Análisis

pedro ingelmo

Muerte de un Don Nadie

Me enteré el otro día por casualidad de la muerte de un don nadie que leía a Charles Dickens, creía a pies juntillas en la existencia de vida extraterrestre entre nosotros y que un día me dijo que si había reparado en que la ginebra Beefeater significaba comedores de carne de buey, que si le invitaba a una. Murió, me dijeron, de un infarto, algo fulminante, y pensé que pasaría en ese momento mucho miedo porque era un hombre temeroso, aunque, aparentemente, llevaba una vida de mierda, un buscavidas a la espera de la paguita, parroquiano de bares donde se burlaban de sus delirios, no exentos de sensatez algunos. Tenía ya los pies hinchados y no podía ponerse unos zapatos italianos que podrían exhibirse en un museo de la moda. Dame un cigarrito, tú me entiendes, tú eres culto, como yo, porque había leído a Dickens, al parecer. Don nadie de zapatos italianos, pirado total, parecías un buen hombre.

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