“Conocer internamente a la Macarena ha creado en mí un vínculo vital”
Entrevista | Pedro Manzano, restaurador
Uno de los grandes referentes en el arte de la restauración, con una trayectoria de excelencia, descubre alguno de los grandes retos y desafíos de su trabajo más reciente y mediático: la restauración de la Esperanza Macarena en Sevilla
Por las manos del restaurador han pasado imágenes de enorme relevancia como las vinculadas a la Hermandad de la Esperanza de Triana, Gran Poder o Estrella, entre otras ilustres corporaciones de la capital hispalense
Pregunta.Ha trabajado durante años con imágenes de enorme valor histórico y devocional, pero la Macarena ocupa un lugar singular. ¿En qué momento del proceso sintió con mayor intensidad el peso —emocional y simbólico— de estar interviniendo en una devoción que trasciende Sevilla y pertenece al mundo entero?
Respuesta.El peso emocional no se concentró en un instante único, sino que fue creciendo a lo largo del proceso. Quizá el momento más intenso fue cuando, superadas las primeras fases de estudio y diagnóstico, tomé plena conciencia de que cada decisión técnica tenía una dimensión que trascendía lo material. No estaba trabajando solo sobre una escultura excepcional, sino sobre un referente emocional y espiritual compartido por millones de personas. Ahí comprendí que la responsabilidad no era únicamente profesional, sino también histórica y humana.
P.Desde el punto de vista estrictamente profesional, la restauración de la Esperanza Macarena ha sido analizada, debatida y observada con lupa. ¿Cuál ha sido el mayor reto técnico de esta intervención y cómo se equilibra el rigor científico con el respeto absoluto a una imagen viva, que no es solo obra de arte sino objeto de fe?
R.El mayor reto técnico fue, sin duda, intervenir con el máximo rigor científico en una obra extraordinariamente compleja, respetando no solo su materia original, sino también su condición de imagen viva. El equilibrio se alcanza entendiendo que la metodología científica no está reñida con el respeto a la devoción; al contrario, es la única vía para garantizarla. Cada decisión se basó en estudios previos, análisis contrastados y criterios de mínima intervención, asumiendo siempre que no restaurábamos un objeto inerte, sino una presencia activa en la vida de muchas personas.
P.La Semana Santa andaluza es hoy un fenómeno cultural, social y mediático de primer orden. ¿Cree que el restaurador debe asumir también una responsabilidad comunicativa y pedagógica ante la sociedad para explicar su trabajo y evitar malentendidos en intervenciones de este calibre?
R.Creo firmemente que hoy el restaurador no puede limitarse al ámbito del taller. En intervenciones de esta magnitud existe una responsabilidad comunicativa inevitable. Explicar con claridad, pedagogía y honestidad qué se hace y por qué se hace no es una concesión, sino parte del trabajo. La falta de información genera desconfianza y malentendidos; la transparencia, en cambio, protege tanto a la obra como al propio proceso.
P.En lo personal, después de una trayectoria tan consolidada, esta restauración ha supuesto un antes y un después en su proyección pública. ¿Cómo ha vivido esa exposición mediática y qué ha cambiado —si es que ha cambiado algo— en su manera de entender su oficio tras la Macarena?
R.La exposición mediática ha sido intensa y, en ocasiones, difícil de gestionar. No es algo que uno busque cuando elige este oficio, pero forma parte de la realidad actual. En lo esencial, no ha cambiado mi manera de entender la restauración, aunque sí ha reforzado mi convicción de que este trabajo exige hoy más serenidad, más capacidad de escucha y una ética aún más sólida. La Macarena ha supuesto una prueba de madurez profesional y personal.
La Macarena ha supuesto una prueba de madurez profesional y personal
P.La Esperanza Macarena no es sólo una imagen, es consuelo, identidad y reposo para millones de personas, ¿qué sintió momentos antes de su reposición el pasado diciembre?
R.Los momentos previos a la reposición fueron de profundo nerviosismo. Sentí una mezcla de alivio, respeto y emoción contenida. Alivio por haber cumplido con la responsabilidad asumida; respeto por lo que la imagen representa; y emoción al saber que volvía a ocupar su lugar en la vida cotidiana de tantas personas. Fue un instante íntimo, vivido con silencio y gratitud.
P.La última, de propina. ¿Cómo de macareno era Pedro Manzano antes y después de todo esto que pasará a la historia?
R.Antes de todo esto, mi relación con la Macarena era la de un profundo respeto profesional y cultural. Después, inevitablemente, se ha vuelto más personal. No sé si soy más macareno en términos devocionales, pero sí puedo decir que la conozco desde dentro, en un sentido literal y simbólico, y eso crea un vínculo que ya forma parte de mi propia historia vital.
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