Andar y contar
Alejandro Tobalina
Sueños y recuerdos
La vida puede cambiar en un segundo. La vida puede esfumarse en un instante, como tristemente nos han recordado las recientes tragedias ferroviarias sufridas en este país. En medio de toda esta consternación, este jueves el periodismo del Campo de Gibraltar vio encogido su corazón con el fallecimiento del compañero y amigo Enrique Tadeo, voz de Canal Sur Radio y uno de los veteranos de la información de esta tierra.
Enrique nos ha dejado de manera súbita. Trabajando alrededor de su alcachofa, preparando su programa deportivo con esa energía única que él sabía ponerle, con esa cercanía y entusiasmo inconfundibles. De un instante para otro dejó de ser, que no de estar.
Todos los que pudimos conocer a Enrique aún estamos en cierta manera en shock. Se antoja duro asimilar que ya no vamos a tenerlo al pie del cañón en la cabina, en su ratito de La Jugada, en las tertulias, en el carnaval que tanto le apasionaba, la Semana Santa o la Feria Real y en tantas otras actividades de la ciudad y la comarca en las que se involucraba con las mismas ganas y buen humor.
Por encima del Enrique Tadeo periodista y su dilatada trayectoria, permítanme que me quede con el recuerdo del Enrique más personal, un tipo buena gente, que seguramente sea lo mejor que alguien se puede llevar de ti.
Desde nuestros primeros encuentros en torno a la sala de prensa del Nuevo Mirador, Enrique se mostró ante todo como un compañero. Siempre afable, con alguna anécdota, con batallitas para los que estábamos aterrizando y también con la sencillez para preguntar cuando era necesario. Con el paso de los años, uno podía corroborar que no había fachada alguna, que Enrique era así de llano y humilde.
En los medios de comunicación deja una huella imborrable y un vacío porque se pierde a un informador de los de antes, de los que se curtían en la calle y en la carretera... y hasta en ese ferry a Ceuta que tanto respeto le infundía aunque fuera entre bromas.
Las numerosas muestras de respeto y las condolencias que han recorrido toda la comarca y la provincia hacen justicia a un periodista que supo estar en todas partes sin perder su esencia. Una cualidad en peligro de extinción en una era de polarización y enfrentamiento, unos tiempos en los que Enrique se refugió en sus deportes, en los de la base y los más minoritarios, de los que seguirá informando allá donde esté.
Toda la fuerza del mundo a su familia. El recuerdo de Enrique quedará con nosotros.
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