Cambio de sentido
Carmen Camacho
¡Hey!
Este fin de semana veía en televisión una entrevista a Mark Bray, historiador estadounidense, que ha decidido establecerse en España debido a las amenazas que ha recibido en su país. Minutos después mostraban el segundo asesinato de la policía migratoria (ICE en inglés) en Minnesota, un enfermero que documentaba los excesos de los Sturmabteilung de Trump hacia los migrantes. Me recordó al ensayo del periodista Siegmund Ginzberg, Síndrome 1933, en el que habla de las similitudes actuales con la época del surgimiento del nazismo. Justo después, un resumen del Foro de Davos, donde el mundo basado en reglas firmaba su última puesta en escena y la apetencia imperial hizo gala. Sobre el imperialismo decía el historiador Eric Hobsbawm que “no puede negarse que la presión del capital para conseguir inversiones más productivas, así como la de la producción a la búsqueda de nuevos mercados, contribuyó a impulsar la política de expansión, que incluía la conquista colonial”.
Hoy vemos como Marruecos engulle al Sahara; como los pobres ucranianos perecen en el frente de batalla ante Rusia; como Estados Unidos amenaza con anexionarse Groenlandia; o como Israel desmantela las oficinas de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) en Jerusalén Este y anuncia nuevos asentamientos ilegales en Cisjordania. Curiosamente, esa agencia forma parte del organismo internacional que estableció las bases jurídicas de su existencia como estado en 1949.
¿Ha servido de algo el apaciguamiento con alguno de estos nuevos zares? No. “No se puede razonar con un tigre cuando tienes la cabeza en su boca”, como diría Churchill en la película Darkest Hour. Queda el pensamiento “optimista” de Theodor Meron, superviviente del Holocausto y juez internacional que ha acusado a Netanyahu de crímenes de guerra: “nada en la vida evoluciona de forma lineal; a veces las peores atrocidades pueden producir los cambios más importantes”. Para el futuro espacio de convivencia global hará falta valor, como decía Hannah Arendt: “El valor es indispensable porque en política lo que se juega no es la vida sino el mundo”. Sin olvidar que ex nihilo nihil fit, nada surge de la nada. Todos deberemos poner de nuestra parte.
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