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Las relaciones de Tarifa con el norte de África en los siglos XV, XVI y XVII (V)

Retazos de Historia

Tras el levantamiento portugués de 1640 Ceuta permaneció fiel al rey Felipe IV, pasando paulatinamente de presidio portugués, a una población española, españolidad que tomó reconocimiento internacional por Tratado de Lisboa de 13 de febrero de 1668

Tarifa, junto con Gibraltar, volcaron sus esfuerzos y ayudas en socorrer a Ceuta. Trigo, carbón, leña y madera fueron los principales recursos enviados, pero, junto al avituallamiento continuo, hubo también una colaboración militar, esencial tanto para Ceuta como para Tarifa

Las relaciones de Tarifa con el norte de África en los siglos XV, XVI y XVII (IV)

Imagen de época de Ceuta.

Las relaciones con Ceuta tras la rebelión de Portugal, la guerra de Secesión portuguesa y el resto del siglo XVII

La decisión de Ceuta de permanecer fiel a Felipe IV cambió la Historia del Estrecho y la estrategia geopolítica española sobre el canal, formando un triángulo estratégico y defensivo con las plazas fuertes de Ceuta, Gibraltar y Tarifa.

Hacia 1640, Ceuta era una pequeña población de unos 2.000 habitantes dependientes de los grupos privilegiados de caballeros, de la Diócesis y de la casa de Misericordia directamente conectadas con la metrópoli portuguesa.

La plaza fuerte dependía de los suministros llegados desde los puertos andaluces. Con la rebelión portuguesa, Felipe IV y su gobierno tuvieron que replantearse el envío de dinero y, sobre todo, de trigo a través del sistema de asiento.

El suministro a Ceuta se ajustaba a dos contratos, uno para la población y otro para los 400 soldados de la guarnición castellana. En 1647, la dotación anual para Ceuta era de 26.400 fanegas de trigo y 225.562 reales y medio de vellón en ropas y mercancías, así como 102.225 reales de plata para la guarnición que se vieron aumentados en otros 40.607 reales de plata para atender los socorros y otras necesidades.

En 1677, el presidio recibió 136.156 reales de plata anuales para el socorro para las cuatro compañías de soldados castellanos que formaban parte de la guarnición de la plaza, 4.000 reales para los ministros del Hospital de la Misericordia y el convento de la Santísima Trinidad y 1.800 ducados para el Deán y Cabildo de la catedral ceutí.

La llegada de Lope de Acuña, conde de Asentar, como visitador supuso el abastecimiento regular de trigo, pues por Real Cédula se obligaba que desde los lugares más próximos de Andalucía se enviara el grano necesario, aunque Andalucía pasara por momentos difíciles. La situación económica ceutí hizo que la monarquía eximiera a Ceuta del Real Servicio de Millones.

Desde la rebelión de Tánger, Ceuta monopolizará los socorros que Tarifa pudo ofrecer, preferentemente el trigo. Sin embargo, Tarifa sufrió entre 1646 y 1652 una grave carestía por ser la mayor parte de su población vecinos pobres y no disponer de trigo para su propio consumo. Una situación agravada por la peste de 1648 que dificultó, a causa de los cordones sanitarios y el abandono de las cosechas por los confinamientos sufridos por la población, la circulación del grano en las zonas donde normalmente conseguía el cereal.

Con todo, las peticiones ceutíes fueron constantes. En 1646 Tarifa entregó trigo a Ceuta por un total de 2.000 reales, a 30 reales de vellón la fanega, el mimo precio que Tarifa lo había adquirido en Alcalá de los Gazules.

Sitio de Ceuta (1694-1727).

En cabildo celebrado el 25 de noviembre de 1646, Tarifa solicitó una Provisión del Real Consejo de Castilla para que las villas de Alcalá de los Gazules, Vejer, la ciudad de Medina Sidonia y demás lugares de la comarca permitiesen la salida de trigo para el pósito de Tarifa “por estar fuera de comarca y en frontera de moros dos leguas y media de la Berbería y a la de Ceuta tan cerca donde ordinario le está socorriendo con el poco que tiene de su corta cosecha en todas las ocasiones que se halla con necesidad”.

