No vale todo

19 de febrero 2026 - 03:09

El auge de la derecha es una realidad y no reconocerlo supone una equivocación. Extremadura, y después Aragón, son una consecuencia de este auge. El Partido Popular ha conseguido ganar las elecciones, el Partido Socialista las ha perdido, quedando por debajo de lo conseguido hasta ese momento. Vox ha subido claramente y otros partidos a la izquierda han quedado relegados con pocos votantes o incluso han perdido la presencia en los parlamentos autonómicos. Hay que reconocer que algunas formaciones en el ala a la izquierda del Partido Socialista son de un indiscutible matiz de extrema izquierda y sin embargo son interlocutores de un partido democrático como lo es el Partido Socialista.

Para un elector de base no es fácil entender por qué el Partido Socialista puede y debe hablar con los que están a su izquierda y los populares si negocian con los que están a su derecha son considerados unos extremistas. La mayoría de la gente no lo entiende o bien llega a abrazar este veto porque se les ha hecho comprender que la derecha no es lo mismo que la izquierda; que unos tienen derechos adquiridos y otros no. Quizá sea porque existe un código implícito de que unos son buenos por naturaleza y otros malos por esa misma naturaleza. Y entre unos y otros, entre estos y aquellos, anda la casa sin barrer.

No estaría mal considerar que el derecho al diálogo es imprescindible en toda democracia y que para llegar a conclusiones hay que tener en cuenta las distintas opiniones.

Otra cosa sería llegar a acuerdos con un partido que si bien ha sido reconocido, no ha llegado a condenar la violencia y las muertes que se han cometido durante décadas y permite que un condenado por asesinar pueda salir con permiso carcelario a tomar el sol. Esto es un problema, un problema de conciencia, un problema de blanqueo y no de capitales.

La política es un instrumento para alcanzar el bien común y no para ejercer de forma arbitraria conductas que no conducen a ningún lado y que sólo pueden causar un daño irreparable.

Somos ciudadanos libres y podemos y debemos hablar todos con todos, siempre bajo el techo de la tolerancia y buen entendimiento, pero no hacer que un asesino pueda obtener un tercer grado o similar, por un acuerdo político

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