Contratiempo, un bar hecho a sí mismo en la zona baja de Algeciras
Ale y Piti, con la inestimable ayuda de Isabel, han reconvertido este referente hostelero de la calle Emilio Castelar a base de buenos desayunos, tapas y cuchareo con el plato del día
A base de buenos desayunos, con café ecológico y molletes de la tierra, y de platos del día que honran al cuchareo, el bar Contratiempo se ha consolidado como uno de los bares que ha revitalizado la zona baja de Algeciras en la calle Emilio Castelar. Cuando muchos hosteleros están buscando asentarse lo más cerca posible de la calle Convento, la plaza Neda o la pujante avenida Capitán Ontañón, Ale Ríos decidió apostar por esa otra Algeciras que se resiste a caer en el olvido, ese barrio donde la gastronomía local juega un papel social fundamental.
Ale Ríos se lanzó a la aventura de la hostelería poco después de la pandemia, cuando meterse en este mundillo era prácticamente una salida kamikaze. Currante de bares desde muchos años antes -su padre regentó varios bares en Algeciras, como el Échate pallá, antes de que la familia se trasladara a Palma de Mallorca, donde Ale también se curtió en la hostelería-, decidió emprender "otro estilo" con los desayunos como pilar fundamental. "Yo trabajaba en la calle Castelar con Toni -en un establecimiento que estaba justo enfrente del Contratiempo, al que dio el salto cuando cerró- y más o menos me hice con la gente. En ese momento Contratiempo no daba desayunos y yo siempre tenía en mente lo de darlos porque en la calle no había un bar que los pusiera y en aquel momento, hablamos de 2020, nadie se atrevía a abrir", relata el propietario.
"Arrancamos con una máquina de café muy casera, trayendo cinco bollos y cinco molletitos, sirviendo por la ventana cuando todavía no se podían montar mesas en las terrazas", cuenta sobre una etapa que fue demoledora para toda la hostelería y una sentencia de cierre para muchos bares y restaurantes.
Ya el 29 de mayo de 2023 (hace dos años y medio), Ale, que hasta entonces era camarero del bar, se hizo cargo del establecimiento. Pero no se tiró al agua solo. Desde primera hora contó con el apoyo de su inseparable Piti, camarera y su pareja, y su madre Isabel.
Poco a poco, Contratiempo se asentó de la mano de la sencillez de sus trabajadores, con Ale y Piti de cara al público con cercanía, con ese trato humano que las prisas se llevó por delante en tantos y tantos sitios. Si la jornada da un respiro, Ale se sienta con el cliente -o parroquiano- y se interesa por cómo está el café o ese tomate triturado. Precisamente el café es uno de los fuertes del Contratiempo. "Fue una de las cosas que nos propusimos, mejorar productos como el pan y el café. Ahora tenemos uno ecológico cien por cien, que la gente lo notará en el sabor", subraya. Por 2,70 euros, uno puede comenzar el día con el cafelito y un mollete auténtico con su zurrapa de lomo casera.
Pero el bar de Ale ha completado su resurgimiento gracias también al almuerzo y un plato del día que da mucho juego. "Como no tenía capacidad para poner un menú, tuve la idea de apostar por un plato del día. Prácticamente no tengo cocina, así que me tuve que buscar la vida para ver qué plato podía elaborar aquí, un plato del día por 6 euros con el pan y la bebida, y funciona", reconoce. "Al final siempre hay gente que se pide también una tapita más o un postre porque también tenemos tartas".
Contratiempo marcha gracias a la incansable labor de Piti e Isabel. "Ella estaba como camarera y conocía el bar y cómo funciona esto. Desde primera hora estuvo conmigo. Isabel, mi madre, ha echado una mano en la cocina y desde fuera dándome consejos y ayudándome. Si no fuera por mi madre, yo no tendría un bar", dice tajante. Isabel tiene mucha culpa de esas lentejas inigualables de los lunes y de otros cocidos que quitan el sentido.
Ale tiene como horario habitual de 8:00 a 17:00, pero a partir de Semana Santa estira un poco el chicle por las tardes y en verano se adapta para combatir el calor y proporcionar "algo fresquito y unas tapitas" por las tardes noches.
Este valiente hostelero tiene claro que la calle Castelar y la zona baja de Algeciras, con el conocido barrio de La Caridad, tienen mucho que ofrecer a la ciudad: "Desde el principio vi que este bar podía tener un potencial. No para hacerte rico porque hoy en día es imposible y menos en la hostelería, pero esta calle y otras del barrio pueden tener mucha vida si hay bares, restaurantes y más lugares de ocio", argumenta Ale, que explica que ha tenido que "adaptar los precios" adonde está, consciente de que podría cobrar más caro el mismo producto en otra parte más concurrida del casco urbano.
Con el mismo nombre -Ale quiso respetar el de Contratiempo-, pero con otras caras y otras ideas, la calle Castelar ha encontrado en este bar un frente de resistencia, un ejemplo de como mantener con vida un pequeño comercio local y esa vidilla que solo pueden proporcionar los bares de la calle.
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