En diciembre de ese mismo año, el gobernador ceutí enviaba una misiva a Tarifa en la que expresaba “la extrema necesidad de sustento para sus vecinos”, lo que podría generar descontento de los vecinos.

Tarifa en aquellos momentos buscaba trigo para su propio vecindario en un área que abarcaría no sólo la actual provincia de Cádiz, sino también las vecinas. Viendo la situación, el concejo municipal tarifeño determinó enviar al presidio norteafricano una partida de 170 fanegas tomadas de los almacenes que el duque de Alcalá y Medinaceli poseía en la población, donde se almacenaba el cereal perteneciente a las llamadas Tercias Reales que el duque seguía recibiendo como antiguo señor de Tarifa.

Tarifa sabía que el suministro a Ceuta era fundamental para el reino, así el regidor Antonio de Morales en 1665 señaló que era obligación de Tarifa socorrer a Ceuta, aunque Tarifa padeciese necesidad, toda vez que de apoderarse de ella “los infieles” sería en perjuicio del rey y la propia Cristiandad.

Ceuta durante el sitio de 1790 a 1791.

Las demandas de trigo por parte de Ceuta a Tarifa fueron constantes y se prolongarán hasta comienzos del siglo XVIII, pero Tarifa también cubría otras necesidades del presidio, como madera y carbón realizados en los montes tarifeños, siempre bajo la presencia del montaraz tarifeño.

Un envío un tanto distinto de los anteriores fue 20 cahíces de cal, en 1684, para aderezar el Real Beaterio de Nuestra Señora del Socorro.

La colaboración militar

Por supuesto la colaboración militar aumentó. Los intercambios de información sobre movimientos del enemigo eran constantes, sobre todo los relativos a la presencia y concentración de naves turco berberiscas, como en 1650, en el caso del renegado ceutí Amaro Díaz.

Dos años más tarde, el Consejo de Guerra logró embarcar 200 soldados procedentes de las milicias locales andaluzas para guarnecer Ceuta, fueron embarcados en Cádiz y en Tarifa, junto con su pertrechos y municiones.

En 1665 Ceuta envío en socorro de Tarifa un bergantín y una fragata para poder combatir junto a navíos tarifeños a una pequeña escuadra berberisca que había cobrado “muchas presas y cautiverios en el estrecho de esta ciudad”, apoderándose de los bastimentos que iban dirigidos al presidio.

Ya en 1673, los turcos, siempre amenazantes, hicieron de nuevo su aparición en el Estrecho. Tres bergantines turcos, todos los días, desde su aparición “saltaban a tierra… hostigando a los vecinos y naturales… de forma que no les dejan laborar en los campos, apresando, además a los dos atajadores de la playa de Bolonia”. Las autoridades tarifeñas solicitaron al gobernador de Ceuta el envío de un galeón y otras embarcaciones. Ceuta envío una galeota armada con 150 hombres y un “barco longo” a las que se unieron dos embarcaciones tarifeñas pertenecientes a Lázaro de Arcos y Andrés Martín.

Ceuta (Siglo XVIII).

Para finalizar este apartado, Tarifa era lugar de paso de las fuerzas que iban y venían de Ceuta, así como el envío de soldados a la plaza como en 1697 cuando las autoridades tarifeñas habían enviado 7 hombres para la defensa de Ceuta a la que Tarifa estaba prestando ayuda militar desde los inicios del Gran Sitio.

El eje Ceuta, Gibraltar y Tarifa parecía que podía cubrir los objetivos de control y vigilancia en el Estrecho que había realizado el formado por Ceuta, Gibraltar y Tánger. Pero toda la estrategia española saltó hecha añicos el 4 de agosto de 1704.

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