El recorrido de el 'Guía del Guardia Civil' y el 'Guía del Carabinero'
La Guardia Civil en Algeciras (XXXII)
Las primeras publicaciones periódicas de Guardia Civil y Carabineros marcaron el origen informativo institucional y su posterior oficialización histórica española
El Cuerpo de Carabineros evolucionó entre carácter civil y militar hasta su reorganización definitiva e integración posterior en Guardia Civil
El legado del 'Guía del Guardia Civil' y el 'Guía del Carabinero'
Como decíamos en el anterior capítulo, el “Guía del Guardia Civil”, aunque no fuera una publicación oficial, como igualmente sucedía entonces con otras publicaciones referidas a otras instituciones, fue la primera que hubo de carácter periódico dedicada al benemérito Instituto. Éste carecía entonces de un boletín oficial. Su primer número había sido editado el 1º de octubre de 1850, continuándose hasta el 20 de julio de 1855 inclusive. Seguidamente fue sustituido por "El Mentor del Guardia Civil", precedente del actual “Boletín Oficial de la Guardia Civil”.
Sin embargo, cuando tres meses después, concretamente el 4 de enero de 1851, se inició la publicación periódica de “El Guía del Carabinero”, que al principio tampoco era una publicación oficial, pero que trataba exclusivamente de lo que interesaba en dicho Instituto, sí que terminó siéndola para el Cuerpo de Carabineros del Reino, prosiguiendo su edición en tiempos republicanos.
Prosiguiendo con dicho Instituto, que por la Ley de 15 de marzo de 1940 fue integrado en el Cuerpo de la Guardia Civil y que tanta relevancia tuvo durante más de un siglo en toda España, muy singularmente en el Campo de Gibraltar, cuya cabecera comarcal estuvo en Algeciras. No en vano se creó una nueva Comandancia de Carabineros en 1878, segregándose de la de Cádiz.
Así, por real decreto de 25 de noviembre de 1834, el Cuerpo de Carabineros de costas y fronteras se denominó Cuerpo de Carabineros de la Real Hacienda, pasando todos sus integrantes a ser empleados de dicho ministerio. Si bien perdió su fuero de guerra, teniendo ya carácter civil, conservó la organización militar y la nomenclatura de los empleos. Su inspección quedó a cargo de la Dirección General de Rentas estancadas, con inmediata dependencia del Ministerio de Hacienda, auxiliado posteriormente por la Sección de Resguardos, creada por real orden de 25 de abril de 1837.
Sin embargo, el carácter civil que se le había dado no resultó satisfactorio en su servicio peculiar ya que, por real decreto de 2 de junio siguiente, se dio una planta especial a la Comandancia de Madrid. Si bien no varió su índole civil y dependencia del Ministerio de Hacienda, recibió una organización militar y hasta un edificio para cuartel, sirviendo, “como de ensayo para la reorganización de las demás del Cuerpo”, llevándose a efecto por el reglamento de 31 de agosto de 1838.
Por otra parte, es importante resaltar que por real orden de 28 de mayo de dicho año quedaron todos sus miembros sujetos al consejo de disciplina del antiguo reglamento militar del Cuerpo de Carabineros de costas y fronteras, parte del cual seguía en vigor, aunque sin fuero de guerra. Apenas cuatro años después, se decidió volver por razones de necesidad, moralidad y eficacia, al fuero y naturaleza militar inicial del Cuerpo, siendo dos personas muy relevantes los verdaderos artífices de ello.
En primer lugar, quien fue en 1829 el organizador del Cuerpo de Carabineros de costas y fronteras, el Marqués de Rodil, que en 17 de junio de 1842 había sido nombrado presidente del Consejo de Ministros, ostentando también la cartera del Ministerio de la Guerra. Y, en segundo lugar, el mariscal de campo Martín José de Iriarte Urdániz. Designado Inspector de Resguardos del Ministerio de Hacienda, por real decreto de 6 de agosto siguiente, se le encomendó, al igual que casi dos años después se haría con el Duque de Ahumada respecto al Cuerpo de la Guardia Civil, proponer las variaciones que conviniera hacer en la Institución.
El acertado informe elaborado por el mariscal de campo Martín José de Iriarte dio como resultado la reorganización de la institución por real decreto de 11 de noviembre de 1842, pasando a denominarse Cuerpo de Carabineros del Reino, y recuperando su fuero y naturaleza militar. Si bien continuó bajo la dependencia funcional del Ministerio de Hacienda, cuyo titular era Ramón María Calatrava García-Peinado, se le daba, “una organización fuerte, especial y puramente militar”.
Referente al periódico corporativo, la “Gaceta de Madrid”, antecedente de nuestro “Boletín Oficial del Estado”, sacó el 11 de enero de 1851 una breve nota: “Ha comenzado a publicarse en esta corte, con el título de El Guía del carabinero, un periódico de igual índole que El Guía del guardia civil, y dirigido, según creemos, por la misma apreciable persona que redacta éste. Su objeto no puede ser más útil ni más digno, pues en ambos se limita a consolidar la educación moral de aquellos cuerpos con la frecuente enumeración de hechos merecedores de alto encomio, creando además una honrosa emulación entre los individuos que los componen. Esperamos y deseamos al Guía del carabinero la misma favorable acogida que ha obtenido su hermano mayor”.
Durante los primeros años se publicaron diversas noticias que previamente se habían editado en ambos medios, tanto sobre la Guardia Civil como sobre Carabineros. Especial atención merece la publicación en la “Gaceta de Madrid”, del 9 de febrero de 1852, la adhesión a la reina Isabel II, tras el atentado acaecido contra su persona y que ya fue relatado en un capítulo anterior. Fue suscrita tres días antes en Madrid por José de Valderrama, Carlos de Pravia, Juan Lorenzo, Antonio María Cebrián, Francisco Ortiz y Félix María Carvajal.
“Señora: El director, redactores y demás empleados de los periódicos militares Guía del guardia civil, Guía del carabinero y Veterano, manifiestan a V. M. el profundo dolor de que se hallan poseídos por el horroroso atentado con que un criminal quiso llenar de luto y de desgracias a la nación: la Providencia se apiadó de V. M. y de la España, y ha impedido aquellos horrores, salvando la preciosa vida de la Nieta de San Fernando: por ello, Señora, recibe ya las plegarias que desde el templo le dirigimos todos los españoles, dándole gracias por tanta misericordia. La magnitud del crimen se halla confundida para siempre por la magnanimidad de V. M., por el profundo sentimiento de la nación y por las pruebas de lealtad, respeto y amor con que todos sin distinción se acercan hoy a V. M., entre cuyo número tienen la satisfacción de contarse los que, llenos de iguales sentimientos y deseos, suscriben.”
(Continuará).
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