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El importante año 1852, sus publicaciones y la Benemérita

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XXXV)

La Guardia Civil consolidó una institución estatal ejemplar al combinar honor, servicio y sacrificio con adaptación a la normativa vigente

Las reformas normativas de 1852 y el liderazgo estable del Duque de Ahumada afianzaron la continuidad histórica de la Benemérita

La entrega y traslado del bandido "Zamarra" por la Benemérita

Publicación en la 'Gaceta de Madrid' del primer relevo del Duque de Ahumada en la Benemérita (1854).

- Coronel de la Guardia Civil (R) y doctor en Historia

Algeciras, 02 de febrero 2026 - 04:00

La Benemérita desde su fundación siempre ha mantenido, además del honor por divisa -lo cual constituye su principal valor-, un significativo espíritu de servicio y sacrificio. Y junto a sus recios pilares fundamentales ha sabido compaginarlos con la legislación y normativa vigente en cada momento, desde hace ya casi 182 años.

El Guía del Guardia Civil, que tenía como subtítulo “periódico dedicado al Cuerpo”, en su ejemplar núm. 7, correspondiente al 1 de diciembre de 1850, comenzaba: “Todas las instituciones, todos los gobiernos, toda corporación cuando tratan de crear, tienen graves inconvenientes que vencer. La Guardia Civil, por lo mismo que era una institución nueva, necesitaba superarlos; y como el público había visto otros ensayos frustrados, también creyó que éste se frustraría. En 1824 se organizaron los celadores reales con la fuerza de seis a setecientos caballos, y acabaron por disolverse al poco tiempo de su creación. En tiempo de la Reina Gobernadora, se creó el cuerpo llamado de Salvaguardias, cuya organización, tampoco debió corresponder, pues igualmente fue disuelto; y de aquí la principal causa para que el público dudase de que se llevase a cabo el establecimiento de la Guardia Civil.”

Llegado el año 1852 se aprobaron, aunque poco conocidos, la segunda Cartilla del Guardia Civil, el segundo Reglamento de Servicio de la Guardia Civil y el segundo Reglamento Militar de la Guardia Civil, todo por real orden de 29 de julio, real decreto de 2 de agosto, y real orden de 17 de octubre, respectivamente.

Aunque siempre se ha dado, lógicamente, una gran y merecida relevancia a los primeros reglamentos de 1844 y la “Cartilla” de 1845, reeditados conmemorativamente tantas veces y por lo tanto tan conocidos, hay que reconocer también la trascendencia que tuvieron los nuevos documentos que, oportuna y acertadamente, les sucedieron.

Se había forjado y se había afianzado, por primera vez en la historia policial española, una firme y sólida Institución de Seguridad Pública estatal, que en constante evolución ha llegado hasta la actualidad. Ello había sucedido tras un corto periodo de tiempo, de tan sólo ocho años transcurridos desde su creación. Primero por real decreto de 28 de marzo de 1844, bajo el gobierno del gaditano Luis González-Bravo López de Arjona, y después, con su modificación y puesta en funcionamiento, por real decreto de 13 de mayo siguiente, bajo el gobierno del teniente general granadino Ramón María Narváez Campos.

Éste, por cierto, había sido elegido diputado titular por las provincias de Cádiz y Sevilla, en las elecciones del 22 de septiembre de 1837, optando finalmente por esta última. Gracias al magnífico trabajo del coronel de Artillería (r) Juan Antonio Gómez Vizcaíno, publicado recientemente en la “Revista de Historia Militar”, se detalla que Narváez, después de unos complejos sucesos conspiratorios acaecidos en noviembre del año siguiente en Sevilla, tuvo que refugiarse temporalmente, a partir del 1º de enero de 1839, en la colonia británica de Gibraltar. Tras una ajetreada navegación marítima en diferentes embarcaciones de distintas nacionalidades, iniciada entre las localidades gaditanas de Sanlúcar de Barrameda y Chipiona, había terminado desembarcando en Gibraltar. Allí permaneció hasta mediados de octubre de 1840, antes de seguir exiliándose a Portugal, Inglaterra y Francia.

Posteriormente, y tras otros muchos hechos, Narváez, además de ser ascendido a teniente general el 22 de julio de 1843, por el gobierno provisional en nombre de la entonces jovencísima reina Isabel II, se le confirió el 10 de agosto siguiente, el cargo de “capitán general del primer distrito (Castilla la Nueva)”, siendo nombrado poco después, por real decreto de 27 de octubre, senador por la provincia de Cádiz. Cada vez más en alza, por real decreto de 5 de enero de 1844, en atención a sus “relevantes méritos y eminentes servicios”, se le elevó “a la dignidad de capitán general del ejército”. Y finalmente, tras la dimisión admitida el 3 de mayo siguiente, de González-Bravo, como ministro de Estado y presidente del consejo de ministros, Narváez fue nombrado por real decreto de misma fecha, ministro de la Guerra, así como presidente de dicho consejo, haciéndose constar su condición de senador por la provincia de Cádiz.

Regresando al relato dedicado a la Guardia Civil, hay que recordar que, desde su creación, en 1844, hasta esta segunda tanda de disposiciones normativas de 1852, España tuvo diecinueve ministros de la Gobernación y dieciocho ministros de la Guerra, mientras mantuvo a la misma persona al frente de la Benemérita. Ello fue fundamental para que no sucediera lo mismo que con las anteriores instituciones policiales del Estado, que habían ido desapareciendo una tras otra.

Sin embargo, el II Duque de Ahumada, Francisco Javier Girón Ezpeleta, no sólo permaneció al frente de la Guardia Civil todavía dos años más, concretamente hasta el 1º de agosto de 1854, sino que volvió a dirigirla por segunda vez, por real decreto de 12 de octubre de 1856, hasta el 1º de julio de 1858, siendo nombrado el 2 de junio de 1862, comandante general del “Real cuerpo de Guardias Alabarderos”, a cuyo frente permanecería hasta el 15 de julio de 1866.

Por otra parte, hay que significar que la Gaceta de Madrid, antecedente histórico del Boletín Oficial del Estado, publicó el 18 de noviembre de 1852, en su sección de “Noticias varias”, una nota con los títulos de los 86 periódicos, “entre chicos y grandes”, que entonces se publicaban en Madrid. Buena parte de esos medios se difundían por todo el territorio nacional, principalmente por el método de la suscripción. La provincia de Cádiz, y su Campo de Gibraltar, recibían un número considerable de ejemplares de diferentes medios, entre los que destacaban, en este caso, los de carácter militar.

Entre estos últimos, mencionados expresamente en dicha sección de noticias, se encontraban, por orden de citación, el Boletín Oficial del Ejército, el Guía del Carabinero, el Guía del Guardia Civil, La Gaceta Militar, La Revista Militar, el Memorial de Artillería y el Memorial de Ingenieros. Por cierto, aunque no se citaba en dicha reseña, también hay que mencionar el Memorial de Infantería, que el 1 de noviembre de 1852, casi tres semanas antes de dicha reseña, acababa de editar su primer número. Todos ellos se difundirían en nuestro Campo de Gibraltar.

(Continuará).

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