Jimena empieza la reconstrucción tras los temporales: "Esto es una ruina"
Cultivos devastados, caminos y carreteras cortadas y el instituto cerrado: los vecinos intentan recuperar la normalidad en la única tregua del tiempo en dos meses
La Mancomunidad visita Jimena y Tesorillo para evaluar los daños de las borrascas
"Esto es una ruina". Con las botas enterradas en un barrizal, un grupo de hombres y mujeres se afana por devolver una plantación de aguacates a su estado original. No hay ni rastro del fruto. Los troncos están caídos sobre la tierra, uno tras otro, como fichas de dominó que alguien hubiera empujado. El que los derribó fue el río, que ahora pasa bravo a unos metros, pero hace unos días devoró esta y otras fincas en la zona de La Herradura, en Jimena de la Frontera. No es difícil distinguir, a una y otra orilla, hasta dónde llegó el agua cuando el Guadiaro se desbordó. Lo marca el barro, los muros caídos, los desprendimientos de tierra. Este miércoles, el municipio, como el vecino San Martín del Tesorillo, intenta recuperar la normalidad tras el devastador paso, una tras otra, de las borrascas. Es hora de hacer balance de los daños y, sobre todo, reconstruir.
"Es la cuarta vez que los enderezamos", explica uno de ellos mientras bebe de una botella y repasa mentalmente los temporales: Joseph, Kristin, Leonardo, Marta... Lo que se ve aquí, y en otros puntos del interior del Campo de Gibraltar, es la lucha por intentar evitar la muerte de los árboles. "Intentamos salvarlos, porque si no la ruina será más gorda. El aguacate es muy delicado, cuando hace calor hay que echarle agua para que no se queme y, cuando hace frío, también para que no se congele, pero esto no lo esperábamos", relata otro agricultor.
Muy cerca de este lugar, el pasado domingo, un camión de la Unidad Militar de Emergencias (UME) volcó y sus tres efectivos tuvieron que ser rescatados. Ni los más preparados para combatir los desastres están exentos de doblar la rodilla ante la virulencia con la que la lluvia y el viento golpeó este lugar. La UME sigue trabajando en varios puntos del municipio para paliar los desperfectos. "El agua saltó por encima de la valla y lo inundó todo", explica una vecina que pasea un perro por el paseo de la Paz, en San Pablo de Buceite, muy cerca de donde se encuentra uno de los múltiples deslizamientos de tierra que obligaron a cortar muchas carreteras y dejaron a miles de vecinos incomunicados. La ladera ha enterrado unas máquinas de calistenia.
Algunas carreteras y pasos han reabierto, al menos parcialmente, tras una intensa labor de retirada de escombros, ramas y barro. Otras siguen cerradas porque el daño es mayor. La que peor está es la CA-80201, que une Jimena con la zona norte del Parque Natural Los Alcornocales y poblaciones como Ubrique y Cortes de la Frontera. A la altura del Mirador de las Asomadillas el firme no soportó la fuerza del agua y se desprendió ladera abajo. Como si hubiera caído una bomba. Algunos vecinos, con mucho cuidado, se ven obligados a pasar para acceder a fincas asiladas en las que hay animales que tienen que alimentar.
Esta ruta de la destrucción comienza en el Hozgarganta. En las entradas del puente de la Pasada de Alcalá un cartel informa de que sólo pueden pasar turismos. "Tened cuidado", advierte una vecina desde su coche. "Han estado los técnicos mirándolo y no lo han cerrado, pero tiene una grieta por debajo, en la otra entrada, y es mejor que no tenga mucho peso", continúa. El puente, recuerdan los más veteranos. Se inauguró en 1927, un siglo atrás. "Hace dos décadas dieron un dinero para arreglarlo, pero sigue igual", avisan. Las ramas y la arena se acumulan en las pilas: "Está agarrao".
El camino de la Barranca Bermeja sigue cortado y el de la Vereda Real, abierto, aunque con gran acumulación de lodo. En la calle Fuente Nueva, una máquina coloca un muro de contención en la base de la montaña, donde se produjo un enorme deslizamiento sobre una zona de aparcamiento, al borde una venta de leña. Aquí y en otros muchos puntos, operarios municipales trabajan para localizar desperfectos y poner parches, primero en las zonas donde puede estar en peligro la seguridad de las personas. Tras horas de trabajo, junto a los bomberos, la carretera de la Cruz Blanca queda despejada y abre de forma provisional. Poco a poco.
Sí sigue cerrado hasta nueva orden el instituto Hozgarganta, donde continúan los graves problemas en sus aulas que mantienen sin la posibilidad de dar clase a más de seiscientos alumnos de Jimena, Tesorillo y hasta Castellar. Los padres, que llevan tiempo quejándose del deterioro estructural del edificio, explican que las escaleras están inutilizadas, que hay techos que se caen, que se han roto tuberías y hay goteras por todas partes. Ya el centro estaba muy mal antes del tren de borrascas. Ahora, peor. El IES Azahar de San Martín del Tesorillo también está cerrado.
Los servicios municipales continúan atendiendo las incidencias derivadas de las borrascas y permanecen en alerta ante cualquier eventualidad. El rastro de las riadas es fácil seguirlo por los enseres acumulados en las puertas de las casas situadas en las márgenes de los ríos. Montañas de muebles, colchones, electrodomésticos, cajas e, incluso, instrumentos musicales se amontonan antes de continuar camino del basurero.
En muchas viviendas ya ha culminado la limpieza del barro. En otras, no. Las familias que tuvieron que ser desalojadas pudieron volver el martes. Cae una fina lluvia sobre Jimena. Nada que ver con las últimas semanas. "Esperemos que nos den una tregua para recuperarnos", dice un vecino mientras alza la mirada al cielo.
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