Campo de Gibraltar: el día después del tratado
Al sur del Sur
Gibraltar tiene un plan trazado, que viene preparando desde 2016 tras la victoria del sí en el referéndum del Brexit. ¿Qué hoja de ruta seguiremos quienes permanezcamos a este lado de la Verja, próxima a desaparecer?
Gibraltar, la nueva Mónaco al sur de Europa
El pasado miércoles y a través de una de sus muchas notas públicas de carácter técnico, el Gobierno de Gibraltar ofreció algunos detalles del futuro tratado entre la UE y Reino Unido, referentes a la unión aduanera de la colonia con el resto del continente. Dicho acuerdo permitirá la libre circulación de mercancías entre ambos territorios, sin que ello comporte que el Peñón se incorpore al Territorio Aduanero de la UE. Esa información se sumaba a la ofrecida el día anterior por la Federación de la Pequeña Empresa de Gibraltar tras reunirse con el ministro principal, Fabián Picardo, quien abordó la entrada en vigor en la Roca de los nuevos impuestos al consumo a fin de acercarse a los tipos impositivos vigentes en la UE, a fin de evitar el dumping fiscal.
Tanto lo referente a la cuestión aduanera como a los impuestos ya había sido puestos sobre la mesa de manera generalizada en Bruselas el 11 de junio de 2025, tras la firma del “acuerdo político” entre la UE, España, Reino Unido y Gibraltar. Las cuatro partes se pusieron entonces como meta lograr una "igualdad de condiciones" en los ámbitos de "fiscalidad, trabajo, medio ambiente, comercio, desarrollo sostenible, lucha contra el blanqueo de capitales y transporte, incluyendo el aeropuerto" llanito, en referencia a su uso conjunto. Ante objetivos tan destacados, se agradece el ejercicio de transparencia por parte de las autoridades del Peñón.
No se puede decir lo mismo sobre la información a cuentagotas que vienen ofreciendo los responsables españoles en el proceso, a quienes les cuesta exponer su versión y responder a las grandes interrogantes existentes aún en torno a un tratado que marcará durante las próximas décadas el futuro del Campo de Gibraltar y, particularmente, de La Línea de la Concepción.
El acuerdo sobre Gibraltar se articula sobre dos de los cuatro pilares fundacionales de la Unión, presentes en el Tratado de Roma de 1957, la libertad de movimiento de personas y mercancías, dejando a un margen la libertad de movimientos de servicios y capitales. ¿Suficiente para convertir a la colonia británica en la nueva Mónaco europea ansiada por Picardo, centrada en el mundo de la banca, el juego online y la Inteligencia Artificial con una baja tributación? La respuesta parece ser afirmativa y que ese es el camino, máxime si el tratado logra poner algo de coto al contrabando de tabaco, el lavado de dinero y diversas prácticas en el ámbito financiero con las que la UE no comulga.
¿Por qué no dotar a La Línea de un régimen fiscal específico en algunos ámbitos para que pueda competir con sus vecinos?
Gibraltar tiene un plan trazado. Y lo viene preparando casi desde la victoria del sí en el referéndum del Brexit, el 23 de junio de 2016. La cuestión pendiente y que más nos interesa a quienes permanezcamos a este lado de la Verja, próxima a desaparecer, es qué hoja de ruta seguiremos una vez el tratado vea la luz.
No solo falta mucha información por parte de la UE y de España sobre lo pactado, sino que tampoco se ha realizado un diagnóstico detallado sobre la realidad del Campo de Gibraltar ni, mucho menos, se ha analizado con detenimiento el impacto que tendrán las medidas del tratado en las empresas y las personas. ¿Habrá un desplazamiento de los negocios a la Roca para aprovechar el diferencial impositivo que aún quedará pese a la prometida “nivelación fiscal? ¿Habrá igualdad en las pensiones, las pasadas y las futuras? ¿Cuál será el impacto en materia de vivienda en los municipios cercanos al Peñón? ¿Y en las comunicaciones por tierra? ¿Qué plazo se establece para que Gibraltar empiece a depurar sus aguas residuales? Y en el caso de La Línea, ¿por qué no dotarla de un régimen fiscal específico en algunos ámbitos para que pueda competir con sus vecinos?
España y la UE renuncian de forma expresa a controlar el acceso al espacio Schengen del personal y el material militar que entren por la colonia
Hay muchas más cuestiones de carácter práctico, por así decirlo, pero también las hay de un profundo perfil político, como el hecho de que el uso conjunto del aeródromo dé carta de naturaleza a la usurpación británica del istmo, o que España y la UE renuncien de forma expresa a controlar el acceso al espacio Schengen del personal y el material militar que entren por la colonia. ¿Aceptaría Reino Unido que miembros de las fuerzas armadas de cualquier país pudieran entrar en su territorio nacional a través de una base militar (porque eso es Gibraltar, ni más ni menos) sin controlar directamente de sus pasaportes? Conocemos de sobra la respuesta.
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