Estrechamente
Margarita García Díaz
Vencedores
Aquellos que se levantaron en contra de un gobierno elegido democráticamente, porque eso del poder del pueblo les parecía un disparate: el poder es de los poderosos, no del pueblo. También aquellos que se aliaron con el nazismo y el fascismo y permitieron que ejércitos extranjeros invadieran el país –al que convirtieron en la patria– y atacaran a su población, a sus ciudades, a sus infraestructuras, como campo de prácticas antes de la II Guerra Mundial: porque la patria es sagrada, pero sus gentes no. Igualmente, quienes defendían la caridad, en lugar de la justicia social: los pobres, clase necesaria para el enriquecimiento de unos pocos. Es más, aquellos que se beneficiaron del trabajo esclavo para mejorar sus propiedades. Incluso quienes usaron la delación y obtuvieron como recompensa la incautación de bienes de los perseguidos: todas esas fortunas que se amasaron y hoy disfrutan sus herederos.
Quienes aprovecharon las miserias y las hambres para sacar tajada y se coronaron reyes en el estraperlo. De igual modo, quienes querían reyes, aquellos que promovieron un nuevo rescate –y ya iban, al menos, tres– de los Borbones, aunque para ello tuvieran que esperar a que el regente a perpetuidad la diñara. Aquellos que desde el borde diestro de las ideologías sostenían Dios, Patria y Rey, como manera de conservar privilegios del Antiguo Régimen. Todos los oportunistas que medraron desde las filas violentas y que encontraron en el conflicto y en la posterior represión, una manera de ganar enteros a costa de la sangre de otros: cargos y medallas, puestos y parabienes.
Esos que propagaron la milonga de los héroes y quedaron glorificados en calles, plazas, capillas: los ilustres muertos asesinos, amparados por la cruz. Indudablemente, la todopoderosa Iglesia, que volvió a colar sus faldas en todas las decisiones, imponiendo lo que llaman fe, atemorizando con sus pecados, allanando las aulas, censurando el conocimiento, la cultura y la ciencia. Todos aquellos –creo que en esta columna voy a tener que usar sólo el masculino totalitario– que veían un peligro en el hecho de que las mujeres ocuparan un lugar en la sociedad, tuvieran acceso a la formación y al desempeño de un trabajo, quienes querían que siguieran siendo sumisas y dependientes. Ítem más, quienes en 1977, gracias a la Ley de Amnistía –torturadores de todos los pelajes– vieron perdonados sus crímenes, puesto que el pilar sobre el que se decidió construir el futuro se llamó impunidad. Esto, sólo por poner algunos ejemplos porque, sí, Arturo Pérez, en la guerra de España, sí hubo vencedores. Y no, la historia y sus hechos, no son opinables. Otra cosa es que te gusten.
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