Vecinos | María Zalea La abuela de Tesorillo cumple 101 años

  • María Valadez, conocida como María Zalea, celebra este mates más de un siglo llena de salud, rodeada de su familia y orgullosa del pueblo al que llegó en los años 40 desde la vecina Casares

María Valadez, conocida popularmente como María Zalea, hace encaje de bolillos en su casa de Tesorillo. María Valadez, conocida popularmente como María Zalea, hace encaje de bolillos en su casa de Tesorillo.

María Valadez, conocida popularmente como María Zalea, hace encaje de bolillos en su casa de Tesorillo. / Erasmo Fenoy

Desborda coquetería, vitalidad y sentido del humor. Vestida con un elegante traje de chaqueta de punto, María Valadez bromea con que es capaz de jugar a la comba. Y lo demuestra con unos pequeños saltos en el salón de su casa de la calle Larga, en San Martín del Tesorillo. Ver a la mujer brincar no sería digno de elogio salvo por un detalle: María tiene más de un siglo.

María Valadez, a quien todo el mundo conoce como María Zalea, cumple este martes 101 años, lo que la convierte en la abuela de Tesorillo. Debe su sobrenombre al apodo del que fuera su esposo, Francisco Sánchez, quien a su vez lo traía desde sus abuelos. “En el pueblo nadie me conoce por mi nombre. Pero pregunta por María Zalea, que todo el mundo te podrá decir dónde vivo”, sugiere.

Su familia celebrará hoy este hito de longevidad con una sencilla merienda en su casa. María sostiene ser frugal en sus hábitos alimenticios. Quizás por eso, porque no come “pringue”, haya superado el siglo de vida con plena lucidez. “Desayuno un café migado. Almuerzo de todo pero muy poquito y no veo la grasa. No me gusta. Tampoco bebo leche”, relata.

María Valadez: "Tesorillo es hoy una capital. Antes no había luz y el agua había que buscarla a la fuente o al río"

María Zalea, nacida en Casares el 14 de enero de 1919, llegó a Tesorillo en 1941 para trabajar en El Acebuchal. Una finca en la que se cultivaba arroz y algodón, entre otros productos. También para servir en las casas de la burguesía de la zona, vinculada a las prósperas empresas agrícolas de los Larios. “Me enamoré de un muchacho alto y rubio con el que tuve un hijo, tres nietos y tres bisnietos que me hacen muy feliz”, apunta. Aunque Zalea no rehuye que en su vida también ha habido episodios difíciles: “Me quedé sin madre a los nueve meses. Me crió mi abuela. Y he tenido dos madrastras. Mi padre se casó tres veces”, detalla. Enviudó hace catorce años. “He pasado mucho en la vida”, resume.

El Tesorillo de los años 40 poco tiene que ver con el pueblo de hoy. “Tesorillo es hoy una capital”, asegura orgullosa. “Ni de lejos es el mismo pueblo. No había más que unas pocas casitas de los Larios. No había luz y el agua había que buscarla a la fuente y al río”, recuerda.

María Valadez, en el salón de su casa. María Valadez, en el salón de su casa.

María Valadez, en el salón de su casa. / Erasmo Fenoy

Que a María Zalea la conozca todo el mundo en Tesorillo contribuye que no para quieta: “Me levanto a las 11:00. Me tomo el café y arranco a andar por la calle. Tras el almuerzo, una siestecita y luego, a hacer encaje de bolillos”, destaca Valadez. El encaje de bolillos es una de sus principales aficiones, aunque aprendió a hacerlo siendo octogenaria. También confecciona bolsos, cinturones y peluches, alguno de los cuales adornan el sofá de su casa.

María cuenta con una asistenta para ayudarle en las tareas cotidianas. Aunque apunta que se siente con fuerzas para hacer las labores de la casa, su familia optó hace un año por el acompañamiento. “Ahora, al tener tanta edad, tengo una muchacha en casa. Pero yo le he enseñado a ella a cocinar”, apostilla.

Al orgullo por el Tesorillo independiente de Jimena también aporta que uno de sus sobrino nietos es Daniel Cerdán, el concejal de Juventud del recién creado Ayuntamiento tesorillero y que, además, destaca por su faceta musical en el mundo del reggaeton comercial. “Estoy muy contenta porque está trabajando. A nadie le debe faltar el trabajo”, reflexiona.

La abuela centenaria, pese a la posibilidad de la nostalgia, prefiere mirar al futuro, a la evolución de una sociedad de la que ha tenido la oportunidad de presenciar más de cien años. “La vida hoy en día está muy bien. Se han pasado muchas cosas cuando no había libertad. Por ejemplo, ahora no hay que aguantar a nadie. Eso me alegra, sobre todo por la juventud”, explica.

“¿Que cuál es el secreto para vivir tanto? No lo sé. Hoy la gente come mucho. La gente debe cuidarse”, concluye.

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