La entrega y traslado del bandido "Zamarra" por la Benemérita
La Guardia Civil en Algeciras (XXXIV)
Las fuentes hemerográficas permiten reconstruir hechos históricos contrastando información, interpretando procesos institucionales y verificando acontecimientos documentados por la prensa contemporánea
Las crónicas periodísticas narran la captura y ajusticiamiento de Zamarrilla, destacando la actuación de la Guardia Civil en 1851 histórica
La puesta en valor en 1850 del 'Guía del Guardia Civil'
El análisis y estudio de las fuentes hemerográficas es muy importante en la labor de los historiadores para poder explicar, y en su caso interpretar, las cuestiones relacionadas con la creación, desarrollo, existencia e incluso desaparición de las instituciones. Si bien no siempre todo lo que se publicaba era cierto o había acontecido como se detallaba, sí resulta de gran utilidad, entre otras fuentes, la consulta de publicaciones de la época interesada para obtener información, contrastarla, desacreditarla, investigarla y así un largo etcétera.
Sin embargo, cuando no se dispone de dichas fuentes hemerográficas, bien porque han desaparecido por cualquier causa o simplemente no han existido, por la razón que fuera, resulta mucho más difícil acreditar su supuesto protagonismo, por mucho interés que surja a posteriori por reescribir una historia que no se puede verificar o que simplemente, por cualquier finalidad, se desea inventar.
Afortunadamente en el caso concreto de la Benemérita, ello no sucede, pues no sólo se conserva una abundante y muy detallada colección legislativa de documentos desde su fundación y posterior desarrollo, sino que la prensa de la época, al desplegarse los guardias civiles por todo el territorio nacional, reseñó sus innumerables actuaciones y servicios. A ello hay que sumar la publicación de medios de prensa específicos como el Guía del Guardia Civil, desde octubre de 1850, y del que nos venimos refiriendo en los últimos artículos, seguido, años después, de El Mentor del Guardia Civil, y continuado por el Boletín Oficial de la Guardia Civil, que hoy día se sigue editando.
En esta ocasión se va a acudir a diversas fuentes hemerográficas, de titularidad pública y privada, para reseñar un hecho acaecido en 1851 en nuestro Campo de Gibraltar, con mención expresa de Algeciras, entre otros términos municipales de nuestra comarca, y a los que toda la prensa nacional de la época hizo referencia concreta en varias ocasiones.
Se trata de la captura y posterior ajusticiamiento de uno de los criminales más conocidos de la época por estas latitudes, que dirigía una de las principales bandas delincuenciales que entonces existían. Se trataba del “célebre bandido Cristóbal Ruiz Bermúdez”, tal y como lo citaba la prensa de la época. Era conocido por los apodos de “Zamarra” y “Zamarrilla”, nacido -según contaban- en el año 1796 en la localidad malagueña de Igualada, sita en Sierra de Ronda, a unos veinte kilómetros al sur de dicha ciudad. Mucho tiempo después, durante parte de la Segunda Guerra Mundial y su inmediata posguerra, todo ese territorio perteneció a la Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras, conformando su Compañía de Ronda, razón por la cual no se puede desentender de nuestro Campo de Gibraltar.
Siguiendo con nuestro siglo XIX, hay que recordar la nota que se publicaba en El Español, periódico madrileño, pero de difusión nacional. Concretamente el 9 de octubre de 1851 relativa a la llegada a Tarifa de dicho criminal: “Tenemos en la isla de esta plaza al célebre bandido Cristóbal Ruiz Bermúdez, conocido por Zamarrilla, y su compadre Diego Palomeque (a) Palomo. Parece que han sido aprehendidos en Tetuán por el vice-cónsul de nuestra nación, y trasladados a Tánger y después a esta ciudad a disposición del gobernador militar. Zamarra es hombre joven, de buen despecho y maneras, produciéndose con el aplomo propio de un héroe de su clase. Palomo es hombre hecho y brusco bastante: cuentan que han sido robados en Tetuán, y sea o no exacto, ello es que no tienen medios para subsistir y se les socorre como a los demás presos; muchas personas han visto a los aventureros no por mera curiosidad sino por cerciorarse de que semejantes fieras se hallaban ya enjauladas e imposibilitadas de continuar sus estragos; luego que concluya el término de la observación sanitaria en que se hallan, marcharán a disposición de la autoridad superior militar del distrito. Nada más notable ocurre por este rincón”.
Tras tan reconvenida crónica, el periódico publicaba a renglón seguido, la nota remitida sobre ese mismo asunto por el entonces gobernador civil de Cádiz, Melchor Ordóñez Viana, quién al año siguiente sería, durante unos meses, ministro de la Gobernación.
“Según comunicación oficial que he recibido por el correo de hoy, habiendo reclamado el señor comandante general del campo de Gibraltar (se trataba del mariscal de campo Eusebio Calonge Fenollet que década y media después sería ministro de Marina y seguidamente de Estado) a las autoridades de Tánger los bandidos Zamarra y Palomeque que desde Gibraltar habían pasado a aquella ciudad, fueron entregados al señor cónsul de España y remitidos por éste a Tarifa, desde donde después de cumplir el buque que los condujo una cuarentena de tres días debía hacerse cargo de ellos el capitán de la guardia civil don Juan Morilla (teniente de Caballería de la Benemérita y capitán graduado del Ejército Juan Morillas Casas, jefe de la Sección de San Roque de la Guardia Civil de la provincia de Cádiz), para conducirlos a Algeciras y desde allí a Granada, cuyo capitán general los tiene reclamados. Y creyendo de sumo interés esta noticia para los habitantes de la provincia, he dispuesto anunciarlo al público por medio del Boletín Oficial y periódicos de esta plaza”.
Trasladados finalmente los detenidos hasta Málaga por la Guardia Civil, y puestos a disposición del teniente general José Luciano Campuzano, capitán general de Granada, se procedió rápidamente a su enjuiciamiento. La Gaceta de Madrid del 19 de noviembre de 1851 publicó el siguiente despacho telegráfico: “El Gobernador de la provincia de Málaga (Simón de Roda Rodríguez, que anteriormente había sido gobernador civil de Cádiz) participa a éste Ministerio en 14 del actual, con referencia al Alcalde de Igualada, que el día 10 del mismo había sufrido Cristóbal Ruiz Bermúdez, alias Zamarrilla, la pena de muerte que le fue impuesta por el Consejo de guerra celebrado en aquella capital y que concluida la ejecución fue conducido el cadáver a la ciudad de Ronda”.
Tres días más tarde, el 22 de noviembre, la Gaceta de Madrid publicaba también que el capitán general de Granada había dado parte de que el “Zamarra” había sido sentenciado a la pena de muerte, la cual se sufrió el 10 del corriente en la villa de Igualeja, centro del teatro de sus muchos crímenes y correrías”.
Continuará.
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