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Meta apuesta 72.000 millones a la inteligencia artificial mientras su negocio real sigue siendo vender anuncios

La compañía de Mark Zuckerberg triplica en dos años su inversión en infraestructura tecnológica, pero el 98% de sus ingresos todavía proviene de publicidad en redes sociales

Meta factura 201.000 millones en 2025 pero sacrifica beneficios para ganar la carrera de la inteligencia artificial

Meta.
Susana C. Gómez

29 de enero 2026 - 12:46

Meta Platforms ha convertido 2025 en el año de su gran transformación narrativa. Mark Zuckerberg ya no habla de redes sociales ni de metaversos: ahora predica sobre "superinteligencia personal". Pero esta revolución tecnológica se financia enteramente vendiendo exactamente lo mismo que vendía hace una década: espacios publicitarios en Facebook e Instagram.

Los números cuentan una historia de doble personalidad corporativa. Meta facturó 201.000 millones de dólares en 2025, un 22% más que el año anterior. Prácticamente todo ese dinero (196.000 millones, para ser precisos) provino de mostrar anuncios a 3.580 millones de personas que cada día abren alguna de sus aplicaciones.

El negocio publicitario no solo funciona: es una maquinaria de generar beneficios que roza márgenes operativos del 48%. Mientras tanto, Meta destinó 72.000 millones a construir centros de datos y comprar hardware para entrenar modelos de inteligencia artificial. Es decir, gastó en infraestructura tecnológica el equivalente al PIB de países enteros.

La cifra adquiere otra dimensión cuando se compara con el pasado reciente: en 2023, Meta invertía 28.000 millones en este capítulo. En solo dos años, ha triplicado el gasto. Para 2026, la compañía proyecta elevar la apuesta hasta un rango de entre 115.000 y 135.000 millones de dólares.

Estamos hablando de la mayor concentración de inversión en infraestructura tecnológica ejecutada por una sola empresa en tan poco tiempo. La cuestión es qué espera obtener a cambio.

El metaverso que cuesta seis dólares por cada uno que ingresa

No es la primera vez que Meta apuesta fuerte por un futuro que aún no existe. Reality Labs, la división encargada de construir el metaverso y desarrollar gafas de realidad virtual, acumuló pérdidas operativas de 17.700 millones de dólares en 2025. Ingresó 2.800 millones y gastó seis veces esa cantidad en mantener vivo el sueño.

La compañía ha dejado claro que estas pérdidas continuarán en 2026 "a niveles similares", un eufemismo para decir que el grifo seguirá abierto indefinidamente.

Lo curioso es que Meta puede permitírselo. Su posición de caja supera los 72.000 millones de dólares, y durante 2025 destinó otros 47.000 millones a recomprar sus propias acciones. Es una empresa tan rentable en su negocio principal que puede quemar miles de millones en proyectos experimentales sin que tiemble el pulso de sus accionistas. Al menos esa es la teoría.

El beneficio neto cayó un 3% en 2025, situándose en 60.000 millones, aunque hay trampa. Meta tuvo que pagar un cargo fiscal extraordinario de casi 16.000 millones vinculado a una nueva legislación estadounidense. Sin ese impacto puntual, habría sido su año más rentable de la historia.

Pero incluso descontando ese golpe fiscal, los márgenes operativos se comprimieron del 48% al 41% en el último trimestre. Meta está ganando menos por cada dólar que factura porque está gastando agresivamente en construir su futuro.

Crecer sin subir precios

Hay un detalle curioso en cómo está creciendo Meta. Las impresiones de anuncios aumentaron un 18% en el cuarto trimestre, mientras que el precio promedio de cada anuncio subió apenas un 6%.

Eso significa que su expansión no viene de cobrar más caro por el mismo inventario publicitario, sino de conseguir que los usuarios pasen más tiempo dentro de sus aplicaciones consumiendo más contenido. Los algoritmos de recomendación alimentados por inteligencia artificial (especialmente en Reels, el formato que compite con Tik Tok) están funcionando: la gente ve más vídeos, ve más anuncios, Meta factura más.

Llama la atención que la inteligencia artificial ya esté generando valor tangible para Meta, pero de una forma mucho menos épica que la "superinteligencia personal": optimizando qué vídeo de gatitos o tutorial de maquillaje mostrar a continuación para mantener a la audiencia enganchada.

Esa es la IA que realmente mueve la aguja en sus cuentas. La otra, la que requiere 72.000 millones en servidores, todavía está por demostrar si tiene utilidad comercial.

Europa aprieta, Estados Unidos vigila

Meta ha incluido en sus comentarios oficiales una advertencia poco habitual: existen "vientos en contra legales y regulatorios en la Unión Europea y Estados Unidos que podrían impactar significativamente" su negocio.

La compañía acaba de cerrar un acuerdo con Bruselas para modificar su sistema de "anuncios menos personalizados", una concesión al marco regulatorio europeo sobre privacidad. Pero admite abiertamente que continúa bajo escrutinio sobre cuestiones relacionadas con menores de edad, con varios juicios programados en Estados Unidos que "podrían resultar en una pérdida material".

Empresas cotizadas del tamaño de Meta solo incluyen este tipo de advertencias cuando el riesgo es real y cuantificable. El modelo de negocio basado en personalización publicitaria mediante recolección masiva de datos afronta una presión creciente a ambos lados del Atlántico.

Una apuesta existencial disfrazada de optimismo

Meta se encuentra, en definitiva, ejecutando una maniobra arriesgada: usar los beneficios extraordinarios de un negocio publicitario en plena forma para financiar una transformación completa de su identidad corporativa.

Zuckerberg ya no quiere que su empresa sea vista como una red social que vende anuncios, sino como una compañía de infraestructura de inteligencia artificial que, de paso, también tiene redes sociales.

El problema es que nadie sabe todavía si gastar 115.000 millones anuales en servidores y chips se traducirá en ventajas competitivas reales, en nuevos productos monetizables, o simplemente en una carrera armamentística tecnológica donde el segundo puesto equivale a la irrelevancia.

Meta está apostando a que la respuesta es la primera opción. Mientras tanto, seguirá haciendo exactamente lo que mejor se le da: mostrar anuncios a miles de millones de personas que pasan horas ante el móvil.

¿Puede Meta permitirse esta apuesta? Sin duda. La cuestión es qué sucederá cuando el mercado, los reguladores o los propios usuarios decidan que el modelo que financia todo este experimento ya no es sostenible.

Porque por ahora, la "superinteligencia personal" de Zuckerberg se paga con el mismo combustible de siempre: nuestra atención fragmentada y los datos que generamos al navegar compulsivamente entre Stories.

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