Surban: el restaurante en el que no te comes dos días lo mismo, pero siempre como en casa

El proyecto de Joaquín y Manuel en Algeciras apuesta por la cocina de producto, los guisos y una carta que cambia según lo que ofrece la despensa

En este restaurante de Algeciras puedes comer semen de atún

Trabajadores del restaurante Surban
Trabajadores del restaurante Surban / Daniela Alias

Surban nació en un momento de cambio. Tras la pandemia y después de años viviendo en Madrid, Joaquín decidió regresar a Algeciras buscando otra forma de vida y de cocinar. De una conversación con Manuel, amigo de toda la vida y la otra parte del proyecto, surgió la idea de crear un espacio propio donde el producto, el tiempo y la cocina marcaran el ritmo.

El local apareció casi de forma natural, en un espacio familiar, y el proyecto fue tomando forma sin forzar nada, adaptándose poco a poco a lo que el lugar y la gente pedían.

Cocinar lo que hay alrededor

En Surban no hay una carta rígida ni una idea cerrada. La cocina se construye desde lo tradicional, con productos cercanos y recetas aprendidas de abuelas y padres, reinterpretadas desde una mirada actual, sin perder identidad.

La despensa manda. Se cocina con lo que hay alrededor, con pescado fresco, verduras de temporada y aprovechando cada parte del producto. De ahí nacen guisos, potajes y platos que muchas veces son irrepetibles, fruto del momento y de lo disponible ese día.

Platos que definen la casa

Entre las elaboraciones más reconocidas están la ensaladilla rusa, que se prepara a diario, las croquetas, los huevos rotos, los potajes, las alcachofas confitadas en temporada, los huevos rotos con tartar de atún, el brioche de carrillera, el croissant de la pastelería Okey relleno de tartar de carne y la tarta de queso.

Tarta de queso de Surban
Tarta de queso de Surban / Daniela Alias

Pero si hay algo que define a Surban son los guisos, una cocina viva que se construye con restos, caldos y fondos, dando lugar a platos únicos que no siempre se repiten.

Surban no busca sorprender con técnicas ni etiquetas. Su apuesta es clara: cocinar, comprar en la plaza, respetar el producto y ofrecer una cocina honesta, reconocible y cambiante, donde cada servicio depende del día y de lo que haya entrado por la puerta.

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