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'The Wall Street Journal' destapa la dura realidad del portaaviones nuclear Gerald R. Ford tras cruzar el estrecho de Gibraltar rumbo a Irán

Marineros agotados, averías y problemas a bordo marcan la travesía del buque más grande de Estados Unidos mientras se dirige al Mediterráneo oriental

EEUU acelera su despliegue militar hacia Oriente Medio y el estrecho de Gibraltar vuelve a ser el epicentro del pulso con Irán

El mayor buque de guerra del mundo cruza el estrecho de Gibraltar bajo la vigilancia de la Armada Española. / Armada Española

El mayor y más moderno portaaviones de la Armada de Estados Unidos, el USS Gerald R. Ford, ha cruzado el estrecho de Gibraltar rumbo al Mediterráneo oriental en una misión que, sobre el papel, refuerza la presencia militar estadounidense frente a Irán. Pero, lejos de la imagen de poderío impecable que proyecta, un reportaje de The Wall Street Journal desvela una realidad mucho más humana —y compleja— a bordo del gigante nuclear.

El buque, el más grande de la Marina estadounidense, lleva en el mar desde junio del año pasado. Lo que comenzó como un despliegue ordinario en el Mediterráneo se convirtió en una cadena de extensiones inesperadas que ha puesto a prueba la resistencia de sus casi 5.000 tripulantes.

Un despliegue que puede batir récords

Según el diario estadounidense, la decisión del presidente Donald Trump de prolongar por segunda vez la misión del Ford podría convertir esta travesía en el despliegue continuo más largo de un buque de la Armada de EEUU.

Las misiones en tiempos de paz suelen durar seis meses. El Ford ya ha superado los ocho y podría alcanzar los once. En términos militares, eso supone tensión logística. En términos personales, significa cumpleaños, bodas y funerales perdidos.

Uno de los marineros entrevistados confesó que se perdió la muerte de su bisabuelo. Otra tripulante sopesa abandonar la Marina tras pasar casi un año lejos de su hija pequeña.

Del Caribe a Oriente Medio

El itinerario del portaaviones tampoco ha sido convencional. En octubre, el Pentágono desvió al Ford al Caribe para apoyar operaciones vinculadas a la presión sobre el régimen de Nicolás Maduro. Meses después, la tripulación recibió una nueva orden: cruzar de nuevo el Atlántico para dirigirse hacia Oriente Medio ante la posibilidad de ataques aéreos estadounidenses contra Irán.

El paso por el estrecho de Gibraltar, confirmado por imágenes satelitales obtenidas por The Wall Street Journal, marca el inicio de esta nueva fase. En la zona ya opera el USS Abraham Lincoln, lo que permitiría a Washington sostener operaciones aéreas prolongadas y reforzar la seguridad en rutas estratégicas como el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz.

Un paso anterior del USS Gerald R. Ford por el estrecho de Gibraltar. / EFE/Alyssa Joy/Marina de EEUU

Problemas técnicos y desgaste

La presión no es solo emocional. El desgaste operativo empieza a notarse en el propio buque. Tras ocho meses en el mar, los equipos requieren mantenimiento que debe posponerse. El ritmo elevado de operaciones ya fue señalado como factor en incidentes previos en la flota, como la pérdida de varios cazas del USS Harry S. Truman en el mar Rojo durante operaciones contra rebeldes hutíes.

En el caso del Ford, incluso el sistema de aguas residuales —que gestiona cerca de 650 baños mediante tecnología de vacío— ha sufrido averías recurrentes. La Marina reconoce incidencias diarias, aunque asegura que no afectan a la capacidad operativa del portaaviones.

Para los familiares, la incertidumbre es constante. Hay periodos de “modo fantasma” en los que el buque corta comunicaciones por razones de seguridad y pasan semanas sin noticias.

“Cuando el país llama, respondemos”

Según relata el WSJ, el comandante del Ford, el capitán David Skarosi, reconoció en una carta a las familias el “impacto” de la nueva extensión. Admitió que él mismo esperaba estar en casa arreglando la valla de su jardín. Sin embargo, cerró su mensaje con una frase que resume la lógica militar: “Cuando nuestro país llama, respondemos”.

No todos los marineros lo viven igual. Algunos asumen que forma parte del compromiso adquirido al alistarse. Otros reconocen estar agotados y plantearse dejar la carrera naval al regresar a puerto.

Mientras el USS Gerald R. Ford avanza hacia el este, su silueta simboliza el poder naval estadounidense en uno de los momentos más delicados del tablero geopolítico. Pero bajo la cubierta de vuelo donde despegan los cazas, la historia que cuenta The Wall Street Journal es la de jóvenes de poco más de veinte años que echan de menos la comida de casa, que piden galletas y macarrones en paquetes enviados desde tierra, y que cuentan los días —sin saber exactamente cuántos faltan— para volver.

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