El Tratado de Alta Mar

22 de enero 2026 - 03:04

Son malos tiempos para el derecho internacional. Si durante los últimos años la estructura jurídica a escala mundial mostró crudamente sus limitaciones ante los desafíos de Putin (invasiones de Georgia, Crimea y, finalmente, la guerra de Ucrania) y Netanyahu (Cisjordania y Gaza), el último año de demolición de sus principios básicos por parte del neofascismo populista de Trump ha llevado al derecho internacional a un punto de inflexión cargado de incógnitas sobre su viabilidad en el futuro y su capacidad para afrontar con eficacia los enormes desafíos presentes.

No obstante, voy a dedicar este artículo a un pequeño rayo de luz que ilumina sutilmente la confianza en un orden internacional regido por normas. El pasado 17 de enero entró en vigor el tratado conocido como Tratado de Alta Mar (cuyo nombre oficial es Acuerdo sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica Marina de las Zonas situadas fuera de la Jurisdicción Nacional), adoptado en junio de 2023 después de más de veinte años de difíciles negociaciones.

No hay ninguna duda de que es un enorme hito histórico para el multilateralismo y un enorme éxito para la futura preservación de nuestros mares y océanos, que cubren dos tercios de la superficie del planeta y cuyo régimen jurídico anterior presentaba enormes deficiencias, hasta el punto de que la alta mar era algo así como una zona de nadie regida básicamente por el principio de libertad de actuación de los Estados.

En adelante, entre otras obligaciones, se prevé que al menos el 30% de las aguas internacionales tengan alguna protección en 2030. El tratado también prevé el establecimiento de nuevas normas para poder elaborar evaluaciones de impacto ambiental de las actividades económicas que se puedan desarrollar en estas zonas. Igualmente establece mecanismos para asegurar una distribución equitativa de los beneficios genéticos que puedan obtenerse de descubrimientos futuros.

La implementación de este marco jurídico no será fácil. Es de prever que Estados Unidos desafíe las reglas en aras de que sus empresas puedan explotar sin trabas los recursos existentes en los fondos marinos. No obstante, el Tratado de Alta Mar es un importante avance del multilateralismo y de la gobernanza internacional basada en reglas en tiempos extraordinariamente complejos para el futuro del derecho internacional.

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