¿Ciclos naturales o cambio climático? La borrasca Marta llegó antes que nunca y ha disparado las alarmas entre los meteorólogos

Jamás se había alcanzado tan pronto a la letra M: el Atlántico encadena temporales de alto impacto y deja lluvias históricas en Cádiz, el Campo de Gibraltar y el sur de España

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El río atmosférico apuntando a la Península justo antes de que la borrasca Marta descargase sobre Andalucía.
El río atmosférico apuntando a la Península justo antes de que la borrasca Marta descargase sobre Andalucía. / Meteored
G.S.G.

Algeciras, 09 de febrero 2026 - 14:10

El nombre ya lo dice todo. Marta no es una borrasca más. Con su llegada, el pasado 5 de febrero, la temporada 2025-2026 ha batido un récord llamativo: nunca antes se había alcanzado la letra “M” tan pronto desde que existen listas oficiales de nombramiento de temporales. El dato no es solo una curiosidad meteorológica: es la señal más clara de que algo excepcional está ocurriendo este invierno sobre el sur de Europa y especialmente sobre Andalucía.

Con Marta ya son 13 las borrascas con nombre en lo que va de temporada: Alice, Benjamin, Claudia, Davide, Emilia, Francis, Goretti, Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo y Marta. Para ponerlo en contexto, el récord anterior lo tenía Myriam, que llegó el 3 de marzo de 2020. Esta vez, la M ha caído casi un mes antes.

Y lo que viene detrás tampoco tranquiliza: tras Marta, la lista del Grupo Suroeste europeo —formado por los servicios meteorológicos de Portugal, España, Francia, Bélgica, Luxemburgo y Andorra— continúa con Nils, Oriana, Pedro y otros cinco nombres más hasta llegar a la W, la última letra disponible.

Un invierno que no se parece a los anteriores

La comparación con la temporada pasada deja aún más claro lo inusual de la situación. En 2024-2025, que arrancó con Aitor el 24 de septiembre y terminó con Oliver el 7 de abril, no se llegó a la letra M (entonces Martinho) hasta el 18 de marzo. Este año, Marta ha irrumpido en plena primera semana de febrero.

Todavía es pronto para saber si la temporada 2025-2026 acabará batiendo récords absolutos de borrascas o de danas de gran impacto. Pero hay algo que ya no admite dudas: el Atlántico está lanzando un auténtico tren de temporales cargados de agua contra el sur de la Península y el norte de África.

Andalucía, en el epicentro del temporal

Las cifras lo confirman. Enero de 2026 ha sido el más lluvioso de los últimos 25 años en la España peninsular, con una media de 119,3 litros por metro cuadrado, según la Aemet. Pero en Andalucía ha llovido muy por encima de esa media, con zonas que directamente han entrado en territorio histórico.

En lugares como la sierra de Grazalema, lo ocurrido entre enero y febrero no tiene precedentes: han sido los meses más lluviosos desde que hay registros. El suelo, saturado tras semanas de lluvias persistentes, se ha convertido en el combustible perfecto para inundaciones y crecidas repentinas.

En los avisos especiales por las borrascas Leonardo y Marta, la Aemet ya advertía de que muchas zonas del sur peninsular presentaban “condiciones de saturación del suelo elevadas”, lo que multiplicaba el riesgo de problemas incluso con lluvias no extremas.

¿Ciclos naturales o cambio climático?

Entre los meteorólogos no hay una única explicación. Algunos expertos recuerdan que el clima mediterráneo funciona por ciclos: largos periodos de sequía seguidos de fases muy lluviosas que se repiten cada 15 o 20 años. En Andalucía ya ocurrió algo similar tras las sequías de 1995-96, volvió a repetirse en 2009-2010 y ahora, tras una sequía muy intensa hasta 2025, el patrón parece regresar.

La teoría es clara: tras tocar fondo, llegan uno o dos años muy lluviosos que recargan embalses y acuíferos.

Pero no todos están convencidos. Otros especialistas señalan que la intensidad y persistencia de los temporales actuales va más allá de lo habitual, y que el calentamiento global está amplificando las lluvias.

El chorro polar, el gran culpable invisible

Para entender por qué no deja de llover, los meteorólogos miran al cielo, pero muy arriba. A unos nueve kilómetros de altura, una corriente de vientos muy rápidos conocida como chorro polar está actuando como una autopista directa de borrascas desde el Atlántico hacia la Península.

Lo insólito no es solo que exista ese pasillo, sino que se mantenga activo durante tantas semanas seguidas. La pérdida de fuerza del chorro polar se relaciona con el rápido calentamiento del Ártico, una de las regiones que más está subiendo de temperatura en el planeta.

A eso se suma otro ingrediente clave: una atmósfera más cálida puede retener más vapor de agua. El resultado son borrascas más húmedas y más intensas, capaces de descargar lluvias muy abundantes en poco tiempo.

¿Y el anticiclón de las Azores? Desaparecido

Otra pieza clave del puzle es el anticiclón de las Azores, el gran escudo que suele proteger a la Península de los temporales atlánticos. En los últimos meses, la llamada oscilación del Atlántico Norte (NAO) se encuentra en fase negativa, lo que significa que ese anticiclón está debilitado y mal colocado.

Sin ese muro de altas presiones, las borrascas encuentran vía libre hacia España y Portugal, entrando de lleno por el oeste y descargando con especial fuerza en Andalucía y el entorno del Estrecho.

Un río de humedad desde el Caribe

Y aún hay más. En su viaje hacia Europa, las borrascas se están alimentando de un auténtico río de humedad procedente del Caribe, un mar que presenta temperaturas muy por encima de la media. No es casualidad: los océanos han absorbido más del 90% del calor generado por el calentamiento global, y ese exceso de energía acaba transformándose en lluvias más intensas.

¿Qué podemos esperar ahora?

La combinación de todos estos factores —chorro polar alterado, anticiclón ausente, océanos más cálidos y suelos saturados— explica por qué este invierno está siendo tan excepcionalmente húmedo en el sur de España.

Aún harán falta estudios específicos para medir con exactitud la huella del cambio climático en este episodio concreto. Pero para muchos expertos, las señales están ahí: temporales más potentes, más persistentes y con mayor capacidad de causar impactos.

Mientras tanto, Andalucía sigue mirando al cielo. Y el nombre de Marta ya ha quedado marcado en el calendario como la borrasca que confirmó que este invierno no es uno cualquiera.

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