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Paco de Lucía, príncipe y doctor del Flamenco

  • El guitarrista algecireño vive en 2004 y 2007 dos de los momentos más emotivos de su carrera con el Príncipe de Asturias de las Artes y el Honoris Causa en Cádiz

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El 22 de octubre de 2004 el Flamenco entró en la historia. Lo hizo de la mano de un algecireño universal, Paco de Lucía, que recibió emocionado uno de los galardones que más le han marcado en su vida, el Príncipe de Asturias de las Artes. Pero la historia se había fraguado antes, concretamente el 14 de julio de ese mismo año. Esa noche, el guitarrista se preparaba en su camerino para ofrecer un concierto que a la postre sería distinto, en el campo de fútbol de Jimena, en el marco del IV Festival Internacional de Música. Su premio era un rumor a voces y el alcalde de la localidad, Ildefonso Gómez, no pudo resistirse a contarlo, sobre el escenario, a todos los presentes, que eran miles.

Paco de Lucía, abrazado a su guitarra, escucho la primera ovación de la noche nada más subirse al escenario y luego hizo lo que mejor sabe hacer: tocar la guitarra. En la memoria colectiva de los presentes está esa figura, el castillo jimenato sobre su cabeza y la emoción de su música. La historia estaba escrita.

Meses después, en el majestuoso teatro Campoamor de Oviedo, un “revolucionario de la interpretación” como le definió en su discurso el propio Felipe de Borbón, se levantaba de su asiento para recoger un reconocimiento a toda su trayectoria y, sobre todo, a lo que más amaba, el flamenco. En su equipaje emocional del momento estaban sus padres, su ciudad Algeciras, sus largas horas de niñez agarrado a una guitarra, sus vecinos, las noches de escenario, los teatros llenos y un reconocimiento universal que no le ha de abandonar nunca. Frente a él, en aquella jornada, las miradas del Príncipe y de doña Letizia (que asistía por primera vez a la entrega de estos galardones). En su mirada, la emoción por haber vivido, con toda la intensidad, la aventura de ser un músico, un flamenco, con mayúsculas.

Doctorado

Tres años más tarde, concretamente el 23 de marzo de 2007, el salón de actos de la Politécnica de Algeciras se vistió de gala para un nuevo reconocimiento a Paco de Lucía. La Universidad de Cádiz le honraba con el título de Doctor Honoris Causa, rindiendo así un nuevo e importantísimo homenaje al Flamenco.

Las palabras de elogio de los intervinientes en el acto hacia el algecireño no hicieron más que repetirse a lo largo de todo el acto. Después, Paco de Lucía, con su acostumbrada timidez, pronunció un breve pero emocionante discurso en el que confesó su nostalgia por la escuela “por no haber aprendido a aprender”, como dijo. “Siempre me he considerado la antítesis de la educación formal. He sido siempre un callejero y un autodidacta en toda la extensión de la palabra”, afirmó.

El guitarrista algecireño cerró aquel discurso con una hermosa declaración de intenciones: “De mayor lo que me interesa son las voces de unos pocos. La de mi mujer, la de mis padres y la de mi pueblo, Algeciras”.

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