Ena en Andalucía: la corona al servicio de la salud pública

Mujer y Salud

En una época de escasa presencia femenina en la vida pública, la reina Victoria Eugenia promovió el papel activo de las mujeres en la sanidad y sentó las bases de una asistencia más profesional y organizada

Colocando la primera piedra del Hospital El Tomillar en el año 1920. / Archivo

23 de enero 2026 - 12:25

A comienzos del siglo XX, España afrontaba graves problemas sanitarios. Enfermedades como la tuberculosis, la pobreza estructural y la falta de infraestructuras médicas afectaban de forma especial a las regiones más desfavorecidas, entre ellas Andalucía. En este contexto histórico, la figura de la reina Victoria Eugenia de Battenberg desempeñó un papel relevante, aunque a menudo poco conocido, en la modernización de la asistencia sanitaria y en la creación de centros médicos destinados a la población más vulnerable.

Victoria Eugenia Julia Ena de Battenberg nació el 24 de octubre de 1887 en el castillo de Balmoral, en Escocia. Era nieta de la reina Victoria del Reino Unido y creció en un entorno profundamente influido por la cultura británica, con una fuerte conciencia del deber, la filantropía y el interés por las reformas sociales. Recibió una educación cuidada y moderna, con especial atención a los idiomas, la disciplina y las nociones básicas de cuidados y enfermería, de acuerdo con los avances europeos de la época.

En 1906, a la edad de 18 años, contrajo matrimonio con el rey Alfonso XIII de España, convirtiéndose en reina consorte. Su llegada a España estuvo marcada por un acontecimiento trágico tras sufrir un atentado anarquista el día de su boda, del que ambos contrayentes salieron ilesos, pero que ocasionó numerosas víctimas mortales entre el público que los vitoreaba. Este episodio tuvo un fuerte impacto en su vida personal, llevándole a una temprana toma de conciencia sobre el sufrimiento social existente en el país que la acogía.

Tampoco fue fácil su vida familiar. Madre de siete hijos, dos de ellos padecieron hemofilia, enfermedad hereditaria de la que era portadora y que se le recriminó introducir en la línea dinástica española. De nuevo se suma en su vida una experiencia personal que la sensibilizó especialmente hacia la enfermedad y la fragilidad humana.

Victoria Eugenia en una imagen del archivo histórico de Patrimonio Nacional. / P.N.

Sobre su sólida formación filantrópica, estos tempranos acontecimientos fraguan en la joven reina un firme compromiso con la sanidad pública y la atención a los enfermos más vulnerables y desfavorecidos. Pero, a diferencia de otras reinas consortes de su época, Victoria Eugenia, Ena para su familia, no se limitó a un papel ceremonial, sino que se implicó activamente en cuestiones sociales, especialmente en la lucha contra la tuberculosis, la denominada “peste blanca”, epidémica y mortal en la España de la época.

Uno de sus mayores legados fue su apoyo a la creación de sanatorios antituberculosos, concebidos como espacios alejados de los núcleos urbanos, con buenas condiciones de ventilación, luz y reposo. Asimismo, apoyó la creación de dispensarios antituberculosos urbanos, fundamentales para el diagnóstico precoz y el seguimiento de los enfermos. Estos centros, situados en ciudades con altos índices de pobreza y hacinamiento, complementaban la labor de hospitales y sanatorios, formando una red asistencial más eficaz, siguiendo los principios médicos más avanzados del momento para el tratamiento de la tuberculosis, y reflejando la progresiva transición desde una asistencia basada en la beneficencia hacia una sanidad organizada y especializada.

En aquellos años Andalucía era una región duramente castigada por esta enfermedad. Su alta incidencia estaba ligada a las difíciles condiciones de vida de la época: hacinamiento, malnutrición y trabajos duros, tanto en el campo como en la ciudad. Sevilla, Cádiz o Málaga, con barrios densamente poblados, eran especialmente vulnerables, ocasionando entre el 10% y el 20% de todas las muertes.

La tuberculosis no solo mataba; debilitaba familias y comunidades ante el fallecimiento de personas jóvenes que dejaba hijos y ancianos desprotegidos; cargaba con un vergonzante estigma social, al asociarse con la pobreza y la debilidad física; transformó barrios, moldeó familias y quedó reflejada en la cultura y la literatura como símbolo de fragilidad y sufrimiento.

Como muestra de su labor en Andalucía, la reina consorte patrocinó la edificación del Hospital El Tomillar, en la provincia de Sevilla, concebido como un espacio destinado a la atención de enfermedades infecciosas y de larga duración.

En una época en la que la participación femenina en la vida pública estaba limitada, la reina Victoria Eugenia se convirtió en una aliada clave de la Cruz Roja Española, promoviendo el papel activo de las mujeres en la asistencia humanitaria y sanitaria, aspecto esencial para el funcionamiento de los nuevos centros creados.

Desde su nombramiento como Presidenta Honoraria de la institución en 1910, Victoria Eugenia no solo prestó su nombre y prestigio a la organización, sino que impulsó cambios concretos que permitieron a las mujeres contribuir de manera significativa y reconocida. Bajo su impulso, se crearon secciones femeninas dentro de la Cruz Roja, donde las mujeres podían participar en la atención a heridos, el cuidado sanitario y la educación en salud. Fomentó la formación profesional de las voluntarias, promoviendo cursos de enfermería y asistencia sanitaria que transformaron la ayuda caritativa en un servicio técnico y organizado. Logró dar a la mujer autonomía, presencia activa y prestigio social, consolidando su papel dentro de una institución que, hasta entonces, había estado dominada por hombres, incluso con roles de coordinación y liderazgo, gestionando hospitales de campaña y organizando servicios de emergencia durante los frecuentes conflictos bélicos de la época.

El legado de Ena perdura hoy gracias a su visión decisiva y moderna en la difusión de una nueva concepción de la sanidad, basada en la prevención, la higiene, el empoderamiento de la mujer profesional sanitaria y la responsabilidad social. En una época en la que el Estado aún no asumía plenamente la atención sanitaria, su apoyo contribuyó a visibilizar la necesidad de invertir en infraestructuras médicas, sentando las bases de un sistema asistencial más moderno y humano, también femenino, en un momento en el que la enfermedad y la desigualdad marcaban la vida cotidiana de miles de personas.

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