La cilla decimal algecireña y un criollo criminal
El Sexenio Democrático en Algeciras (1868-1874)
La antigua cilla de Algeciras pasa a manos de Pascasio García y simboliza la transformación urbana, social y administrativa tras la Gloriosa
La violencia local y el conflicto en Melilla aumentan la tensión social mientras crecen las críticas populares contra Amadeo I y su Gobierno
Algeciras es un teatro para malhechores
El local que servía para las reuniones de los republicanos algecireños durante la época que nos ocupa albergó posteriormente, una vez adecentado, las reuniones de la Sociedad Logia Algeciras. Luego cabe preguntarse: ¿qué instalación se ocupaba en Algeciras para cumplir la misión del ya vetusto Pósito? La respuesta quizá se encuentre en el vecino distrito de la Merced donde “Pascasio García Rodríguez, natural de Torrelobatón (Valladolid), vecino de Algeciras, de 73 años, propietario y farmacéutico mayor militar retirado [...] Propietario de la casa llamada Cilla de Alhóndiga (sinónimo de pósito), en calle Munición procedente del Cabildo Catedral de Cádiz [...] dá su frente al Levante, y el Sur a la calle Munición la hubo por cesión que a él hizo Antonio José de Reina de la adjudicación en subasta que había obtenido en representación del Estado en 4 de Marzo de 1869”.
El mencionado García Rodríguez era hijo, junto con su único hermano -de nombre Juan-, de Fernando García y Mercedes Rodríguez, ambos difuntos. Un matrimonio que años atrás llegó hasta Algeciras emigrado desde tierras castellanas. Pascasio estaba casado con Encarnación Reina Rodríguez, siendo ambos padres de Mercedes, casada con el teniente de navío José Riera Alberni y avecindada en nuestra ciudad; Gregoria, quien contrajo matrimonio con el también teniente de navío Luis Oliag Miranda, vecinos de Valencia; y los aún menores de edad cuando se produjo la adquisición, Rosalía y Antonio. Aquel caserón, situado junto a la calle Munición y de cara al levante, fue subastado seis meses después de La Gloriosa, estando documentalmente definido como cilla, es decir “casa ó cámara donde se recogían los granos” y alhóndiga, “casa pública destinada para la compra y venta del trigo. En algunos pueblos sirve también para el depósito y para la compra y venta de otros granos, comestibles ó mercaderías que no devengan impuestos ó arbitrios de ninguna clase mientras no se vendan”.
Por aquellos días de administrativas y frías reclamaciones de “granos y dineros” también queda espacio para muestras de confianza y cariño, como la expresada mediante auto judicial “Al conferirle mediante nombramiento y discernimiento por el Juzgado de Primera Instancia de este Partido á D. Antonio José de Reyna y Martínez, domiciliado en la calle de Ferrer (junto al popular patio del Cristo) el cargo de tutor y curador de la menor, su nieta, Dña. María de los Ángeles Campuzano Reyna, hija de la suya Dña. Encarnación de Reyna y del finado D. Clemente Campuzano, hijo de D. Rafael Campuzano, casado este último en segundas nupcias con Dña. Juana Muñoz Santos, vecinos de Puente Genil”.
Tal nombramiento se produjo tras el fallecimiento del abuelo paterno de la menor. La citada Encarnación de Reyna era la esposa, en segundas nupcias, del actual propietario de la cilla o pósito algecireño Pascasio García, quién la recibió mediante cesión del nombrado abuelo-tutor Antonio José de Reyna. La madre de la menor tutelada -Encarnación Reyna- y el propietario de la cilla, también llamada decimal -Pascasio García- con domicilio familiar en el número 11 de la calle Ancha, serían los padres del conocido y futuro abogado y propietario local Antonio García de Reyna, dueño, entre otras propiedades, del conocido Cortijo de las Monjas.
