R. Balompédica - Marbella FC | La crónica La Balona se hace grande (2-1)

  • Los albinegros remontan al Marbella con un doblete de Pito Camacho

  • Calderón, que gana la batalla táctica, sale reforzado con sus decisiones

  • Los linenses comparten la tercera plaza tras enlazar tres victorias

Carrasco celebra el triunfo de la Balona ante la desolación de un jugador visitante Carrasco celebra el triunfo de la Balona ante la desolación de un jugador visitante

Carrasco celebra el triunfo de la Balona ante la desolación de un jugador visitante / Erasmo Fenoy

La Balona ya está ahí. Empatada en la tercera plaza, con un partido más que el San Fernando bien es cierto, pero ahí. Con tres victorias seguidas, con siete goles en tres partidos (los mismos que en los nueve primeros) y, sobre todo, con una dinámica que ha cambiado la cara de sus seguidores. Los albinegros aprovecharon el partido aplazado para doblegar a un Marbella que es difícil de entender qué hace en la planta baja de la clasificación. Rentabilizaron ese duelo para reivindicarse como candidatos a casi todo y que la tormenta de hace tres semanas parezca ahora poco menos que un mal sueño. Pito Camacho, que empezó el partido como sorpresa en la alineación, puso la firma a la primera remontada en el Municipal en más de cuatro años. La que lleva a la Balompédica a quitar los límites a sus sueños.... y a sus aficionados precisamente a eso, a soñar.

Zapatero a tus zapatos que dijo aquel. Calderón parece decidido a llevar a la Balona al éxito a base de manejar códigos que solo él conoce. El técnico gaditano dejó en el banquillo a Iván Martín, en opinión de muchos [entre ellos este periódico] el mejor en Sanlúcar el pasado domingo para dar cabida a Pito Camacho. El almeriense marcó los dos goles que voltearon el inicial del Marbella y que sitúan a los albinegros a la misma orilla del objetivo más deseado: la Liga Pro. Lo que seguramente hubiese sido una corriente de opinión poniendo de vuelta y media al preparador si la controvertida decisión le hubiese salido mal se transforma por mor de la sentencia que dicta el balón en una celebrada reverencia. Parece que últimamente todo lo que toca lo convierte en oro. Y que siga. Bendito fútbol.

La Balompédica le ganó al Marbella en un partido grande de Segunda B. Las necesidades de unos y otros dieron al partido un sabor copero. Proporcionaron esa sensación de vértigo, esa angustia de cuando sencillamente no se puede perder. Pero a esa tensión hubo que sumar una interesante batalla táctica en la que salió airoso Calderón, que sale súper reforzado. De la que salió airosa la Balona.

El Marbella fue mejor en el arranque. Colocó un 3-5-2 que traía loco al centro del campo de los locales. Especialmente a Masllorens, que de repente pareció olvidar todas las virtudes que le alumbran y andaba despistado. Después de varias escaramuzas abortadas con un suspiro llegó el minuto 16. El incombustible Añón mandó a la espalda de Óscar Arroyo. Redru –que para arriba va como un tiro- le ganó la espalda, pero le pegó regular. Esta vez Nacho Miras se equivocó, no cerró bien su palo y el balón se le coló. El primer tanto de un equipo visitante en ese estadio en más de un año.

Con el marcador en contra otra vez el zapatero a vueltas con el calzado. Calderón metió tres centrales e igualó las fuerzas en la zona de creación. Otra decisión de ésas que desde fuera se antoja contra natura, pero que acabó por ser decisiva. Eso de los códigos.

Incluso así en el 25’ la tuvo el Marbella para la sentencia. Una falta ensayada, Añón que la dejó al borde del área pequeña y Carlos Blanco que la envió… al larguero. Está visto que todo lo que antes se giraba en contra de esta Balona, ahora lo hace a favor. Así es el fútbol. Así son las dinámicas.

El duelo entró en una fase trepidante. A calzón quitado. En el 33’ Carrasco apareció como de la nada para interceptar un pase de la muerte de Nacho Sánchez que llevaba muy mala leche. A renglón seguido llegó el empate. Din Alomerovic, que se dio una paliza de aúpa, botó un córner y Pito Camacho estaba donde están los nueves para empatar.

La Balona volvió mejor de la caseta. Decidida a completar una remontada que no se daba en ese escenario desde el 16 de octubre de 2016. Víctor Mena se encontró con un paradón abajo de Alejandro Santomé (47’). Pero en el córner que provocó esa intervención –otra vez puesto en juego por Din- el portero medio salió a por uvas y Pito Camacho hizo un escorzo con el cuerpo y en una posición complicada anotó el 2-1.

A partir de ahí hubo otro micro-partido. El tercero dentro del que estaban disputando Balona y Marbella. El equipo visitante, con mucho más que agua clasificatoria al cuello, se lanzó a tumba abierta y como tiene criterio y talento a borbotones –que no engañe su posición en la tabla- apretó y mucho.

La Balompédica se vino a esperar… y a sufrir. Porque sufrir forma parte de este negocio. Tres veces, en tres contras, tuvo el conjunto de La Línea en su mano dar el tiro de gracia, pero por algún motivo extraño los que entraban en el área dejaban de ver a sus compañeros y resolvían de cualquier manera. Seguramente porque estaba escrito que este partido tenía que terminar con angustia.

El conjunto malagueño cada vez estaba más cerca del marco. El balón se paseaba más de una vez por el área y dejaba esa sensación que seca la boca. Es verdad que apretó más que un mes de hipoteca, tan cierto como que ocasiones, lo que se entiende por ocasiones, no tuvo ninguna. Desesperados al ver que la liga se escapaba, los visitantes pedían cada vez que había un contacto un penalti salvador que no llegó. Porque no se produjo.

En ese último tramo la Balona no tuvo mucho el balón, pero lo dejó todo en el césped. Como lo hacen los equipos que revierten tempestadies. Como le gusta a sus aficionados. Tres victorias, tres y el cuento que ha cambiado como de la noche al día. Lo dicho: bendito fútbol.

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