarillas y guantes que necesitan y por eso nos trabajamos cada día”, insiste Begoña. “Si cada uno arrimamos un poco el hombro ayudaremos a que todo esto acabe antes y podamos volver a nuestra vida normal”.
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