Noche de Reyes
Cuentos del Natal
Imposible el sueño. La tarde de luz apagada pero limpia, frío de invierno; la noche de hogar encendido devorando leña, calor de sofá; la cena de risas y nervios, tele de niños; el acostarse imposible también con la espera infinita, noche de Reyes. Justo antes de la cama la bandeja con polvorones, un vasito de leche, agua para los animales y aguardiente para algún Rey borrachín, hasta bombones sabiendo que el chocolate sienta mal.
Hubo silencio de dormir profundo, tan sólo las estrellas gritaban cintilando en un cielo despejado y brillante de astros lejanos. La niña se despertó pero enseguida la oscuridad la desilusionó, porque si hubiera sido la hora de levantarse la luz del día habría inundado la casa; a pesar de ello llamó a su hermano, todo estaba casi callado, apenas unos rebotes de las luces del exterior por las persianas, un poco levantadas, los contornos del mobiliario difusos e irreconocibles, un leve jadeo regular como respiración entrecortada, los dos hermanos caminando por el pasillo asustados de tanta ilusión...
-¡... los camellos! ―susurró ella con una mueca socarrona.
Y llegaron hasta la entrada de la habitación desde la que salía el resuello animal, ella empujó un poco la puerta: allí estaban mamá y papá montados.
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