• He de confesar que soy adicto a las frases memorables, esas que se pronuncian una vez y cruje el Universo mientras suenan trompetas celestiales

Gastronomía del Campo de Gibraltar Los Arcos: tortillas y sospechosos habituales

Tortillas de patatas de Los Arcos en Algeciras Tortillas de patatas de Los Arcos en Algeciras

Tortillas de patatas de Los Arcos en Algeciras

E.S.

Escrito por

Francisco Rebolo

Una de esas frases imprescindibles se disfruta en la película Casablanca, en uno de los momentos mágicos del cine. Rick ha matado al mayor Strasser frente al capitán Louis Renault para permitir que Ilsa huya con su esposo Viktor. Cuando llegan los hombres del capitán, éste, frente a Rick, se limita a decir con cinismo cómplice: "Le han disparado al mayor Strasser. Detengan a los sospechosos habituales."

Así que cuando me propusieron fotografiar, degustar y hablar de alguna buena tortilla de patatas (¡toma giro argumental!) no se me ocurrió sino dejar de lado el cinismo y pensar en mi amigo Juan y en Los Arcos ("aqueste lugar bajadillante" al que se refería el famoso poeta algezirí), ya que para mí y para la historia de la tortilla de patatas en Algeciras son ya los "sospechosos habituales" a quienes puede uno constantemente acudir en la garantía de que algo cae y de que ese algo nunca nos va a dejar indiferentes. No viene mal recordar que desde 2010, Covid aparte, se viene celebrando en su establecimiento el Concurso de Tortillas de papas que es como hace años los posados en bikini de la Obregón, el pistoletazo de salida del verano.

"En esos concursos, hemos podido degustar de todo, magnífico, regular, para matar a alguien...pero siempre en un magnífico ambiente y con amigos, enemigos y tortillas, cientos de tortillas"

En esos concursos, de los que no me he perdido ni uno como jurado, hemos podido degustar de todo, magnífico, regular, para matar a alguien...pero siempre en un magnífico ambiente y con amigos, enemigos y tortillas, cientos de tortillas. Hasta tortilla de papas con cabrillas por culpa del ínclito Miguel Alberto (hay a quienes no hace falta ni colocarles el apellido, ¿verdad?).

Dicho esto, el reto era importante porque nos atrevimos a probar tres hermosos ejemplares, tres, de la afamada ganadería de Carmen y Silvia que se esmeraron pese al calor y que acabaron ofreciéndonos un guiño a la tradición y una invitación a la gula. Tres tortillas hermosamente doradas y con su cantidad justa de huevos (a mí no me gustan las que por dentro supuran líquido, para eso ya está el volcán de chocolate), con unas patatas (en este caso de Sanlúcar) magníficamente pochadas y con unos aderezos de lo más atinado. A saber, una, que tiene un éxito abrumador, de jamón york y queso. Otra adornada de chorizo, jamón, guisantes y morrones, jardinera de toda la vida. Y para mí, amante de lo sencillo y de las centollas (aunque no necesariamente por ese orden) la mejor, la de la alquimia con humildes patatas y huevos para formar una bomba de sabores y texturas. Y nada de tortillas que más que comerse se escalan, sino la medida standard de cuatro dedos en horizontal y vamos que nos vamos que la están peinando.

Curiosamente estas junteritas parece ser que surgieron como tantas otras cosas en la vida por casualidad, en concreto en Villanueva de la Serena (no, no fue en Navarra, hay documentos), sobre 1798. De lo poco bueno del siglo XVIII en España, para qué nos vamos a engañar.

¿Os imagináis la cara de quien primero probara ese mejunje recién sacado del perol al fuego? No quiero ni pensarlo... pero seguro que ya habría alguien detrás diciéndole eso de "no le eches cebolla, no le eches cebolla", fijo.

El caso es que probamos, probamos y las tortillas derribamos. Y no éramos tantos, la verdad. Pero no es menos cierto que algo de dopaje hubo en forma de zanahorias aliñás.

"Ahora que estamos ya en esa fase en que los mapas del tiempo parecen gambas a la plancha, un buen aliño de lo que sea viene de vicio porque refresca el gaznate y favorece el trasiego de otros elementos más densos"

Y es que ahora que estamos ya en esa fase en que los mapas del tiempo parecen gambas a la plancha, un buen aliño de lo que sea viene de vicio porque refresca el gaznate y favorece el trasiego de otros elementos más densos. Y con esa excusa tuvimos ocasión de probar la "ensalada del cuarto de siglo" porque 25 son los años que ininterrumpidamente se asoman las humildes zanahorias a la vitrina de las tapas de Los Arcos con la simpleza del ajo, el buen aceite y unas pizquitas de comino molido, sal y pare usted de contar. Y para que no nos quepan dudas y ya que estamos metidos en tecnicismos, si a algo le podemos decir "aliño de..." estamos ante una ensalada, mientras que si debemos acudir al término "ensaladilla" es porque hemos incluido en la preparación alguna que otra salsa más ilustrada. Salvo con la "Ensalada César" que no sé por qué narices no se le llama "Ensaladilla". Cosas de los romanos. O de las anchoas.

En definitiva, magnífico yantar, mejor compañía, excelentes bebestorios y, como es lógico, no puedo dejar de lado la referencia cinéfila que usé pero ahora para rematar la faena. Si al acabar una de esas tortillas no os acercáis a Juan, y no le decís lo que Rick le dijo al capitán Renault cuando van caminando al final de Casablanca, eso de: "Presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad", si, repito, no decís eso, es que estáis en un mundo paralelo del que no merecéis regresar.

Y, por cierto, se admiten propuestas para futuras catas de tortillas. Doy pistas, me encantan con berenjenas, ¡o con mejorana!

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