El pantano de Guadarranque, al 82% tras semanas desembalsando, en imágenes
El embalse de Castellar de la Frontera multiplica su volumen en un año y se acerca a niveles críticos ante la llegada de la borrasca Leonardo
Vídeo: Charco Redondo, al 92% y al límite antes de la borrasca Leonardo: el pantano que ya no admite más agua
El embalse de Guadarranque, en el término municipal de Castellar de la Frontera, ofrece estos días una estampa tan espectacular como reveladora del momento hidrológico que atraviesa el Campo de Gibraltar. Tras semanas desembalsando de forma continuada y después del paso de varios temporales atlánticos, el pantano se encuentra ya al 82% de su capacidad, con 67,96 hectómetros cúbicos almacenados, frente a una capacidad máxima de 83,15 hm³.
El salto es especialmente significativo si se mira un año atrás. En estas mismas fechas de 2025, el Guadarranque acumulaba 30,38 hm³, menos de la mitad del volumen actual. Una evolución que explica la preocupación con la que se observa ahora la llegada de nuevas lluvias asociadas a la borrasca Leonardo.
Junto al embalse de Charco Redondo, el de Guadarranque constituye una pieza clave para el abastecimiento de agua del Campo de Gibraltar, garantizando el suministro a los municipios de Algeciras, Los Barrios, San Roque, La Línea de la Concepción, Jimena y Castellar de la Frontera, además de atender a la potente demanda industrial del entorno de la Bahía de Algeciras y al regadío de amplias zonas agrícolas.
Desde lo alto del castillo de Castellar, las vistas del embalse reflejan con claridad la magnitud de un pantano que almacena agua destinada al consumo humano, a la industria y al riego de unas 5.000 hectáreas en las vegas del Guadarranque, Palmones y Hozgarganta. La presa se sitúa aguas abajo de la confluencia del río Guadarranque con el arroyo de los Codos, su principal afluente.
La explotación del embalse comenzó en 1965, con su primer llenado parcial. Seis décadas después, y con el terreno saturado y los cauces al límite, el Guadarranque vuelve a ser protagonista de un escenario en el que la pregunta es inevitable: si sigue lloviendo, ¿cuánto margen real queda antes de que el riesgo de inundaciones vuelva a activarse?
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