Diafragma 2.8
Paco Guerrero
De lugares
Felipe González ha alborotado el gallinero socialista. Tanto, que ministros de segunda fila le invitan a irse del partido que hizo mayoritario en los 80 y 90. El expresidente ha dicho que si Pedro Sánchez es candidato en las próximas elecciones votará en blanco. Ha utilizado con desprecio el calificativo puto amo, con el que un ministro de primera fila aduló al actual jefe del PSOE. Patxi López salió al quite de Sánchez: “que dios ataque al puto amo no hay por donde cogerlo”. Aludir a Felipe como dios no es original. Fue una copia de lo que le decían los socialistas franceses al presidente Mitterrand.
González tiene razón al denunciar la ausencia de autocrítica en el PSOE. Es más, otro ministro de segunda fila ha culpado al expresidente Lambán la reciente derrota de los socialistas en Aragón. El deterioro de la marca es atribuida, a partes iguales, a dios y al demonio. Lo cierto es que la crítica interna brilla por su ausencia en el PSOE. Ejemplo paradigmático es su situación en Andalucía, donde ha pasado de la hegemonía a la intrascendencia. Si Juan Manuel Moreno vuelve a ganar por mayoría absoluta, lo que es bien probable, será esencialmente por inasistencia de su antagonista principal. A unos meses de las autonómicas los socialistas no tienen una candidata sobre el terreno, ni programa, ni estrategia. Frente a un adversario con un potentísimo Departamento de Marquetin Presidencial que multiplica eventos, fotos, vídeos y horas de Canal Sur, e intensifica la presión a todos los medios para agigantar la figura del presidente en ejercicio. Desigual batalla.
El PSOE no sólo ha perdido relevancia en la sociedad andaluza, sino que también carece de influencia en el seno de su partido. Aunque, de tradición, su dirección regional cada vez que ha salido a campo abierto a luchar por un candidato nacional ha perdido. Apostaron por Almunia contra Borrell, Bono contra Zapatero, Carmen Chacón contra Rubalcaba y Susana Días contra Sánchez. Cuatro derrotas. Sólo una victoria; cuando Susana, reina del mambo entonces, se empeñó en patrocinar a Sánchez en 2014 para que no saliera secretario general Madina, el favorito de Rubalcaba. En el pecado llevó la penitencia. Ella y el gallinero entero.
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