Tomás de Perrate | Crítica La chacona "ar gorpe"

Tomás de Perrate ayer en las tablas del Lope de Vega. Tomás de Perrate ayer en las tablas del Lope de Vega.

Tomás de Perrate ayer en las tablas del Lope de Vega. / Efe/Pepo Herrera

Tomás de Perrate vuelve a la Bienal con el mismo equipo y espíritu con el que renovó su mensaje hace dos años. Que un intérprete tan reputado y de inequívoca genealogía jonda como Tomás de Perrate asuma la chacona, las jácaras y las zarabandas, de esas de las que la Preciosilla de Cervantes, en su novela La Gitanilla, "salió rica", podríamos situarlo en la línea de un proceso de normalización en la asunción de nuestra historia y nuestro presente jondo que, esperemos, tiende a desterrar del todo nebulosas etapas herméticas y demás zarandajas. Algunas de estas danzas, versos y cantos barrocos, que se encuentran en el origen del flamenco, formaron parte de estos Tres golpes.

O no. Quizá lo que ocurre, más verosímilmente, es que el cantaor se ha enamorado de estas deliciosas melodías y textos y los ha incorporado en su obra, de la misma manera que ha incorporado el tango porteño que, aunque no lo parezca, o sí, también tiene sus conexiones con lo jondo. Sin embargo me parece que Tomás de Perrate, que no es un historiador ni lo pretende, ha extraído todo el jugo flamenco que hay en el Sarao de la chacona. La composición de Juan Arañés es un best seller desde 1624 y volverá a serlo cuando el disco que está a la base de este espectáculo, o viceversa, se grabe. También los romances y las seguidillas, que hoy tienen excelsas versiones jondas, están en el origen de este arte y Tomás de Perrate hizo sendas versiones maravillosas de los mencionados estilos. En el romance alternó la melodía de La monja a la fuerza con la soleá bailable mairenista, con un final apoteósico, o apocalíptico, a cargo de las percusiones, el contrabajo y los teclados. Las percusiones académicas de mediados del siglo XX. Los teclados psicodélicos de finales de los años 60 de ese mismo siglo. Todas son músicas de tradición, por tanto, como las seguidillas de Alosno en las que Tomás de Perrate se divirtió y nos divirtió.

Por supuesto, no faltó el repertorio paterno. Perrate fue uno de los genios jondos de la pasada centuria. Intensas las seguiriyas, que también desembocaron en una fuga sonora de percusión y teclados. Deliciosas las soleares, acaso el estilo en el que más huella dejó Perrate, así como en las bulerías, donde su hijo Tomás jugó a placer, una vez más, con el compás.

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