El puesto del Mercado de Abastos que huele a Navidad todo el año
Tres generaciones, un mostrador y décadas de especias y frutos secos sostienen un negocio que nació en una puerta la puerta de una casa en 1955
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En un mundo donde casi todo llega ya envasado y etiquetado, este puesto sigue vendiendo a granel productos que forman parte de la memoria doméstica de muchas familias. Especias, frutos secos y semillas que han pasado de abuelos a padres y, ahora, a hijos, en un negocio que comenzó en 1955 de manera casi improvisada.
La historia de este puesto del Mercado de Abastos arranca en Aguilar de la Frontera, cuando los abuelos de Alejandro, el actual responsable comenzaron a vender en la puerta de su casa. A finales de los años ochenta, fue su padre quien dio continuidad al negocio y montó el puesto tal y como hoy se conoce. Desde hace once años, el testigo lo ha recogido Alejandro, la tercera generación.
Un mostrador con historia y vida propia
Durante décadas, el funcionamiento del puesto era muy distinto. “Antes había que ir los fines de semana a comprar la mercancía cuando no se trabajaba aquí”, recuerda.
Por este mostrador han pasado generaciones enteras, especialmente en fechas clave. Cuando se hacían matanzas, los clientes acudían a por sus mezclas de especias. En Navidad, el puesto se convierte en un punto de referencia para comprar canela en rama, matalahúva, miel o frutos secos destinados a pestiños y dulces tradicionales.
Entre los productos más singulares, hay algunos que sorprenden incluso a quien los vende. “Lo más raro que tengo son las semillas de cardamomo”, explica. Su uso es limitado y suele destinarse a infusiones, aunque sigue teniendo salida. En cuanto a lo más demandado, no hay una sola respuesta: la canela en rama, la matalahúva, el pimentón y la uva pasa siguen siendo imprescindibles para muchos hogares.
Más allá del producto, el puesto funciona como espacio de conversación, de rutinas compartidas y de pequeños gestos cotidianos. Un negocio heredado que, sin grandes cambios, sigue cumpliendo una función esencial: mantener vivo un comercio de cercanía donde aún se compra al peso y se habla sin prisas.
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