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Tregua tras el largo tren de borrascas

Los pantanos del Campo de Gibraltar sueltan millones de litros, pero no baten récord: ¿dónde está yendo el agua?

Charco Redondo, Guadarranque y Almodóvar siguen desembalsando tras un invierno histórico de borrascas. Las presas rozan el lleno, pero 2026 no marca máximos históricos pese al “tren” de temporales que ha barrido Andalucía

¿El agua desembalsada es agua desperdiciada?

Charco Redondo, casi lleno antes de la borrasca Leonardo. / ANDRÉS CARRASCO
G. Sánchez-Grande

Algeciras, 16 de febrero 2026 - 20:19

El Campo de Gibraltar vive una imagen que hace apenas unos meses parecía impensable: compuertas abiertas, aliviaderos en funcionamiento y ríos recuperando caudal. Los tres pantanos de la comarca —Charco Redondo, Guadarranque y Almodóvar— han continuado desembalsando agua durante la última semana, en plena recta final de un invierno marcado por lluvias persistentes y hasta catorce borrascas con nombre propio.

A 16 de febrero, según la Red Hidrosur, los datos son contundentes: los embalses están prácticamente llenos. Pero también revelan un matiz llamativo: pese al reguero de temporales y a que Andalucía registra casi el doble de precipitaciones de lo habitual para estas fechas, ninguno de los tres ha superado sus máximos históricos.

Desembalse semanal en los pantanos del Campo de Gibraltar, entre el 9 y 16 de febrero de 2026. / E.S.

Charco Redondo baja cinco hectómetros en una semana

El embalse de Charco Redondo, en Los Barrios, se sitúa hoy al 93,95% de su capacidad. Almacena 74,38 hectómetros cúbicos de los 79,17 que puede embalsar. La cifra impresiona, pero aún más lo hace la comparación con la semana anterior.

El 9 de febrero acumulaba 79,07 hectómetros cúbicos, prácticamente al límite. En apenas siete días ha soltado cerca de cinco hectómetros cúbicos de agua, mientras la precipitación acumulada del año hidrológico ha pasado de 934,70 a 964,60 milímetros. Es decir: ha seguido lloviendo con fuerza, pero el embalse ha reducido volumen gracias al desembalse continuado que muestran las gráficas.

Pese a la imagen de abundancia, todavía está lejos de su techo histórico: el 6 de marzo de 2010 alcanzó los 86,5 hectómetros cúbicos (100%). El contraste con su mínimo histórico —11,2 hectómetros en septiembre de 1999— recuerda hasta qué punto el clima mediterráneo es capaz de oscilar entre extremos.

Fuerte descenso en Charco Redondo en la última semana (casi 5 hm³ menos). / Hidrosur

Guadarranque frena el desembalse

En Castellar de la Frontera, el embalse de Guadarranque presenta una fotografía similar, aunque con matices. Actualmente almacena 72,39 hectómetros cúbicos, el 87,06% de su capacidad total (83,15 hm³). Hace una semana guardaba 74,02.

Ha perdido algo más de 1,6 hectómetros cúbicos en siete días, mientras la lluvia acumulada ha escalado de 1.020,20 a 1.057,90 milímetros. Las gráficas indican que el desembalse se detuvo el 15 de febrero, lo que sugiere que el sistema ha alcanzado un punto de equilibrio entre aportes y regulación.

Tampoco aquí se ha superado el máximo histórico, fijado en 89 hectómetros cúbicos en abril de 2013. Y el dato cobra mayor dimensión si se recuerda que el mínimo de toda la serie se registró hace apenas unos meses, el 30 de octubre de 2025, cuando cayó a 9,6 hectómetros cúbicos. De la sequía extrema al casi lleno en menos de un año.

Bajada moderada en Guadarranque en los últimos siete días. / Hidrosur

Almodóvar, casi al límite

La presa de Almodóvar, en Tarifa, es la más modesta en capacidad —4,44 hectómetros cúbicos—, pero también roza el lleno. Hoy almacena 4,16 hectómetros cúbicos (93,69%). El 9 de febrero estaba completamente llena, con 4,44.

En su caso, el descenso es más suave y progresivo, como reflejan las gráficas, mientras la precipitación acumulada ha pasado de 855,90 a 906,50 milímetros en apenas una semana. Su máximo histórico se remonta a mayo de 2004 (6,5 hm³), y su mínimo, a octubre de 1999, cuando descendió a 0,8.

Descenso suave en Almodóvar. / Hidrosur

Oriana y el “tren” de borrascas

La última en sumarse a la lista fue la borrasca Oriana, que el pasado 13 de febrero marcó un hito: nunca antes se había alcanzado la letra “O” tan pronto en una temporada oficial de temporales con nombre. Con ella ya son catorce: Alice, Benjamin, Claudia, Davide, Emilia, Francis, Goretti, Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Marta y Oriana.

De ellas, nueve han atravesado Andalucía solo en los dos primeros meses del año. El Atlántico ha lanzado un auténtico tren de frentes cargados de agua contra el sur peninsular. Y, sin embargo, al mirar las estadísticas de los embalses del Campo de Gibraltar, 2026 no aparece como año récord. ¿Por qué?

¿Se ha desembalsado antes o ha llovido menos?

La pregunta divide a los expertos. Algunos meteorólogos recuerdan que el clima mediterráneo funciona por ciclos: largos periodos de sequía seguidos de uno o dos años especialmente lluviosos que recargan embalses y acuíferos. Tras las sequías de 1995-96 llegaron años húmedos; volvió a ocurrir en 2009-2010; y ahora, tras tocar fondo en 2025, el patrón parece repetirse.

Otros especialistas creen que la persistencia y la intensidad de los temporales actuales apuntan a un contexto más amplio, en el que el calentamiento global estaría amplificando los episodios de lluvia intensa.

Pero hay un factor técnico que no debe ignorarse: los desembalses preventivos. Liberar agua antes de que el pantano alcance el 100% permite amortiguar avenidas y evitar riesgos aguas abajo. Es posible que, gracias a esa gestión anticipada, los niveles actuales no hayan superado las marcas históricas, aunque la lluvia haya sido muy abundante.

¿Se “tira” el agua al mar?

Cada vez que las compuertas se abren resurge el debate: ¿se está desperdiciando agua? Ingenieros y geólogos rechazan esa visión simplista. El agua que fluye río abajo no desaparece: forma parte del ciclo natural. Alimenta riberas y llanuras aluviales con sedimentos fértiles, facilita el desove de peces, transporta nutrientes hasta los estuarios y contribuye a frenar la erosión del litoral andaluz. Las crecidas limpian cauces, dispersan semillas y revitalizan ecosistemas.

Los embalses son esenciales para el abastecimiento, el riego, la energía hidroeléctrica y el control de avenidas en una región de lluvias torrenciales e irregulares como Andalucía. Pero su proliferación sin medida también tiene costes: evaporación elevada en climas cálidos y alteraciones del régimen natural de los ríos. La naturaleza, como recuerdan los expertos, funciona por equilibrios.

Hoy, los pantanos del Campo de Gibraltar están llenos y bajo control. Las compuertas abiertas no son símbolo de despilfarro, sino de gestión. Y tras años mirando al cielo con angustia, la imagen del agua corriendo vuelve a ser, para muchos, la mejor noticia del invierno.

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