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José Antonio Carrizosa
¿La guerra que todos perdimos?
Los negacionistas del cambio climático que pululan por estos lares y los que, aun no siéndolo expresamente, coquetean con sus ideas y hasta simpatizan con ellas, están aprovechando la acumulación de lluvias de estas semanas para sacar pecho y poner en entredicho a la ciencia. Cuando lo cierto es que a lo que estamos asistiendo con este episodio de precipitaciones continuadas y la llegada de trenes de borrascas por el oeste no es más que la excepción que confirma la regla, dicho sea en términos más coloquiales que científicos. O una anomalía estadística, si empleamos una terminología más apropiada. Y la estadística, no lo olvidemos, no sólo es la herramienta que hace posible que el hombre pueda ser “la medida de todas las cosas”, sino que también es, junto a la paciencia, la madre de todas las ciencias.
En el análisis de los fenómenos naturales tan útil es la observación sincrónica como la diacrónica. Pero, sin duda, en lo que se refiere al estudio del cambio climático es esta última perspectiva la que interesa, porque lo que importa, en este caso, no es lo que pueda ocurrir en un momento concreto y puntual, sino la tendencia. Esto es, cómo ha evolucionado y evoluciona el clima para constatar o no si la alteración se está produciendo y a qué ritmo.
Y la tendencia está más que clara, desde que se tienen registros. En España, la temperatura media anual ha ascendido 1,69 grados centígrados, los veranos se han alargado a costa de la primavera y el otoño, las lluvias se han reducido pero se han vuelto más intensas y torrenciales, las sequías más severas, especialmente en el sur y en el litoral mediterráneo, la temperatura del mar se ha elevado dos o tres veces por encima de la media global y el número de noches tropicales, en las que el termómetro no baja de los 20 grados, se ha incluso cuadruplicado en los últimos 30 años.
Así que sí, el cambio climático, por desgracia, no es un invento de científicos friquis, progres y ecologistas, es una realidad, o al menos, una hipótesis demostrada y validada, no una creencia. Me fío más de la investigación y el trabajo serio de los expertos que de los charlatanes que, sin mucha capacidad de discernimiento, generalizan y elevan lo anecdótico a la categoría de verdad contrastada.
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