Cultura

Ambrosía de Hermoso y espectacularidad de Ventura

  • El navarro cuaja una gran faena a su primero, malagrada por los aceros · El sevillano corta dos orejas · Bohórquez dio una vuelta al ruedo · El caballo 'Silveti' sufrió una cornada limpia de 30 centímetros

Lástima que la corrida de Bohórquez, de buenas hechuras y con toros en el tipo murubeño de la casa, no estuviera en su conjunto a la altura del evento. Se salvaron segundo y cuarto. Pese a ello, el público que llenó hasta la bandera la Maestranza, en una tarde espléndida en lo climatológico, se deleitó con rejoneo de altura a cargo de Pablo Hermoso de Mendoza, que cuajó una faena, pura ambrosía, malograda con los aceros, Diego Ventura, espectacular y torero, y Fermín Bohórquez, que combinó sobriedad y calidad en su toreo campero.

Pablo Hermoso llegaba a Sevilla tras una campaña extensa y exitosa en México. 20 años de alternativa, una década desde que cortara un rabo en la Maestranza y una cuadra excelente. El navarro cuajó un gran faenón al noble segundo, que fue a menos. Se gustó toreando tanto en el primer tercio como en banderillas, con quiebros soberanos y oportunos, como uno que hizo con Chenel, un auténtico trincherazo bajo el reloj, que puso al público en pie. Con ese caballo maravilló en el toreo a dos pistas, clavando los palos arriba. Con Ícaro, un caballo muy valiente, deslumbró al prender una banderilla de frente. Con el público en el bolsillo y Pirata bajo su mando, llegó el asalto final con un par a dos manos, las cortas y hasta el adorno del teléfono. Faena medida y brillante que emborronó con un despreciable bajonazo. El toro quedó amorcillado y el navarro precisó de otro rejón de muerte y dos descabellos. De premio gordo -la cosa iba para dos orejas-, el balance quedó en una pedrea -fuerte ovación-. Con el quinto toro, que se orientó de inmediato en banderillas y esperó con guasa, la labor no pasó de correcta, con el contratiempo de una cornada a Silveti en el comienzo del tercio de banderillas, que remató de manera gris con los aceros.

Diego Ventura anduvo muy espectacular ante el manso y parado cuarto, abusando de los picotazos (bocados) que tiraba su caballo Morante al astado. Mató a la primera, de un rejón, y el público solicitó una oreja, que le fue concedida. Ante el manejable sexto desplegó un toreo con más matices, desde los recortes de recibo, que hizo en una baldosa, hasta las banderillas cortas, montando al albahío Ginés. Hubo quiebros increíbles, arriesgó lo suyo en varios pasajes y también aderezó la faena con una comedida nota espectacular, el teléfono, en el epílogo. Tras un rejón de muerte, el toro quedó aplomado junto a tablas. Precisó de dos descabellos y todo quedó en un trofeo.

Fermín Bohórquez realizó una faena con bastantes desigualdades ante el manso que abrió plaza, con el que estuvo desacertado con los aceros. Al encastado cuarto, un toro con movilidad que se resistió a morir, el jerezano lo recibió frente a toriles y calentó al público con una cabalgada vibrante, montando a su preciosa yegua Rubia, de capa perlina. En banderillas clavó arriba y brilló sobremanera en un par a dos manos a lomos de Melero. Un bajonazo le dejó sin trofeo y el premio quedó en una vuelta al ruedo.

La lectura del primer festejo de rejoneo del abono es que la crisis no ha hecho mella en taquilla para disfrutar del arte de Marialba. Muchos niños en los tendidos. Ambiente jovial -hasta la banda de Tejera se llevó una ovación de órdago-. Y un espectáculo en su conjunto de gran nivel, únicamente ensombrecido por una cornada limpia, de 30 centímetros en el anca derecha, a Silveti, un caballo torero con valor a prueba de cornadas, como el fundador de la dinastía torera mexicana a quien rinde homenaje con su nombre, El Tigre de Guanajuato, aquel que en una enfermería, cuando le iban a operar de un cornada brutal, le paró en seco al cirujano, encendió un puro y le dijo: "Ya puede rajar, doctor, si me tengo que morir en el quirófano, que sea fumándome un puro".

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