Desconcierto en el Campo de Gibraltar por mantener las clases con alerta naranja y rachas de hasta 100 km/h

Padres y docentes cuestionan la decisión de la Junta de no suspender la actividad lectiva pese a la borrasca Kristin, las incidencias en las calles y los problemas en los propios centros

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Un árbol se desploma dentro del IES Torrealmirante, en Algeciras, rompiendo parte del muro del centro.
Un árbol se desploma dentro del IES Torrealmirante, en Algeciras, rompiendo parte del muro del centro. / E.S.
G.S.G.

Algeciras, 28 de enero 2026 - 12:27

El viento sacudía con fuerza las puertas de los colegios a primera hora de la mañana y, junto a él, la indignación de muchas familias. La Junta de Andalucía decidió mantener este miércoles, 28 de enero, la actividad lectiva en prácticamente todo el Campo de Gibraltar, a pesar de la alerta naranja por viento y fenómenos costeros activada por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) a raíz de la borrasca Kristin. Solo Jimena de la Frontera, San Martín del Tesorillo y las barriadas sanroqueñas de Taraguilla y Estación quedaron al margen de esta decisión, que sí se aplicó al resto de municipios de la comarca, incluida Algeciras.

La medida ha generado un notable desconcierto entre padres y profesores, especialmente al compararla con lo ocurrido en otros territorios con el mismo nivel de riesgo meteorológico. “Es una irresponsabilidad”, repetían algunos progenitores en las entradas de los centros. “La prevención está por encima de todo”, añadían, mientras recordaban que en Ceuta, al otro lado del Estrecho, las clases sí han sido suspendidas. “Nos dicen que evitemos desplazamientos innecesarios, pero llevar a los niños al colegio sí era necesario”, lamentaba una madre.

Las quejas no se quedaban solo en el trayecto. Dentro de los propios centros, la normalidad académica era, en muchos casos, más teórica que real. Así lo resume el director de un colegio de Algeciras en un mensaje remitido a Europa Sur, en el que cuestiona “los límites de las declaraciones de emergencia” ante una borrasca con rachas de viento de hasta 28 metros por segundo, equivalentes a 100 km/h, un nivel 10 en la escala de Beaufort. “Los centros están abiertos y las plantillas en sus puestos, pero en muchos casos no se pueden dar clases medianamente normales”, explica.

A la falta de suministro eléctrico en numerosos colegios e institutos —provocada por la caída de líneas de alta tensión— se suman goteras, cubos en pasillos y aulas, ventanas cimbreándose con cada racha de viento y problemas de climatización. “Hay niños pegados a los cristales”, alertan docentes.

La Consejería de Desarrollo Educativo comunicó la decisión a través de Ipasen en la tarde del martes, aclarando que no se suspendían las clases, aunque sí se limitarían las actividades al aire libre. Educación Física y recreos se trasladaron a espacios interiores, apelando a extremar las precauciones durante la jornada.

Mientras tanto, el temporal dejaba ya desde primera hora de la mañana una cascada de incidencias en la comarca, especialmente por caída de árboles, ramas, cartelería y postes, consecuencia directa de las fuertes rachas de viento y la lluvia persistente. Uno se desplomó dentro del instituto Torrealmirante, en Algeciras, rompiendo parte del muro del centro, y un segundo IES Sierra Luna, de Los Barrios. En cuanto al Torrealmirante, los padres han recibido este mediodía un mensaje sobre la suspensión de actividades en el resto de la jornada debido a las inclemencias meteorológicas del tiempo. "La vía de acceso al centro está cortada por motivos de seguridad. El personal que había en el centro ha sido evacuado con normalidad", ha informado el instituto algecireño.

Los equipos municipales, según subrayan los responsables educativos, han estado “al pie del cañón” atendiendo emergencias y tratando de minimizar daños.

Con carreteras afectadas, colegios sin luz a ratos y un temporal que sigue dejando incidencias, la decisión de mantener abiertas las aulas ha avivado el debate entre seguridad y normalidad. Un debate que, este miércoles, se colaba entre mochilas, paraguas y miradas de incredulidad a las puertas de los colegios del Campo de Gibraltar.

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