Real Balompédica - Real Murcia | La crónica (1-0) La Balona, a toda máquina hacia la Pro

  • Los albinegros derrotan al Real Murcia y se aferran a la segunda plaza

  • Óscar Arroyo anota el tanto de la victoria en el 48'

  • Verza falla un penalti para los visitantes (23') que se quedan con diez en el 36'

Nacho Miras, ovacionado por la afición, celebra el triunfo sobre el Real Murcia

Nacho Miras, ovacionado por la afición, celebra el triunfo sobre el Real Murcia / Erasmo Fenoy

Otro pasito –y algo más, mucho más- hacia la Liga Pro. Angustioso a ratos, porque en esta Segunda B que da sus últimos coletazos casi nada resulta sencillo, pero pasito –y algo más, mucho más- al fin y al cabo. La Balompédica arrancó la segunda fase con un triunfo sobre el Real Murcia que vale su peso en oro. No solo porque le deja en el grupo de los tres que parecen llamados a pelear por el premio gordo, sino porque ajusticia –o casi- a un rival al que cualquier otro marcador hubiese dado vida. Los albinegros ganaron un partido en el que sucedieron muchas cosas y que, como casi siempre que se da esa circunstancia, pudo tener cualquier desenlace. Un gol de Óscar Arroyo, que antes había cometido un penalti, esa pena máxima marrada por un veterano con galones como Verza, una expulsión, una lesión… dieron como fruto tres puntos que provocaron que los mismos aficionados que hace 21 días abandonaban el Municipal entre lágrimas esperasen en las gradas para despedir a los suyos como héroes.

La Balona se encontró con el primer obstáculo incluso antes de empezar. Paco Candela, que había sentido molestias en el entrenamiento del sábado, se veía obligado a renunciar porque se resentía de su lesión de abductores. Mal día para que faltase uno de los referentes. Calderón rehízo su equipo, Por ésa o por cualquier otra causa, a los locales les costó entrar en el partido. Esta puñetera manía que tiene la Balona de madurar los primeros tiempos que un día se va a llevar a alguno de sus aficionados por delante.

Esta vez no le estalló en las manos de verdadero milagro. No había pasado el conjunto de La Línea del centro del campo con un mínimo de criterio cuando el Murcia tuvo el tiro de gracia. Carrasco se entretuvo más de la cuenta en la línea de fondo, se dejó robar por Fuentes y lo que pretendía ser un centro de éste acabó dando en la mano de Óscar Arroyo. Un penalti de esos de tiempos de la pandemia, pero que ahora se pitan. Las cosas, como son.

Tomó el balón Verza. Con todos los galones del mundo. Y quiso ajustar tanto que el balón se fue al poste. El rebote se fue a la cara de Nacho Miras, que anduvo tan avispado que le pegó como si se quitase una mosca de encima. Lo justo para apartarlo de la trayectoria de los atacantes. Es la demostración de que el cielo, en forma de la nueva categoría, está decidido a esperar a esta Balona.

Andaba aún tambaleándose la escuadra de Calderón después del susto cuando Carrillo soltó un pistoletazo desde la frontal del área cargado de intención. Y apareció, otra vez, Nacho Miras, para hacer un paradón abajo. Ya nadie se acuerda de cuando algunos –y la mayoría ni siquiera lo había visto entrenarse- se llevaron las manos a la cabeza porque se le entregaba la responsabilidad de defender el marco esta temporada. Los mismos que ahora rezan para que sea alguna más.

El partido, intenso, era de esos en los que no hay un minuto de sosiego. Ya antes del penalti Antoñito se había tenido que retirar, lesionado, dejando su sitio a Loren. El motivo del relevo es muy preocupante. La consecuencia es que la Balona salió ganando con el cambio.

Poco después de la media hora Antonio López cometió una imprudencia temeraria, impropia de su currículum, con resultado de expulsión. Ya tenía una amarilla y además por una acción bastante similar cuando se tiró a por Koroma para obstaculizarle... en el centro del campo. Y dejó a su equipo con diez.

La roja fue determinante. La Balona comenzó a mirar hacia la portería contraria y un  rematito de Coulibaly y un disparo de Óscar Arroyo por lo menos empezaron a dejar ver al veterano Champagne, hasta entonces inédito.

Nada más comenzar la segunda parte Óscar Arroyo expió la [hipotética] culpa por aquel penalti sin consecuencias del primer periodo. Casi en la línea de fondo soltó un chupinazo que superó a Champagne, que se había arrodillado demasiado pronto. Un tanto que recuerda, y mucho, al que logró Coulibaly en Marbella, el que comenzó a poner a este equipo en la senda de la Liga Pro.

En el 61’ el partido debió quedar visto para sentencia. Pero se ve que a esta Balona y a su gente les gusta eso de que se les seque el paladar. Pito Camacho peleó como un jabato por un balón y se lo puso a Luis Alcalde en el borde del área pequeña como dice el tópico que se la ponían a Felipe II. Pero la lanzó fuera. Pito tuvo que ir a consolarle porque ni el propio autor del disparo lo podía entender.

El Murcia, con todo perdido y con diez hombres, buscó la heroica y a la Balona le tamblaron una mijilla las piernas. En dos acciones a balón parado metió el miedo en el cuerpo el conjunto pimentonero a una afición que llegó al estadio decidida a ejercer de jugador número 12. En la primera, después de que peinase Younes, Rognny hizo de Luis Alcalde y casi se tropezó con el balón cuando estaba solo a un metro del marco. Y en la segunda un remate de Verza lo tuvo que amansar Pito Camacho casi sobre la línea de gol.

En lo que quedaba, por una vez, la Balona supo utilizar esa picaresca que los cúrsiles llaman otro fútbol como si las artimañas no formase parte de este deporte desde que lo parieron los ingleses. Y aun tuvo dos. Una de Din desde el borde del área y otra de Cham, tras un jugadón, ésta ya sobre la campana.

La Balona gana y sigue segunda. Y se reconcilia con su afición que les despidió a todos, pero muy especialmente a Nacho Miras, como solo se rinde tributo a quienes han conseguido un triunfo realmente importante, porque lo es lograrlo sobre un rival que solo había perdido en dos desplazamientos y que con Loreto en el banquillo no sabía lo que era perder. Y es que una de las grandezas de este bendito deporte es lo pronto que las lágrimas se tornan sonrisas.

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