Sagas locales aparte, también por aquellos días, un terrible suceso se produjo en nuestra ciudad cuando “un empleado criollo (descendiente de español nacido en América), durante la ausencia de su amo y compañeros de trabajo, intentó un asalto criminal a la esposa del primero. Al no lograr su propósito con un cuchillo cortó á la pobre mujer la garganta. Al parecer esto no satisfizo su venganza y la apuñaló en el lado izquierdo y en el muslo. Los serenos al enterarse del crimen pronto capturaron al criollo, quién posteriormente fué internado en prisión. Los médicos que estaban llamados para examinar á la mujer han declarado que las heridas han sido mortales y hay pocas dudas de que ha muerto por sus efectos”.
Este cruel acto vendría a aumentar la sensación de violencia que se vive en la zona y que motivó la urgente actuación de la Guardia Civil. Siguiendo con la violencia, una muy preocupante noticia, unida a los últimos telegramas oficiales, llega hasta nuestra ciudad: “A 10.000 ascienden los moros que sitian á Melilla”. Un número redondo que generará que aumente en los próximos días el también número de contingente entre los puertos de Málaga y Algeciras. Y mientras todo esto ocurre, “otro” gran número de soldaditos deambulan por nuestras calles y plazas chicoleando a las jóvenes algecireñas a la espera de ser embarcados.
Y si alguien estaba necesitado en aquella España de piropos y galanteos para subirle la regia moral, era su majestad Amadeo I, quien finalizó su discreto periplo por tierras catalanas, valencianas y aragonesas con la misma crítica con la que comenzó. Viéndose empeorada, aún más si cabe, por la situación de sitio que padece la española plaza norteafricana: “Los riffeños aumentan cada vez más sus ataques á Melilla. La honra nacional está ultrajada y á nadie mejor que el Rey de las Españas con honra, le toca vindicarnos de tamaña afrenta...No te compongas ¿porqué no vas con los moritos á pelear?. De todos modos un rey siempre debe escuchar á un pueblo que diseminado vale tanto como el rey, y unido más que el Rey”.
De aquella mordaz crítica tampoco se libraron los componentes del Gobierno y su futuro Presidente: “Malcampo, quién huele á campo pero santo; Guerra, Bassols, ó Bas á tomar el sol á Melilla; Gobernación, Candau ó cerrojo a la libertad de imprenta; Fomento, Montejo, adónde siempre tira la cabra; Gracia y Justicia, Colmenares, donde los zánganos harán su Agosto; Hacienda, Ángulo, su línea de gobierno mostrará tres vértices tarde, mal y nunca; Ultramar, Balaguer...¿Bala qué?; y Estado, Canta la piedra, el más apropiado para donde hasta las piedras cantan sus injusticias”.
Y tras la ingeniosa crítica a los miembros del Ejecutivo, prosigue la rutinaria y nada imaginativa maquinaria administrativa gestionando lo público: “Aprobación del expediente de subasta del fruto de bellota de los pueblos del Campo de Gibraltar, cuyos montes se denominan Comares á favor de D. José Gómez Delgado en 240 pesetas [...] Hoyo de D. Pedro, á D. Juan González en 60 pesetas. También hubo espacio en el acta para la denegación, recogiéndose: También se acordó desestimar la proposición del fruto de bellota de Cucarrete á D. Manuel Mendez Acedo, por no llegar al tipo señalado por la subasta, y que tanto este último monte como el de las Corzas, Majadal Alto y Mata-Puercos y Palancar, se saquen desde luego de nuevo á subasta previa tasación de peritos nombrados por la Alcaldía y bajo las condiciones que sirvieron de base á las subastas anteriores. Desgraciadamente, aquella maquinaria administrativa, a veces, necesitaba un revulsivo ante la falta de cooperación y celo de algunos de sus responsables: Conminar con suspensión de empleo y sueldo á los empleados de los establecimientos Provinciales que á vuelta de correos no remitan los documentos que se les tiene reclamados para la representación de los presupuestos y cuentas”.
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