La borrasca Francis destruye más del 30% de los cultivos de aguacate y deja millones en pérdidas en el Campo de Gibraltar

Los vecinos de Jimena y Tesorillo siguen sacando muebles del barro seis días después del aguacero del domingo: "Fue horroroso, lo nunca visto"

Fotos de las consecuencias de la borrasca Francis en Tesorillo y Jimena

Efectos de la borrasca Francis en Tesorillo

"Es horroroso, lo nunca visto". El lamento es del alcalde de Tesorillo, Jesús Fernández Rey, todavía con los pies en el barro en su propia casa mientras saca muebles y enseres destrozados por la riada. Han pasado seis días desde que la borrasca Francis abriera el cielo sobre el Hozgarganta y descargara hasta 280 litros por metro cuadrado en algunos puntos. El río colapsó desde su cabecera en la sierra del Aljibe y arrasó con el torrente todo lo que encontró a su paso por Jimena, Castellar y hasta Tesorillo. Durante más de treinta horas, el agua embraveció los arroyos, derribó árboles, provocó corrimientos de tierra y piedras que cortaron carreteras. Y dejó barro, que irrumpió en viviendas y destrozó cultivos. Y miedo entre los vecinos - algunos de ellos, evacuados de sus viviendas- por el temor de que lo que nunca había ocurrido con tanta virulencia vuelva a suceder.

Efectos de la borrasca Francis en Jimena

En unos municipios en el que muchos vecinos viven de la agricultura, las pérdidas se calculan en millones de euros. Porque a la lluvia torrencial siguió un lunes con una pronunciada bajada de las temperaturas. Durante 12 horas, en muchos campos, los aguacates estuvieron a tres grados bajo cero. La tormenta perfecta. Aunque todavía los agricultores -como todos los vecinos- hacen balance de los daños, lo más probable es que se haya perdido más del 30% de los frutos, según calcula Jose Andrés Ramos Blanquer, director técnico de Agropeco, empresa especializada en este cultivo que forma parte importante de la Asociación de Productores de Aguacates de Andalucía (Aproaga) y es secretario de la Comunidad de Regantes de San Pablo de Buceite. La naranja, que ocupa ya unas pocas hectáreas, igual.

Hasta que no pasen 10 días no sabrá el daño que el frío y la lluvia han hecho en los campos de cultivo de Jimena, Tesorillo y hasta Castellar. En otras zonas, como Los Barrios, se han salvado porque ni el agua ni la helada fueron tan intensas. La próxima semana, los aguacates empezarán a oscurecerse hasta morir y caerse. Todo eso, recuerda Ramos Blanquer, cuando los agricultores confiaban en una temporada salvadora tras años de sequía. La ruina después de la ruina.

Entre tanto, los propietarios de las fincas han comenzado a dar parte a los seguros. Ahí está su otro frente. Conseguir que las entidades aseguradoras, agrupadas en Agroseguro, en colaboración con el Estado, acceda a cubrir estos cultivos por los daños causados por las bajas temperaturas, algo que hasta ahora no sucede en el Campo de Gibraltar y sí, por ejemplo, en la cercana provincia de Málaga. 

"Tengo que tirarlo todo"

Ana, una vecina de Tesorillo fue el domingo a ver cómo estaba la cosa en una casa que tiene en Montenegral Alto. Llovía mucho y el canal estaba ya al filo de la carretera. Se puso al limpiar un poquito y, como estaba cansada, se echó "una chispita" en el sofá. Cuando se levantó, el río era otro. Más virulento, un monstruo desbordado. La mujer se montó en el coche corriendo y, cuando llegó a la curva, el agua se había comido la mitad de la vía. "Por quince minutos creo que no habría podido salir", explica en declaraciones a Vanessa Pérez. Ahora, Ana está como muchos sacando enseres que tendrá que tirar. "Tengo que tirarlo todo. Hasta los colchones están destrozados, la fuerza del agua arrancó puertas", lamenta. El río subió hasta los 5,29 metros de altura. Ana señala la marca. "Hasta aquí llegó", dice.

En Jimena no sólo se cortaron carreteras. También las conexiones telefónicas e internet. Fran Gómez, el alcalde, considera la interrución "increíble y vergonzosa". Eso es ahora. Aquel día no tuvo ni tiempo de enfadarse, ocupado en comunicarse con los servicios de emergencias con un walkie-talkie. Hasta el jueves no volvió a funcionar la red. Ahora, el Ayuntamiento estudia pedir la declaración de zona catastrófica. "Creemos que se reúnen las condiciones para solicitarlo", confía Gómez, quien hace un repaso de los estragos: caminos rurales completamente intransitables, viviendas sumergidas bajo el agua, infraestructuras eléctricas dañadas que provocaron apagones, y una carretera que conecta con la Bahía de Algeciras que quedó cortada, dejando al pueblo literalmente aislado.

Las fuerzas de seguridad se tuvieron que afanar durante el domingo para controlar el paso por las carreteras, evitar el uso de viales cortados e incluso para rescatar a varias personas que se habían quedado aisladas en fincas. En Castellar, las balsas de agua cubrieron la vía del tren e interrumpieron el servicio ferroviario, de pasajeros y mercancías, desde y hasta la estación de Algeciras.

La pregunta queda en el aire es: ¿está el Campo de Gibraltar preparado para soportar estas riadas? Muchos vecinos le cotestarán que no. Sus argumentos son los mismos de los que, desde hace años, reclaman mejoras en las infraestructuras de una comarca a la que las cada vez más agresivas condiciones metereológicas ha puesto en jaque. No es la primera vez, pero sí, quizás como nunca antes.

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