La Línea

La Línea de la crispación

La manifestación, a su paso por el paseo de levante de La Línea.

La manifestación, a su paso por el paseo de levante de La Línea. / Erasmo Fenoy

Tarde de café al solecito en las terrazas de la calle Real y de baloncesto infantil en el pabellón. Nada hace indicar que en la calle Canarias, en el corazón de La Atunara, la crispación parece que pudiera tocarse con los dedos. Se palpa detrás de las puertas de las casas bajas, tras las cortinas, en una esquina donde un grupo de chavales fuma en silencio. Basta con mirarles a los ojos para percatarse del estado de tensión que se vive desde el pasado lunes en este barrio marinero de La Línea, de donde eran los dos hombres que ese día perdieron la vida en el mar. Ángel y Sergio.

El caso es que no han dado todavía las cuatro de la tarde cuando alrededor de un millar de vecinos llegan por las calles adyacentes para situarse en la entrada del puerto. Están callados, algunos con mascarillas y otros no, hasta que ven la primera cámara. Entonces, muchos de ellos, la mayoría mujeres, en una especie de catarsis, abren la boca a la vez. Y la palabra que más les sale es justicia.

Claman, sobre todo, contra las Fuerzas de Seguridad, a las que acusan de haber impedido que otras personas del barrio se lanzaran a rescatar a los dos hombres cuando naufragó su embarcación. El Cuerpo Nacional de Policía ha desmentido en rotundo que no auxiliara a estas dos personas y achaca el bulo a mensajes de Whatsapp "malintencionados" que solo contribuyen a "aumentar el estado de crispación entre los familiares, amigos y vecinos de los fallecidos". Pero también lanzan críticas contra la Guardia Civil, contra la prensa y contra el propio alcalde, Juan Franco, del que dicen que se ha desentendido de ellos. 

La concentración, de momento pacífica, contrasta con las dos noches de gravísimos disturbios que se han vivido en la zona, con destrozos en el mobiliario urbano, en dependencias municipales o en el restaurante La Marina, al que le prendieron fuego. La Policía Nacional ha iniciado “una investigación depurada y exhaustiva” para dar con los culpables y llevarlos ante la Justicia. 

Muchos de los concentrados llevan un recorte de una noticia en la que se lee que cuatro narcotraficantes habían rescatado a tres guardias civiles que habían caído al mar durante una persecución. "Que nos quiten la libertad, pero no la vida", se lee en algunas de las muchas pancartas que llevan los vecinos. 

Ni siquiera el vídeo en el que se observa cómo los agentes intentaron reanimar a los dos ahogados ha apaciguado los ánimos. Los que toman la palabra en esta concentración asumen que muchos de ellos se dedican al contrabando y al narcotráfico. De hecho, todo indica a que los dos hombres iban a llevar combustible a una embarcación. Admiten que sí, que los agentes los intentaron reanimar, pero que antes impidieron que otras personas se lanzaran al mar revuelto que había provocado el naufragio.  

Fotos de la manifestación de La Atunara en La Línea Fotos de la manifestación de La Atunara en La Línea

Fotos de la manifestación de La Atunara en La Línea / Erasmo Fenoy

Cuando los ánimos se caldean y surge alguna voz altisonante, un grupo de mujeres rápidamente manda a callar a la persona. "No es el momento de eso, que los acabamos de enterrar", se oye.

Porque la concentración se produce pocas horas después del acto del sepelio de Ángel y Sergio, cuyas caras están por todas partes en La Atunara. Los funerales por los dos fallecidos se celebraron antes del medio día en el tanatorio de La Línea en un ambiente de alta tensión. Los familiares de una de las víctimas del suceso hicieron a pie el recorrido desde el tanatorio hasta el cementerio, portando a hombros el féretro. Los restos mortales del segundo fallecido fueron incinerados

En La Atunara, a duras penas alguien intenta pedir un minuto de silencio. Dura poco. De nuevo los gritos, los aplausos, las consignas rompen la tarde en este barrio linense donde, por cierto, no hay un solo policía. Ni local, ni Nacional, ni Guardia Civil.

Alguien ve un helicóptero sobrevolando la zona y todos miran hacia el cielo, poco antes de que la calle Canarias se quede pequeña cuando los vecinos deciden caminar hacia el centro de La Línea. Van, en principio, hacia la Comisaría de la Policía Nacional, pero allí se encuentran con un fuerte dispositivo -la calle está cortada con vallas- y la riada sigue camino hacia el cuartel de la Guardia Civil. 

La situación es la misma, los agentes protegen el edificio y la calle está cortada con vallas, pero los manifestantes se encienden y empiezan a lanzar insultos y algunos objetos contra los agentes, que mantienen el tipo con frialdad. Es el peor momento de la tarde, pero tampoco llega a mayores. 

De allí, ya mucho menos numerosa, la manifestación se dirige hacia el Ayuntamiento, donde se reclama el apoyo del alcalde. La Policía Local controla la zona y al poco la marcha se va difuminando. Alguien habla de ir a la iglesia de La Inmaculada, pero los vecinos siguen camino hacia La Atunara ante la mirada de los linenses que se encuentran en las terrazas de los bares y cafeterías. 

Termina la concentración convertida en manifestación y se ven las primeras columnas de humo. Los bomberos tienen que actuar en la calle Pavía, donde se declara un fuego un terreno de pasto y la Curva de los Pollos, donde arde mobiliario urbano. En la calle Goya, el incendio se queda en un conato. 

Los linenses miran con preocupación la crispación que continúa en La Atunara tres días después. Las fuerzas del orden se preparan para mantener la tranquilidad durante la noche. 

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