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Un algecireño, nuevo administrador de Correos

EL SEXENIO DEMOCRÁTICO EN ALGECIRAS (1868-1874)

La Algeciras del Sexenio refleja reclutamientos militares, nombramientos administrativos y críticas políticas al viaje real de Amadeo I

Los expedientes de mozos y decisiones gubernamentales evidencian tensiones sociales locales y el descrédito del proyecto monárquico amadeísta

Tres compañías acuarteladas en Algeciras

Las señoras Santos Izquierdo poseían una casa en la calle Santísimo, junto a la Palma.

Con el mejor de los deseos para el presente año, proseguimos analizando la realidad de Algeciras durante el Sexenio Democrático. Al mismo tiempo que el joven molinero algecireño es declarado soldado -como así quedó recogido en el anterior capítulo-, el tan cuestionado viaje real a provincias sigue recibiendo críticas desde diferentes puntos de la sociedad española: “El prestigioso general Córdova se niega a ser de la partida que acompañe a la comitiva, protestando que en los actuales momentos no puede dejar los importantes departamentos puestos a su cuidado por el Ministerio de la Guerra. El subsecretario Sr. Lagunero critica al general Córdova y dice que no goza de bastante prestigio en el Ejército. Otros aseguran que sabiendo el general Córdova el espíritu que reina en los pueblos no quiere cargar con la responsabilidad de lo que suceda, y que podría atribuirse á la impopularidad de que disfruta (por el impopular asunto de las Quintas) el Ministro de la Guerra”. Decididamente no fue una buena decisión organizar aquel viaje de promoción del nuevo rey, en plena ejecución de la Ley de Reemplazos.

Siguiendo con la toma de decisiones, durante aquellos cuestionados y viajeros días para el real acercamiento con la ciudadanía, el ministerio del ramo toma la decisión de nombrar un nuevo administrador de Correos para nuestra ciudad. Aceptando tan importante responsabilidad el joven algecireño de 26 años Antonio Morilla. Con el paso del tiempo Morilla se convertiría en un próspero industrial y propietario regentando el hostal de su propiedad denominado La Marina. Posteriormente adquiere el número 30 de la calle Tarifa. Se casó, en primeras nupcias, con Ana Salinas Grein. Al fallecer su primera esposa contrajo nuevo matrimonio, en segundas nupcias, con la que fuera su cuñada Emilia Salinas Grein. Hijos: Teresa, Adelaida y Emilio Morilla Salinas. Este último, y en 1914, sería elegido Alcalde de Algeciras por el partido monárquico. Años después, concretamente en 1917 y 1930, respectivamente, volvería a ocupar la presidencia municipal pero mediante R.D.

De regreso a los expedientes abiertos por alegaciones a los mozos algecireños nos ocupamos del caso de “Juan Fernández Gabira, quién alegó padecer de un hombro. Reconocido por los facultativos fue declarado útil para el Servicio y la Comisión lo declaró soldado”. Tras cerrarse el expediente de Fernández Gabira, la comisión aperturó el del también algecireño “Cristóbal Castaño Molina; quién alegó que padece del brazo derecho. De las declaraciones facultativas resulta la utilidad del mozo para el Servicio militar y la Comisión, por tanto, lo declara soldado”.

Coincidentes con las infructuosas alegaciones -de hombro y brazo- presentadas por los jóvenes locales reseñados, bien puede observarse del mismo modo la caída del séquito para el viaje real de importantes cargos del Ejército y del Gobierno, S. M. (recordemos Macarroni I para sus críticos), según se publicita “A Don Amadeo no le acompañará en su viaje ninguna persona de importancia; solo sus ayudantes y su médico”.

Ya hubiese querido el bien intencionado don Amadeo I, en la soledad de su alto trono, haber contado con la compañía que gozó en nuestra ciudad Manuel de Arcos y González, a la sazón Comandante del Cuerpo de Carabineros del Reino, quién a sus 40 años y tras perder a sus progenitores, contó con la confianza de sus hermanos Josefa, Victoriana y Bonifacio, este último Capitán de Infantería, todos vecinos de Algeciras “para poder administrar los bienes que heredaron de sus padres situado en la cercana villa de Manilva”.

Pérez Mañeto alegó padecer de pecho y testículos.

¡Qué falto de leales cumplidores estaba don Amadeo, para cuando le hicieran falta!. Afortunadamente no aconteció así en nuestra ciudad, cuando “Josefa y María de las Mercedes Santos-Yzquierdo Terrero, cumplieron con la obligación adquirida años atrás -concretamente el 17 de enero de 1866-, y devolvieron la cantidad para su época de 3.000 pesetas, sin haberse pactado intereses -clara muestra de máxima confianza y lealtad- á Doña María Josefa Larios y Avilés”. Las señoras Santos-Yzquierdo, para cumplir con el procedimiento establecido para este tipo de obligaciones, pusieron en garantía “un patio de su propiedad y vecindad, conocido como por el del Peral, sito en la calle de Jerez (hoy, Ventura Morón), número 24; constando la finca de 11 viviendas bajas y otra de alto y bajo, haciendo esquina con la calle de Jesús [...] y otra vivienda señalada con el número 3 en la calle Santísimo”. El popular patio del Peral fue propiedad de una descendiente de la familia de D, Vicente Terrero, el cura constitucionalista de la Palma (1812), de nombre Paz de Andrés y Calderón, vecina de San Roque, madre de Alfonso Monesterio y Andrés, comerciantes y también vecinos de San Roque. Este patio tenía la particularidad de poseer dos accesos: uno por la calle de Jesús (secundario ) y otro por la calle de Jerez (principal).

Aquella circunstancia de poseer dos accesos de seguro haría las delicias de la chiquillería del reseñado patio; y tal vez algunos de los mozos algecireños que estaban siendo evaluados para su incorporación a filas utilizó como lugar de juego o paso, las populares “dos puertas” del patio de El peral. Como por ejemplo el joven “Rosendo Maresco López, alegó padecer de un teste. Fué reconocido en el acto y encontrándose en un buen estado de Salud y sin defecto físico alguno que le imposibilite para el Servicio. La Comisión lo declaró soldado”. Al igual que Maresco López, el siguiente mozo evaluado fue “Juan Pérez Mañeto, alegó padecer del pecho y testículos. Habiendo sido reconocido por los tres facultativos lo declararon útil para el Servicio militar”.

Castaño Molina alegó padecer del brazo derecho.

Al mismo tiempo que los médicos evaluaban positivamente a los testículos de Maresco López y Pérez Mañeto, la actualidad social y política del país exigía de don Amadeo, la misma calificación testicular para afrontar su criticado viaje: “Sin la coacción ejercida por el gobierno anterior, sin las escandalosas violencias y atentados que se cometieron por los candidatos oficiales y sus correligionarios; sin la partida de la Porra, y asaltos con trabucos y revolver a los colegios electorales donde la oposición tenía asegurado el triunfo, no hubieran venido á las Cortes tantos diputados amadeistas”. Todo parecía indicar que la actitud que exigía tan controvertido y real viaje, bien pudo servir de inspiración al autor de la futura estatua ecuestre dedicada a Espartero (1886), y muy especialmente cierta parte de la anatomía de su montura -generosamente recreada entre sus patas traseras-, haciendo a tan “machote” caballo muy popular en la España de entonces.

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